Presidente del Alto Tribunal andaluz

«Ningún político llama a un juez para decirle que haga esto o lo otro»

Lorenzo del Río tiene ante sí una tarea titánica: pilotar la implantación de la nueva oficina judicial en Andalucía

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Un instante de la entrevista con Lorenzo del Río. En esta ocasión, en su despacho.
Un instante de la entrevista con Lorenzo del Río. En esta ocasión, en su despacho.  Gregorio Torres

José Antonio Sau. granada ­­Lorenzo del Río, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), sabe controlar sus emociones. De eso no hay duda. Prudencia y contundencia conviven, a partes iguales, en un hablar pausado y reflexivo, poco amigo de las estridencias y las frases efectistas. No hay pirotecnia en su verbo, pero sí deja entrever un profundo conocimiento de lo que tiene entre manos, de la reforma de la oficina judicial que ha de venir y no llega; de los casos de corrupción a los que sus colegas han de hacer frente con pocos medios y muchas ganas y de las presiones veladas, «indirectas», dice, que los políticos ejercen, a través de los medios, sobre los togados. De todo eso sabe, pero para la entrevista con La Opinión de Málaga, a la que recibe en el bello edificio renacentista que acoge la sede del Alto Tribunal andaluz, la Real Chancillería, parece haberse investido de mesura.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) expresó la semana pasada su preocupación por el hecho de que este año no se haya creado ningún juzgado...

Es un tema que preocupa. Siempre uno espera que a este nivel, en este momento, ya supiéramos cuáles serían las unidades judiciales para este año. El problema es, parece, presupuestario. Hacienda no ha establecido esas unidades judiciales y eso ralentiza los posibles refuerzos que se puedan hacer o saber un poco las posibilidades que tenemos de actuar en unos sitios o en otros. Lo que sí he transmitido es la importancia de que si no se crean juzgados por lo menos órganos colegiados sí. Andalucía tiene un déficit de 125 jueces.

La aplicación de la reforma de la oficina judicial ha sido un desastre en algunas ciudades piloto. Aumenta la pendencia y hay juntas generales de jueces que piden su retirada. ¿Habría que rediseñar una revolución que ni siquiera ha empezado?

Habría que replantearse la forma de implantación del nuevo modelo. Sobre todo hasta que no contemos con nuevas tecnologías perfectamente en todos los órganos judiciales. Por ejemplo, mientras no tengamos el expediente digital, mientras no exista la notificación electrónica, el Lexnet... el trasiego que hay de papel de una oficina a otra, que antes no se hacía, está produciendo unos efectos negativos y de dilación. Lo que hay que plantear es la forma, que es lo que se ha comentado en la comisión mixta, vistas las referencias que tenemos del resto del territorio. Implantar total y absolutamente toda la oficina judicial: los servicios comunes generales, los servicios de ordenación del procedimiento, las UPAD, eso plantea un problema enorme, aparte de que despersonaliza la Justicia y con eso hay que tener cuidado, porque el juez ya pierde cualquier referencia. La propuesta que se ha hecho es que se haga por secuencias. Por ejemplo, lo ideal sería hacer ahora la implantación de los servicios comunes generales, como los de ejecutorias. Y luego valorar la dimensión de la Unidad de Apoyo Directo (a los magistrados) y, en su caso, si son necesarios en todas las jurisdicciones los servicios de ordenación del procedimiento, que es lo que yo creo.

Cuando hablo con un juez siempre se habla de falta de medios pero suelo escuchar poca autocrítica...
Estoy de acuerdo, porque además lo he dicho. Creo que hay déficits estructurales, déficits funcionales, pero esos déficits no nos deben dejar perder la propia autocrítica y la exigencia interna. En todo este momento que estamos viviendo tan convulsivo hay que partir de la base de que hay unos déficits pero éstos no nos deben relajar ni tampoco ampararnos en los mismos para no estar más atento con el ciudadano, para que no nos importe adelantar por ejemplo un procedimiento si se puede, que no se quede alargado en el tiempo. Creo que la sensibilidad judicial es muy importante.

¿Qué piensa cuando escucha que más de la mitad de los españoles prefiere arreglar un problema por su cuenta antes que ir al juzgado?
En cierto modo es triste. No podemos negar la realidad que tenemos: la Justicia es lenta, muchas veces poco eficaz, y se dilata en el tiempo, y muchas veces es el propio ciudadano quien debe resolver sus intereses. Lo ideal es que el ciudadano no tuviera esa necesidad ni esa sensación, sino que la Justicia le diera la solución en el momento razonable, sin acudir a otro lugar. Pero hay aspectos en el procedimiento o de asuntos que podrían planteárselos sin que los jueces intervengamos. Las dos facetas son correctas: que el ciudadano medie, pero también que intervenga la Justicia. Es penoso que los ciudadanos se vean obligados a solucionarlos porque la Justicia no se los resuelve en un tiempo razonable.

