Pasando la cadena

De Mourinho a Del Bosque

16.10.2015 | 02:30

Es tan difícil establecer comparaciones entre profesionales futboleros como entre personas corrientes. Todos llevamos en la mochila circunstancias tan distintas que nos harían irreconocibles en las experiencias de otro y, por lo tanto, en su trayectoria vital y profesional, que junto a la formación, el carácter y la personalidad que al final conforman, pueden explicar los éxitos y fracasos ocasionales. Sin olvidar, como diría mi desde hace sesenta años amigo Tato, la suerte. Ese azar que se busca en la lucha tesonera e inteligente diaria, y también en su lotería: andar el camino durmiendo lo justo. Luego hay tipos con suerte y otros que parecen gafados, pero siendo necesaria tal fortuna, no es suficiente.

Napoleón, además de buscar en su mujer el secreto de cualquier hombre relevante, indagaba si sus oficiales eran hombres de suerte antes de ascenderlos. Experiencia, valía e intuición no le faltaban al militar y emperador francés, aunque, como a tantos, al final le perdieron la ambición y la soberbia. Y es que, hay quien tiene la voluntad y la sabiduría de levantarse después de uno o varios fracasos, y, por el contrario, todos conocemos a gente que no se recupera nunca de un éxito, y sigue entontecido hasta que la vida les da una lección de humildad. Los más señalados dentro de esta categoría mesiánica, jamás se recuperan de su cadena de éxitos y terminan en el hoyo.

Desde esas premisas, vayamos a las figuras que originan estas líneas. Mourinho lleva en el candelero desde el año 2000, con el Benfica, hasta ahora, que anda empantanado en el Chelsea. Ganó dos Ligas con el Oporto, dos Premier con el Chelsea en su primera etapa, dos Serie A con el Inter y una Liga con el Real Madrid. A ello hay que sumarle como títulos más relevantes dos Champions: Oporto e Inter y una Europa League con el club portuario portugués, aparte de ser nombrado tres veces como mejor técnico del mundo. Un palmarés al alcance de pocos entrenadores: diez títulos en 15 años. Como jugador fue mediano en la mediocridad.

Del Bosque, por el contrario, estuvo 13 años en la primera plantilla del Real, jugando más de trescientos partidos y fue dieciocho veces internacional, con un Mundial. En esa época ganó cinco Ligas. De entrenador, se curtió en la cantera madridista hasta que en 1999 le dieron la alternativa en el primer equipo. En cuatro años ganó dos Ligas y dos Champions. Relevó en el 2008 al inolvidable Sabio de Hortaleza en la selección española, y con ella ha sido campeón de Europa y del Mundo. Individualmente, ha sido nombrado dos veces mejor entrenador del mundo y cuatro mejor seleccionador mundial. Otro palmarés deportivo –nueve títulos y dos titulazos en 11 años– difícil de alcanzar, por no decir imposible.

Es decir, que como profesionales, y con la decisiva fortuna de haber entrenado a grandes equipos, estarían los dos en el podio de los diez mejores de la historia, sin establecer diferencias notables, salvo que el portugués ha sido más errante y solo en clubes, con el valor añadido de triunfar en tres ligas importantes, y el español ha sido de un solo club y de nuestra selección, con el galardón de ser el mejor equipo del siglo XX, el Real, y la mejor del mundo en el último decenio: España.

Ahora bien, si vamos a los valores personales que traslucen como personajes públicos, las diferencias son abismales. Hablando en callejero, Mourinho es un bocazas maleducado y Del Bosque un señor. El luso, además de metededos, metepatas y desatado saltarín, es tan lenguaraz en sus desvaríos con la sin hueso que resulta imposible sintetizarlos: desde despreciar a un periodista español calificándole de «mierda en su profesión», proclamándose él como top en la suya, hasta retar a su último equipo pontificando que si lo despiden echarían al mejor técnico que pueden tener. Del Bosque, al contrario, como recomendaba Kipling en «If»; es hombre en la victoria y en la derrota. Sobran comentarios.

Por eso, el ensoberbecido «special one», Xosé, es como Atila: por donde pasa no crece la hierba –deja plantillas, y hasta aficiones, rotas: Oporto, Chelsea, Inter y Madrid–, y don Vicente genera equipos para el triunfo. Lo hizo en el Madrid y lo hará con España, como Luis Aragonés, salvando su enorme distancia: el Sabio valiente creó estilo y escuela. Como otros en diferentes momentos: Zagallo, Michels, Cruyff, Sacci, Guardiola..., o Bernabéu de presidente.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine