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De la UE a los EUE

11.08.2015 | 05:00

¿Y ahora qué? Pasado el tsunami griego (al menos, la última ola, porque los problemas con Grecia y su encaje en la Unión Europea se remontan a 2009 y no parece previsible que acaben ahora), es la pregunta que surge. ¿Nos quedamos igual, a esperar la siguiente crisis de la endeudada Grecia con los vecinos acreedores?, ¿desmontamos el euro?, ¿construimos un nuevo relato europeo?

Esta última opción puede ser la mejor lección que nos deje la crisis griega: la necesaria reinvención de un proyecto para evitar que los problemas de liquidez de uno de los estados miembros haga tambalear sus cimientos. Casi es una mera cuestión de coherencia e higiene mental, porque los problemas han hecho más visible la incomprensible situación según la cual nos hemos dotado de una moneda única y un Banco Central Europeo que marca las grandes líneas económicas sin un sistema político detrás que los sustente. Porque el que hay, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, son grandes y costosos buques vacíos de contenido real, una bonita entelequia llena de grandes palabras sin efectos reales.

Ahora que el proyecto zozobra, conviene volver la vista a los orígenes, al famoso discurso de Winston Churchill en 1946, en el que alentó unos futuros Estados Unidos de Europa (EUE). Hoy, en 2015, un proyecto confederal serio y potente puede devolver la ilusión de los ciudadanos a una unión que hoy se ve más como un conjunto de países acreedores frente a otro de deudores. Norte y Sur. Alemania y los antes llamados «PIGS», grupo siempre en riesgo de alterar la tranquilidad de los parqués europeos.

Los EUE son además posiblemente la única forma de ser alguien de los europeos en el nuevo mundo global. Dicen estudios del Instituto Elcano que ni siquiera Alemania será una de las grandes economías del mundo en 2050. Evidentemente, no lo será tampoco ningún otro viejo país europeo (y lo de viejo no es un adjetivo gratuito). Sin embargo, los mismos estudios afirman que la presencia global de unos hipotéticos EUE sería algo superior a la de EE UU por su potencia tecnológica, cultural y turística, entre otras.

En las manos de los actuales gobernantes (y los que vengan) está hacer realidad el sueño de los Estados Unidos de Europa que Churchill vislumbró en 1946 o dejar caer el peso oscuro de la Historia sobre «este turbulento y poderoso continente».

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