Volviendo la mirada

Un país en parálisis

La política ha entrado en una fase de teatralización, en la que todos sus actores albergan el miedo de acabar señalados por su incapacidad de llegar a acuerdos

10.04.2016 | 01:51
Los equipos negociadores de PSOE, Podemos e Ciudadanos en un último intento de llegar a un acuerdo para evitar la repetición de elecciones.

En la imaginación de Pedro Sánchez todavía es posible llegar a un acuerdo para formar un Gobierno. Quizá, a estas alturas, ya sea el único que sigue alimentando el sueño de unificar dos partidos que se anuncian como antagónicos, y que tampoco lo disimulan. Ahí está cada desencuentro escenificado en un Congreso que emite los primeros síntomas de indiferencia ante lo que está pasando. Uno de los grandes interrogantes aparejados a la teatralización a la que está asistiendo el ciudadano en estos momentos, es saber realmente en razón de qué concepto están recibiendo sus señorías la nómina a final de mes. Por más que intenten demostrar lo contrario, su actividad plenaria se reduce ahora mismo al mero concepto de la apariencia. Cuántas comisiones y cuánto dinero y tiempo dilapidado para hacer como si uno estuviera trabajando. Contó uno de los empresarios más reconocidos de España, Santiago Lucas, en una entrevista a este periódico, que el éxito sólo llega cuando se tiene un objetivo claro. Pocas cosas alimentan entonces, en estos momentos, la ineficacia, como ocupar un escaño en el Congreso de los Diputados.

Cuando lograr un consenso entre Podemos y Ciudadanos está más lejos que nunca, si es que alguna vez ha estado de otra manera, todo apunta irremediablemente a la primera repetición de elecciones en la historia reciente de España. Una interpretación que está llegando también a la provincia de Málaga, donde los diferentes partidos, aunque todavía temerosos de enunciar movimientos que pudieran resultar perjudiciales para sus intereses, ante un giro inesperado de los acontecimientos, ya están engrasando la maquinaria electoral. Una preparación que ahora mismo se está llevando a cabo de manera interna, ya que en estos momentos los partidos aún se debaten sobre cómo llenar el tiempo restante hasta la disolución oficiosa del Congreso. La última reunión entre PSOE, Ciudadanos y Podemos recordó a un juego de trileros para ver quién evitaba quedar marcado con el estigma de ser el culpable de una manifiesta incapacidad para llegar a un acuerdo.

Encuesta para Málaga. Cuando ningún partido se atreve a predecir cómo va a reaccionar el electorado, después de transmitirle que su primer voto ha servido para poco, han llegado a Málaga las primeras encuestas para testar la fidelidad del votante. Aunque con leves amagos, el sondeo para Málaga arroja unos resultados que presentan pocas disimilitudes en cuanto a la obtención de escaños. Esta especie de preludio no amenaza con desfigurar el mapa político que se dibujó el pasado 20 de diciembre, y que augura la posibilidad de devolverlo todo a su punto de partida, confirmando así que la irrupción de los nuevos partidos ha convertido la política en España en algo infinitamente más complejo de lo que lo fue hace cuatro años. En la provincia, el PP ganaría de nuevo. La mínima fuga de votos que apunta la encuesta de Metroscopia no se traduciría en una pérdida de diputados. El PSOE, a pesar de todos los esfuerzos de su líder por estirar el chicle de la negociación, perdería también en votos. Aunque, al igual que el PP, seguiría con sus tres escaños. El mayor perjudicado sería Podemos, que perdería un escaño que pasaría a manos de IU-Unidad Popular. Se confirmarían de esta manera los temores del diputado morado por Málaga, Alberto Montero, alineado en la concepción de Podemos como una especie de locomotora electoral que se resintió el día en que Pablo Iglesias decidió recordar a Felipe González e involucrarlo en la guerra de los GAL contra ETA. La encuesta da la razón a los que piensan que sólo sirvió para incrementar la desconfianza entre el votante del PSOE, que había decidido prestar su voto a Podemos en busca de una formación con la que sentirse identificado de nuevo.

Apoyo a Mariano Rajoy. Aunque en el PP todavía dicen aspirar a la gran coalición con el PSOE, el partido de Mariano Rajoy sería, a priori, el más beneficiado de unas nuevas elecciones. No ya por su posibilidad de subir en votos, sino por el mero hecho de encontrarse ahora mismo fuera de juego. A pesar de haber sido el partido más votado en las últimas elecciones, la ronda de negociaciones han demostrado que, incluso, se han dinamitado los puentes con Ciudadanos, a priori, su aliado natural.
En Málaga no hay duda sobre la figura de Mariano Rajoy. Fuentes del partido consultadas afirman que, al contrario de lo que ha pasado en otras provincias, con voces aisladas pidiendo un paso atrás a Rajoy, nunca se ha cuestionado de que debe volver a ser de nuevo el candidato. El propio Elías Bendodo, siempre que ha sido cuestionado por este asunto, ha señalado a Rajoy como un líder firme. Su tesis expuesta apunta al PP como único partido que mantiene una cohesión interna, frente a la división del resto de las fuerzas políticas.

A la espera de Díaz. En el PSOE de Málaga, todo lo contrario, Pedro Sánchez tan sólo cuenta con el apoyo hasta que lo diga Susana Díaz. Si la actual presidenta del Gobierno andaluz, única candidata con capacidad para disputarle la secretaría general a Sánchez, decidiera dar el paso y presentarse al Congreso Federal, podría contar con el respaldo de Málaga para un hipotético cambio en el liderazgo del partido. Tanto Francisco Conejo como Miguel Ángel Heredia permanecen callados y a la espera de acontecimientos, siendo la situación del actual secretario general de los socialistas en Málaga aún más delicada, ya que también los es del grupo socialista en el Congreso. La cuestión, en este caso, estaría en dilucidar si Díaz cuenta con el mismo apoyo de las bases en otras partes del país. Nada hace indicar que el peso que mantiene en Andalucía se asemeje en algo al que pueda tener, por ejemplo, entre los socialistas extremeños.
Queda un nuevo tiempo por ver.

Una cosa u otra

Finalmente, ha sido el propio Congreso de los Diputados quien le ha comunicado al diputado del PP y cabeza de lista por Málaga, José María García Urbano, que debe de elegir entre mantener su cargo como diputado o si quiere seguir ejerciendo como registrador de la propiedad. García Urbano, siempre reacio a abandonar su actividad privada, puede colocar ahora al PP en una tesitura complicada si se tiene en cuenta que fue él quien relevó a Celia Villalobos como número uno en Málaga. El presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, principal abanderado de la tesis de «una persona, un cargo» tiene que manejar ahora una situación que ya ha sido utilizado por el PSOE para atacar al líder popular. 

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