El desliz

Rita como ejemplo

28.02.2016 | 01:10

El personal no le gusta el pacto entre PSOE y Ciudadanos, ni mucho menos un eventual pacto entre PSOE y Podemos, ni un Gobierno de Pedro Sánchez que eche a andar con la abstención del PP, ni mucho menos con la de Podemos, pero odiaría un gobierno del PP con Ciudadanos, y más aún uno del PP con el PSOE y Ciudadanos. Seguimos a la cola a nivel mundial en matemáticas, de manera que tal vez deberíamos llamar a algún niño coreano para que haga las sumas de escaños que no les salen a los incapaces de deletrear ´concesiones´. Ni con un milagro de política realizado por un líder carismático dos y dos dejarán de sumar cuatro. Resulta complicado concitar unanimidades, apartar prejuicios y reconocer los méritos del prójimo, que se lo digan a Alejandro Sanz. Detiene el hombre un concierto en México, se baja del escenario, se encara con un espectador que estaba agrediendo a una mujer allí mismo y ordena sacarle de la sala. Este gesto casi es aplaudido por el mundo entero. Casi. Porque hay quien le reprocha que algunas de sus canciones románticas tienen letras machistas, así que no se haga el héroe, que está en el bando de los malos. Acabáramos. Si esos son los niveles de exigencia de ejemplaridad para los cantantes melódicos, qué altos estarán los de nuestros políticos, ¿no? Pues no. Ahí sigue Rita Barberá, encastillada en un recoveco del sistema, con la justicia pisándole los talones. Me da urticaria ver cómo su partido le ha echado un capote mientras se destapa la organización valenciana dedicada a saquear las arcas públicas, presuntamente. El PP no aprende de sus errores.

Pienso en la posibilidad de que se repitan las elecciones allá por junio como le vaticinó el quemado Mariano Rajoy a su colega británico David Cameron para que vuelva a salir casi lo mismo, según pronostican las encuestas. Una estúpida prórroga del partido. Para entonces, varios centenares de diputados, senadores, asesores y demás llevarán seis meses cobrando sueldos suculentos por no dar un palo al agua. Ni siquiera a tanto tiempo vista el juez que investiga la trama de Valencia podrá llamar a Rita Barberá, aforada por su partido en la diputación permanente del Senado, cargo que ejerce desde el salón de su domicilio. No quiere dar explicaciones, ni siquiera eso, aunque se manifiesta inocente. Este tipo de comportamientos se tiene que acabar, y está claro que el PP de las cajas B no avanzará por el camino de la regeneración desde el poder. De modo que se impone darle un tiempo para meditar sobre su compromiso con el bien común en la oposición, y forjar un pacto para la regeneración moral de la política. La mera existencia de la exalcaldesa de Valencia aferrada a su poltrona para no rendir cuentas debería ser un acicate para no dejar pasar la posibilidad de plantear una alternativa, salga como salga. Que no saldrá tan mal como el imperio de la corrupción que hemos sufrido.

Rita Barberá como gran línea roja y medida de todas las malas prácticas que se deben desterrar. Si esa mujer que le hace un corte de mangas a la justicia, luego coge su bolso de marcaza y se va a pasar un buen rato el concierto de Pedro Sánchez, este hará muy bien en parar la música y bajar del escenario. Y los demás le tendrán que ayudarle a echarla a la calle, o ahí seguirá ella, riéndose de todos nosotros. Hay momentos, lo sabe Alejandro Sanz, que son el momento.

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