Cómic

'Ken Parker': Todo el Oeste

El mejor cómic de western moderno, obra de Berardi y Milazzo, inicia su edición completa 40 años después

09.09.2017 | 12:12
'Ken Parker': Todo el Oeste

Muy inspirado en la película «Las aventuras de Jeremiah Johnson», protagonizada por Robert Redford, la serie usa el género «como una metáfora para tratar temas que interesaban en Italia: la homosexualidad, las mujeres, las drogas, la pena de muerte, el racismo?» - Hoy, se trata de un clásico con una salud de hierro porque fue inteligente y moderno a mediados de los setenta

Todo el Oeste americano cabe en Ken Parker, la magnífica serie de cómic escrita por Giancarlo Berardi (Génova, 1949) y dibujada por Ivo Milazzo (Tortona, 1947), que se inició hace 40 años y cuya edición se emprende ahora en España como colección completa. Es un western a la vez panorámico e intimista que se lee al galope y se disfruta al ralentí. Es panorámico porque transita la historia estadounidense desde 1868 hasta 1908 y recorre el territorio americano de Alaska a México y San Francisco a Boston. Es intimista porque trata de sentimientos de hombres, mujeres, niños y ancianos, blancos, negros, chinos e indios y del protagonista, un trampero que acaba metido en conflictos sociales urbanos, lee a Marx y tiene un sentido profundo de la justicia y de la ecología.

Ken Parker es el Oeste del día siguiente, el que amaneció después del mediodía dorado de los clásicos de Hollywood (John Ford, Howard Hawks, Raoul Walsh...) sobre la historia de la frontera estadounidense tras la guerra de secesión (1865) y del declinar del sol en el western crepuscular de El hombre que mató a Liberty Valance y las películas de Sam Peckimpah, cuando el tren, la ametralladora, los jueces y el genocidio indígena impusieron la civilización. Parker empieza después de la noche de la revisión histórica de Pequeño gran hombre o Soldado azul y de la autoparodia del spaghetti western, grande en Sergio Leone.

Hoy, Ken Parker es un clásico con una salud de hierro porque fue inteligente y moderno a mediados de los setenta. Aunque el género boqueaba, aún se hacían muchos tebeos del Oeste en Europa, mejores que en EEUU. El asturiano Víctor de la Fuente publicaba Sunday y Amargo; Antonio Hernández Palacios, tras Manos Kelly, un español en el Oeste de colores estridentes, empezaba en Francia McCoy, con guión de Jean-Pierre Gourmelen. Los belgas Greg y Hermann desarrollaban Comanche; el paródico Lucky Luke, de Morris, ganaba altura con el humor de René Goscinny y regresaba Jerry Springs, de Jijé, que inspiró en Francia a Blueberry, de Jean- Michel Charlier y Jean Giraud.

El Estado donde más lejos llegó la frontera del Oeste fue Italia, por el spaghetti western y porque el personaje de cómic más conocido y vendido (aún hoy) es Tex. Creado por Gian Luigi Bonelli y el dibujante Galep, cumple el próximo año los 70. No estaba solo. Había personajes y colecciones exclusivamente dedicados al Oeste con fundamento histórico bien documentado. Los italianos hicieron una industria del café sin ser productores y una cultura del Oeste sin haberlo vivido. Es curioso que, mientras tanto, Estados Unidos contaba la historia de la Mafia en El Padrino. O no tanto. ¿Y si las historias de venganzas familiares, bandidos que se adueñan de un territorio y delitos promovidos por prebostes locales ajenos a la ley les suenan?

Ken Parker nació para ser una historia independiente dentro de la colección Rodeo y la editorial Bonelli vio potencial en las 90 páginas que le presentaron aquel par de veinteañeros universitarios que se pagaron la carrera escribiendo y dibujando tebeos. «En 1974 la única manera de trabajar en Italia era haciendo vaqueros», declaró Berardi en 1988, cuando el tándem acudió al Salón del Cómic Ciudad de Oviedo y se llevó el primero de sus siete premios Haxtur.
No andaban sobrados de experiencia. Berardi había escrito algún guión para la serie Diabolik, el policiaco protagonizado por un ladrón magnético y esquivo que crearon en 1962 las hermanas Angela y Lucianna Giussani. Milazzo dibujó algunas historias de Tío Gilito en la factoría italiana de cómics Disney, uno con guión de Jerry Siegel, cocreador de Superman. O sea, un artista debutante en una industria de autores anónimos y un guionista que vivía de trabajos alimenticios tras haber malvendido el personaje que creó la industria de los cómic-books.

