Cartas al director

27.01.2014 | 01:09

Alcaldes descontentos

Hay centenares de concejales de los ayuntamientos de la Serranía de Ronda que trabajan como se dice por el lugar «por el amor al arte», o sea, que al final de mes no hay soldada ni gratificación alguna por su empeño en que los problemas del pueblo se solucionen en provecho de la vecindad. Para este menester de trabajar sin cobrar se requiere ánimo  y vocación ya que no pocas veces además de la ausencia de remuneración no se obtienen sino disgustos y ojerizas de convecinos airados cuando las cosas no transcurren según los  deseos de éstos. Así que no son pocos los que hacen suyo el dicho popular de que «para poca salud, ninguna», y ponen pies en polvorosa de las estancias municipales, dejando distancia de por medio.

Los alcaldes son otro cantar; pero asimismo los de los pueblos de escasa población se mueven sobre el filo de la navaja, ya que se contempla rebajar sus retribuciones en el caso de que éstas no desaparezcan del todo. La Ley de Racionalidad y Sostenibilidad de la Administración Local está levantado ampollas en los cariacontecidos regidores de la comarca de Ronda que ejercen funciones en circunscripciones municipales que no llegan a los 1000 habitantes.

¿Cuántos gana los más de 8.000 alcaldes y concejales electos de España?  Es una pregunta a la que el Gobierno central busca respuesta, después de recular de su intención primera de eliminar los sueldos a los ediles, y fijar posteriormente el Ministerio de Hacienda en la reforma de la Administración Local. que vio la luz semanas atrás, una pequeña remuneración a los 2.000 alcaldes de poblaciones con menos de un millar de lugareños. Montoro maniobró para que así suceda. 

Sólo media docena de poblaciones de la Serranía de Ronda se sitúan por encima del índice de población fijado: Arriate, Cortes de la Frontera, Montejaque, Benaoján, Gaucín y Cuevas del Becerro, además de la ciudad del Tajo. El resto de los pueblos, que son los más, en boca de sus respectivos alcaldes, muestran su descontento, de manera que no les parece razonable que las retribuciones económicas tiendan a la baja cuando el cargo ocupado y la dedicación a la población les exige el mismo tiempo y trabajo que puedan emplearse en otras circunscripciones municipales más populosas.

Aplicar a rajatabla una disposición que venga a disminuir o eliminar las retribuciones, argumentan los regidores   casi por unanimidad, puede engendrar una situación adversa y que cae por su propio peso: nadie aspirará a presentarse para ejercer la gestión, con la seguridad de que se buscará otros ocupaciones mejor remunerados.

A no ser que prime la vocación o una inclinación decidida a servir a su pueblo, abrazando una frase que dejó un alcalde serrano ya hace años y que pide mármol para ser esculpida: «Nada hay más valioso que un despacho municipal en la plaza de su aldea, en tal cosa se transforma este espacio con la consulta de un vecino a su regidor».
José Becerra. Málaga

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