¿Cómo se lleva con la Junta en estos tiempos de carestía económica?

Yo creo que las instituciones y más en momentos de crisis y penuria estamos obligadas a entendernos, a hablar. Soy exigente con ellos, ellos lo saben. Tienen que entender que cuando el Poder Judicial no tiene capacidad ninguna de gestión ni económica, que es lo que está ahora en discusión, y el propio consejo se lo ha planteado, si no deberíamos cambiar un poco el rumbo... y el depender para funcionarios, para refuerzos, para edificios... tienen que entender que la misión de la Sala de Gobierno debe ser de exigencia...

A Málaga se la conoce ya como la pequeña Audiencia Nacional por los macrojuicios. ¿No cree que un proceso no puede durar 15 meses?
Hombre sería lo ideal, que buscáramos fórmulas bien acelerando mañana y tarde, para que el juicio no durara tanto tiempo. Es un sentimiento que puede tener cualquiera. En unos se puede hacer, en otros hay más dificultades. Hay que compatibilizar a todas las personas que deben acudir. Como regla, debemos intentar que los juicios se celebren en menos tiempo. Pero mucho depende del número de procesados y otras son decisiones muy personales de quien compone la sala. Creo que, como actitud, intentaría que durara lo menos posible, acelerar las sesiones, sobre todo por uno mismo.

No obstante, me reconocerá que ha sido un éxito sólo echar a andar Malaya...
Como se suele decir, chapó para la Audiencia de Málaga, ya que se han ido celebrando los juicios, se han terminado dos, se está celebrando uno y empezarán en septiembre u octubre varios más. Ha habido una actitud de responsabilidad, de trabajo, se han engranado perfectamente la prensa, la policía, todo, ha sido un ejemplo a seguir en el resto de sitios a la hora de articular estos juicios.

¿Comprende las críticas que inciden en que en este tipo de procesos se olvidan los derechos constitucionales de los procesados? Por ejemplo, en la forma en la que se practica la detención de un sospechoso...
Habría que ir al caso concreto. En algún caso serán patologías, la exhibición pública no es correcta en muchos casos, porque yo creo que hay que darle un sosiego tanto a la instrucción como al juicio. Pero esto exige una especie de autorregulación, de contención, de quienes muchas veces están utilizando ese tema, porque muchas veces los jueces padecemos por así decirlo esa publicidad excesiva, ese juicio paralelo.

¿Qué piensa cuando se califica a un juez de estrella?
Muchas veces porque se ha creado esa frase desde fuera. El juez intenta hacer su trabajo y salir lo menos posible en los medios de comunicación, por tanto no es una estrella, se convierte en algo mediático, pero muchas veces a costa suya y sin ningún interés en estar en un protagonismo permanente. Ellos evitan ese protagonismo.

¿Se está dando una respuesta adecuada a la corrupción en Andalucía?
Los jueces se están convirtiendo en investigadores de aquellas cosas que les llegan, hacemos todo lo que llega al ámbito judicial, se investiga. Ahora, que pueda haber más corrupción o menos, si no accede al proceso, no es por culpa de los jueces. De lo que llega al proceso, y eso lo estamos viendo en todos los juzgados, existe una investigación seria y totalmente independiente. La batalla la damos dentro de las posibilidades que tiene la Justicia, que normalmente actúa porque tiene una denuncia de parte o porque la policía ha investigado y, por tanto, es la que está investigando y te trae al proceso lo que sea. Cuando se actúa se hace de forma coherente y con arreglo a la ley.

¿Esa respuesta está sirviendo para ir ganándole terreno a la corrupción?
Mi reflexión siempre está relacionada un poco con la respuesta del tiempo. Yo creo que todos estos temas de corrupción que se están investigando si fuéramos capaces de instruirlos más rápidos y enjuiciarlos mucho más rápido, yo creo que la respuesta, al mismo tiempo, hombre, a nivel de prevención general y especial sería mejor. Siempre lo he dicho: es como el ejemplo de los niños. Si tú cuando un niño hace algo mal le reprendes en ese momento, la comprensión de que ha hecho algo mal es mejor que si se hace mucho después. Porque se diluye.
Se ha pasado de la corrupción urbanística a la política, como decía recientemente el fiscal superior de Andalucía.

¿Cómo convive un juez, y me acuerdo de Mercedes Alaya, la instructora del caso de los ERES, con las inevitables presiones del poder político? ¿Existen o no?
Presiones directas no.

Y tengo presente siempre a la juez Alaya...

No, porque las conoceríamos inmediatamente. No hay ningún político que llame al juez directamente para que haga esto o lo otro. Indirectamente uno puede ver esa presión que se forma alrededor por todas las opiniones que se van dando en un sentido un otro en la prensa. Y ahí sí quizás existe un exceso mediático, porque muchas veces se están utilizando los procesos en un sentido o en otro, pero... ésa es la labor nuestra. Ya sabemos cuando un juez tiene entre sus manos un proceso complicado con una cierta proyección pública por los propias personas que investigan o los intereses en juego, ya sabe ese juez que eso hoy día, en una sociedad de la información, va a estar permanentemente en prensa. Tiene que abstraerse de eso e introducirse en el procedimiento para buscar la mejor actuación de la ley.