Ivo y Giancarlo se habían conocido cuando estudiaban Bachiller en un instituto de Génova. Milazzo dibujaba bien. Berardi escribía teatro, le gustaba ser actor y cantaba y tocaba la guitarra en Gli Scorpioni, típico conjunto de los sesenta. Se doctoró con una tesis sobre la sociología del relato policiaco. Los 25 primeros años de su vida nadó en la cultura estadounidense, vio todo el cine clásico, leyó a Raymond Chandler y a Dashiell Hammett, disfrutó con la novelas de Howard Fast e hijo de su tiempo, el post sesenta y ocho, su conciencia política de izquierdas supo cuestionar aquella cultura. «He usado el western como una metáfora para tratar temas que interesaban en Italia: la homosexualidad, las mujeres, las drogas, la pena de muerte, el racismo? Ken Parker no hubiera podido ser un cómic estadounidense, aunque sí una película norteamericana».

El punto de partida está muy inspirado por la película de Sydney Pollac, Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972). Parker es un trampero entre indios, cazadores y naturaleza salvaje que progresivamente se va pareciendo más a Robert Redford.

En el inicio, el estilo de Milazzo estaba «sin hacer», pero se consolida rápidamente. Con el mucho trabajo y la tendencia al minimalismo casi se volverá evanescente, tanto en blanco y negro como coloreado con acuarela veloz y delicada.

El guión de Berardi empieza haciendo hincapié en la violencia, pero en seguida la baja y se fija en los secundarios, a los que da una textura de protagonista de paso. Hay episodios en los que el héroe es un introductor de personajes psicológica y emocionalmente ricos mientras la serie va construyendo la biografía de Parker y el mosaico del Oeste.
Pronto fue una serie de culto. Tex rondaba el millón de ejemplares al mes y Ken Parker no superó los cien mil, pero era una buenísima tirada para un producto exquisito hecho con materiales populares. Su influencia fue tal que en las academias para guionistas para indicar que la casa se empieza por los cimientos decían: «Olvida a Berardi». El estilo de Milazzo ha sido alabado y cuestionado. Algunas páginas de Magico vento, en torno al siglo XXI, parecen croquis. A Berardi se le ha oído o leído quejarse del dibujo desdibujado de su antiguo socio.

La vida editorial calamitosa de Ken Parker tuvo en vilo a sus seguidores. La primera serie acabó en 1984 (cuando se editaban sus inicios en España) y hubo un lustro de sequía hasta que los autores fundaron Parker Editore, que reeditó y añadió otras historias en Ken Parker Magazine, que estiró las andanzas de Parker hasta 1998. En esa fecha se separan los autores y la serie se para con Ken Parker en la cárcel.

La pareja, que hizo series memorables como los cuentos del Oeste de Welcome to Springville, las historias cotidianas de Tom´s bar y álbumes como Marvin, el detective, un policiaco en Hollywood, se disolvió entonces. Berardi creó a la estupenda criminóloga Julia, de la que surte 13 números por año. Aleta inició su edición en España. Milazzo entró en otras colecciones de la editorial Bonelli (Tex, Nick Ryder y Magico Vento) y en 2009 pintó un pentecostés en la iglesia de la Resurrección de Rimini. Con la sucesión de nuevas ediciones, en otros formatos y en otras lenguas, los autores se reunieron para dar un fin a la historia del personaje y cancelar la serie en abril de 2015 con el episodio Fin dove arriva il mattino.

Milazzo declaró que así se podría dedicar a sus trabajos independientes, entre los que están una biografía del cantautor Fabrizio de André y la adaptación del último guión de Ettore Scola. Rondando los 70 y por separado siguen siendo dos grandes autores.

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