Crítica

Hacerse el sueco

03.12.2017 | 22:33

Después del ensayo

Compañía: Grey Garden. Autor: Ingmar Bergman en versión de Joaquín Hinojosa. Dirección: Juan José Afonso. Reparto: Emilio Gutiérrez Caba, Chusa Barbero, Rocío Peláez

Después del ensayo nos presentó la versión teatral de la película de Ingmar Bergman en el Teatro Cervantes. La historia es la de un reconocido director teatral que, tras el ensayo de la obra que está preparando, queda solo en la sala y se encuentra con que una de las actrices, con una excusa banal, vuelve para hablar con él. La historia sitúa al personaje principal cuando ya mayor parece que las cosas le afectan de otra manera. Pareciera que el ser más viejo te hace más sabio, por aquello de la experiencia vivida. Tal vez el personaje tenga la perspectiva del tiempo para poder comparar con otras muchas las situaciones que le corresponden vivir, pero también tal vez eso le sirva más para aplicarlo a la dirección teatral, de la que es un maestro reconocido, que para su día a día. Lo cierto es que los bretes a los que se enfrenta pasan por el amor antiguo hacia una actriz que terminó loca y alcohólica y que es precisamente la madre de la joven actriz por la que parece que siente algo parecido. Algo difícil de confesar y más si eres sueco. Los nórdicos parecen tener muchos problemas a la hora de confesar sus problemas. De ahí que querer hacerse el sueco nos lleva a veces a anular en exceso la expresividad exterior en un afán de interpretar el hermetismo. Pero con no querer exteriorizar, en esta función más parece que en muchas ocasiones lo que dicen o callan los personajes les importa poco si no fuera porque viene en el texto y hay que contarlo. Lo de que el director estuvo enamorado o está enamorado no se ve. Y la preocupación de la joven actriz parece más una curiosidad infantil que algo que trascienda. Eso sí: la contención está, y algo que hay que reconocerle a Emilio Gutiérrez Caba, y es que siempre es sincero en su propuesta y absorbe la mirada del espectador como un imán. Sujeción que al menos se ve alterada por Chusa Barbero, que hace un alarde con su breve pero intensa intervención como enajenada. Los claroscuros de la sique, aunque sea la de los suecos, no pueden explicarse sólo en oscuro.

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