Cartas al director

22.01.2014 | 05:00

DIVINO TESORO
Sí, sin duda me refiero a la juventud, la que todos hemos tenido y que otros tendrán cuando su niñez se lo permita si sobreviven a ella, porque esta es la cuestión, de si el medio que habiten les permitirá su normal desenvolvimiento cultural. Es cuando tenemos la enérgica suficiente, y las nuevas neuronas teóricas y carentes de experiencia para afrontar cuanto se nos ponga por delante, pues no conocemos los peligros existentes y vamos sin miedo hacia lo desconocido, por difícil e incierto que éste sea. De ahí podemos deducir el por qué se prefiere a los jóvenes en el mercado laboral, que curiosamente es dirigido por personas de edad, mayormente hombres, que ya han pasado dicha fase y ahora la explotan en beneficio propio. Si contratasen a personal de su edad y experiencia, se verían en la dificultad de tener que justificar su comportamiento autoritario y nada democrático, para llevar a cabo sus objetivos de desarrollo empresarial, y sería entonces cuando no tendrían argumentos de defensa ni comprensión para justificar sus actuaciones profesionales. Con la política, el ejército o la religión sucede lo mismo, y así el militante, soldado o cura joven e inexperto es un afiliado, recluta o novicio al que se le puede domesticar y enviarle a pegar carteles y llenar mítines, o a morir, y el nuevo sacerdote destinado a un pueblo de un país apartado de la civilización, mientras «los que mandan» lo miran desde lejos y a salvo del peligro ya conocido de antemano. Ello concluye con la ya conocida frase de «la explotación del hombre por el hombre», «sálvese quien pueda», o «a río revuelto, ganancia de pescadores», que luego, los que quedemos, mandaremos a los indefensos nuevos militantes, reclutas o curas, que nos permitirán vivir de su resignado sacrificio, porque hay que tener fe en la raza humana.
Lluís Vinuesa Serrate
Málaga

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