Mal de ojos

Noche de ánimas

01.11.2015 | 05:00

No es que me vuelva loca como Belén Esteban escuchando a su primer novio. No es que esté todo el rato dándole a la neurona como Fátima Báñez «para sacar a España de la crisis», que otros crearon, rica, que otros crearon, dice desde el otro mundo Mariloli de Cospedal moviendo sus manitas así, en paralelo, de arriba abajo y de abajo arriba, como una muñeca articulada, enseñando sus dientecillos de ratita y su sonrisilla de creernos gilipollas, usted ya me entiende, en fin, no es que esté todo el rato fuera de mí como Mariano Rajoy, mi querido presidente, lo está buscando como un sabueso algo o alguien para debatir –los debates son mi medio natural, dijo a principio de semana en La Moncloa a modo de despedida, y prometo que es así o me infligiré el horrendo castigo de ver dos o tres capítulos de Gym Toni sin diazepam ni hostias, a palo seco, como si no hubiera más dios que sus guionistas y más profeta que Paolo Vasile–. ¿El debate es el medio natural del hombre plasmado? ¿El tío que responde «joder, es increíble» a las preguntas de la prensa es el mismo que asegura que su medio natural es el debate, es decir, la confrontación verbal, el intercambio de ideas, el escuchar al otro por muy lejos que esté de tu opinión? Venga ya, se contesta el propio Rajoy dejando una coletilla en el aire «¿y la europea?». En resumen, no es que esté noche y día liado al fantasma de esta semana, el fantasma de imaginarme a Íker Jiménez mirándose al espejo dando un respingo al verse antes de retorcerse de la risa diciéndose «pero qué cojones tienes, cabrón, pero qué tío más listo, mira que sueltas gilipolleces cada domingo y nada, ahí sigues, con tus misterios y tus trolas». No estoy noche y día pensando en eso, pero tiene su aquél, y de vez en cuando lo pienso. ¿Qué pensará Íker Jiménez del tío que sale en la tele y cuenta historias de misterio misterioso llamado Íker Jiménez?

Refugiados misteriosos

Decía el domingo pasado en una de sus reflexiones, rodeado de legajos, papiros, libros, papeles y notas de sabio, en un escenario de sapiencia, tan alejado de las patas sobre las que descansa su negocio en Cuatro, ese Cuarto Milenio hilarante, que hoy en día nada dura nada, y lleva razón, la prueba está en su propio teatro, un misterio se carga al de la semana pasada, una superchería sustituye a la anterior, una mamandurria limpia la última patochada. Pero a veces te da la risa. El equipo de Cuarto Milenio es capaz de sacarle punta a una viga de hormigón. Los hermanos David y José Manuel Muñoz, los de Estopa, pasaron por el plató del programa para presentar su videoclip. El vídeo es una cagada. Al final, montados en una lavadora, literal, son lanzados al espacio como si viajaran en una nave espacial. La carcajada que solté fue paranormal. También hablaron de que en alguna ocasión han visto un fantasma. Me vale, dijo Íker, que vengan y lo cuenten. Y lo contaron, hecho que para el humorista de las tinieblas fue una historia increíble, maravillosa, y que convierte a sus protagonistas en valientes por decirlo. Este tío defiende su negocio como una leona. ¿Pueden ser los refugiados sirios objeto de la voraz nave del misterio? Pueden. Pasan un reportaje con imágenes de sirios atravesando países, imágenes conocidas porque las vemos en informativos y programas. ¿Cómo las cuenta el narrador de Cuarto Milenio? Con voz impostada, grave, oscura, como si nos contara una de sus truculentas historias. Después, el debate. Empieza Jaime Garrido, un arquitecto con asiento fijo en el cuadro de colaboradores, que habla de la capital Siria como Dramasco. ¿Qué me dicen? Drama y asco, corre a explicar su hallazgo por si no lo hubiéramos entendido. Luego habla Eric Frattini, que desempolva la «hipocresía de los occidentales». ¿Y? ¿Dónde está el misterio? No lo hay, pero ellos lo analizan todo desde su cedazo fantasmagórico, paranormal, oculto, misterioso. Si alguna vez se han subido a esta nave tronchante, no se pierdan a su señora, a la de Íker, a Carmen Porter. Tal para cual. Sólo un necio puede despreciar eso –sus visiones, su rollo, sus trolas–, dice solemne Íker Jiménez.

Ken y Rajoy

Esta misma semana estrenaba La Sexta Luces rojas, la película de Rodrigo Cortés en la que Robert De Niro hace de vidente. Pero un joven investigador, descreído como los necios de Íker, descubre los engaños del adorado cantamañanas que a pesar de hacerse el ciego para acentuar sus poderes adivinatorios, coge al vuelo la moneda que el joven le lanza en mitad de un espectáculo. La gente, atónita, descubre la farsa. Pues eso, Íker, pues eso. Yo que él sacaría punta a la nave del misterio con hechos útiles del tipo ¿por qué Justin Bieber acude el miércoles al programa de radio de Dani Mateo, a los ocho minutos de entrevista dice que va al baño, se levanta del asiento, y no vuelve nunca más? Desaparece, Íker, desaparece, coño, di algo, pon a tu equipo a tope, estimúlalos, averigua qué tiene en la cabeza ese gilipollas. Haz algo útil, Íker, y averigua por qué Los Morancos, y Ken, el marido de Jorge Cadaval, interesan más en La 1 con el señorito Bertín que el presidente del Gobierno con Ana Blanco, que hizo un patético 12% de audiencia el lunes. Y hablando de Ana Blanco y Rajoy, Íker, es imprescindible que en Cuarto Milenio dediquéis un tiempo prudencial a A) comprobar si Ana y Mariano llevan el mismo tinte de pelo, y B) sacar a vuestros expertos, incluido el forense de la tele José Cabrera, esa estrella, y derribar con sus análisis el mito de que la periodista vasca sólo tiene cabeza y tronco, como las estatuas griegas mutiladas, es decir, es un ser real que hasta usa tacones, como vimos en algunos planos. Explicadlo, malandrines, y dejad tranquilos estos días, y los anteriores, y los que vengan, a los muertos, a las ánimas, a los fantasmas –salvo que indaguéis en los que devoran el cerebro de Christine Lagarde, la del FMI, o los del BCE, e incluso los que pueblan la cabeza de algunos obispos–, pero haced algo útil, aunque sigáis sin perder el sentido del humor.

Que hable Mariló

Que nadie se mueva. Es urgente, preceptivo. Que callen los ministros, los expertos, y se le dé voz a Mariló Montero para que nos saque de dudas. Hasta que la pensadora no se pronuncie sobre la relación entre el cáncer y el consumo de carne roja seguiremos dando palos de tertulia en tertulia, seguiremos en el reino de la tiniebla, tan caro a Íker. Los ganaderos y médicos han hablado, pero qué es ese ruido sin la sabia opinión de ELLA.

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