¿Comparte la reflexión que hace hincapié en que la Justicia llegó tarde a Marbella?
Es una frase que se ha dicho, la Justicia es lenta, está llegando tarde, no tiene que ser una reflexión para Marbella. Muchas veces tenemos conocimiento tarde de las cosas o duran demasiado los procedimientos, con lo cual la respuesta es tardía. Y cuando la respuesta es tardía se da sensación de cierta ineficacia.

¿Se está llegando tarde para atajar otras formas de corrupción?
El juez normalmente, aunque puede actuar de oficio, siempre actúa a instancias del fiscal o de la policía. Tenemos un ejemplo en prensa, contra un político famoso, Strauss-Kahn, ahora a los ocho años se le denuncia. Aquí puede pasar lo mismo. Si los canales de acceso judicial se han dilatado en el tiempo, ahí la Justicia llega cuando se le ha sometido el tema a su conocimiento. A lo mejor lo que ha fallado son unos filtros anteriores para que se eso se conociera antes en el tiempo, y, por tanto, en su caso, si hay derivación judicial, que también la Justicia hubiera actuado antes.


«Los magistrados no podemos pagar nuestras frustraciones con el ciudadano»


¿Cómo está el tema de los aparcamientos de la Ciudad de la Justicia?

Se llegó a una solución razonable y que se asumió en la comisión mixta. Hubo una solución de consenso. No podía haber plazas para todas las personas porque no había capacidad en el interior del edificio, y se entendía razonable partir de una serie de premisas. Esa solución es la correcta y es la que debería implantarse.

Pero la Asociación Profesional de la Magistratura (APM) mantiene el recurso en el Supremo. Quiere todas las plazas del parking, y no sólo las 67 (de 165) que se han cedido a los jueces...
Puedo dar mi opinión personal, pero no hablaré sobre el recurso: como los edificios no pueden tener capacidad para todos los que trabajan, hay que priorizar las funciones, y en esa priorización creo que los jueces deben tener una preferencia, sin perjuicio de que sea receptivo con el resto de funcionarios.

El expresidente de la Audiencia se quejó del estado de los edificios judiciales de Marbella y Fuengirola...
Tenemos costosos alquileres, dispersión en los edificios, y eso a lo mejor en ámbitos distintos de la vida se intenta que no sea así. Sabemos que esos dos sitios tienen tres sedes, por ejemplo, en Marbella, sabemos que la centralización y evitar alquileres debe ser la regla de oro.

Pasó el desgraciado asunto de Mari Luz, pasaron dos huelgas de magistrados, etcétera... ¿cómo está de ánimos la judicatura? ¿Sirvieron de algo esos paros históricos?
Cuando menos para expresar una opinión, un estado de una situación fáctica de hechos de una excesiva dejadez, una cierta lentitud en reformas legislativas, de medios, etcétera... Fue un aldabonazo de conciencia de que la Justicia se estaba quedando rezagada en las reformas. Era necesario un impulso político permanente, legislativo y de medios. A nosotros nos gustaría que esa política fuera sostenida. Los jueces ven todavía lentitud en esas reformas, en esos cambios, en esos edificios, en esa oficina judicial, Ese estado de ánimo está ahí latente y yo no lo puedo negar. La gente está poniendo buena voluntad, hay un esfuerzo de los jueces. Se trabaja, se hace un gran esfuerzo, pero a los jueces cuanto antes les gustaría contar con mejores edificios, con más medios, con leyes procesales mejores, sobre todo en el ámbito penal, hay un cierto estado de frustración y desánimo, pero yo creo que eso no repercute ni debe repercutir en el trabajo de los jueces, porque si no quien paga el pato es el ciudadano. No debemos olvidar nunca que la referencia es el ciudadano y no podemos pagar nuestras frustraciones con el ciudadano.

Por cierto, tiene algún favorito para presidir la Audiencia Provincial de Málaga...
Sabía que me lo iba a preguntar (risas). Vamos a esperar. Mi favorito será el que nombre el consejo. El que salga tendrá mi apoyo, porque yo en Málaga necesito un gran presidente de Audiencia.

¿Qué reflexión haría de Malaya?
Esa reflexión habría que hacerla cuando termine el juicio, cuando veamos el proceso, la sentencia, haremos valoraciones sobre lo que ha durado, sobre cómo ha sido la investigación, si el resultado ha ido en conexión con lo que se ha ido investigando. ¿Este resultado ha compensado todo este coste de tiempo, de personal? ¿Cómo ha sido la investigación? ¿El tiempo es razonable?


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