El Palique

Cuneros de nuestra vida

13.11.2015 | 05:00

Es la primera vez que no hay un cunero en las listas del PP andaluz para las generales, dijo ayer en Antequera Moreno Bonilla, presidente de la organización. No es logro pequeño. Los cuneros y cuneras han sido toda una tradición en la política española. La RAE define el término, en su segunda acepción, como «extraño al distrito y patrocinado por el Gobierno». Los señores académicos deberían actualizar el palabro, bello y añejo, delicioso, por lo demás. No sólo hay cuneros patrocinados por el partido que gobierna. También, sea el que sea en cada época, ha habido cuneros en todas las formaciones. Cunero es también un toro que se lidia sin que se sepa de qué ganadería es y en algunos países de Sudamérica es quién tenía por oficio mecer cunas en los hospitales. En Cuba, designa genéricamente al nido, el lugar de los recién nacidos en las clínicas.

Los cuneros, volvemos a hablar de diputados, eran el pan nuestro de cada comicio durante la Restauración, donde, por ejemplo, a un provecto comerciante de paños de Valladolid afecto a Sagasta y que había contribuido con fondos generosos a financiar una campaña o facción o periódico, se le incluía como candidato (con opción segura de salir) allá donde cupiera. En Soria o Madrid o Huelva. O vaya usted a saber. El propio Moreno Bonilla fue cunero. Por Cantabria. Bien podría haber ido por Madrid, que es donde vivía. Ahora es parlamentario andaluz por Málaga, su tierra. Los cuneros ven mundo, que duda cabe. No llevar cuneros es una declaración de autoctonía, si es que no nos hemos inventado la palabra. El ministro Montoro ha sido encalomado a la lista de Madrid por el mismísimo Rajoy ante el disgusto de Esperanza Aguirre. Pero no sabemos si Montoro, hasta ahora diputado por Jaén es cunero o no, dado que su única patria parece ser la recaudación de nuestros impuestos.

El presidente del Gobierno ha tenido que meter de cunero a alguno de sus ministros y Pedro Sánchez en el PSOE está utilizando la lista por Madrid para un cunerío de libro. No geográfico pero sí mental. A todo el que ficha lo mete por Madrid, confundiendo que una cosa es ser el rompeolas de España y otra un congreso de expatriados. Alberto Garzón es diputado por Málaga, pero ahora –al ser candidato a presidir el Gobierno– irá por Madrid. Este podría ser tal vez un cunerío o cunerismo justificable si es que nos queremos meter en trazar una tipología del fenómeno. Hace un tiempo, UPyD propuso acabar con los cuneros por Ley. O que al menos no cobraran dietas. Un empeño de esos que conducen a la melancolía, provincia de nadie.

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