Tribuna

Morozov, el azote de las redes sociales

02.06.2016 | 05:00

Hay que leer la actualidad con la lupa implacable de Evgeny Morozov para encontrar los peligros del modelo económico y tecnológico que está cambiando el mundo. El ensayista de origen bielorruso no tiene pelos en la lengua y no deja títere con cabeza cuando se trata de analizar a los mandamases de las nuevas tecnologías. Su primer libro fue una declaración de guerra: El desengaño de internet. Morozov dispara con bala contra lo que significa el «paraíso» de Silicon Valley y el entramado político-económico que hay detrás. En resumidas cuentas: no es probable que Mark Zuckerberg le tenga como un autor de cabecera si nos atenemos a lo que opina sobre Facebook y demás imperios virtuales.

A su paso por Madrid ha dado muestras de pensador implacable que no se amilana a la hora de despotricar contra los poderosos de la red. Lo tiene muy claro: quien piense que Twitter, Google, Amazon o Facebook son estandartes de la libertad y la democracia son unos ingenuos. Y temerarios. En otra visita a España Morozov opinaba de Google que «ignora y desprecia la soberanía, las instituciones o el Estado de bienestar de los países democráticos y de sus ciudadanos. Y sólo responde ante sus accionistas». Ya entonces ofrecía una visión inquietante: «Las redes sociales ayudan a que se consoliden autoritarismos tradicionales como el de China o Irán y a que se renueven otros en los países árabes, donde ahora ya sirven a los nuevos integrismos». ¿Cómo es posible? «La trinidad del autoritarismo es censura, propaganda y vigilancia. Y las redes sociales facilitan la imposición de esa trinidad». Para Morozov, «estamos privatizando nuestra intimidad: se la estamos regalando a empresas privadas dirigidas por una junta de accionistas con intereses muy privados. Ya tienen más información que cualquier gobierno. Por ahora se conforman por convertirla en dinero, pero un día pueden transformarla en poder. Y estamos a su merced».

La reciente polémica protagonizada por Facebook sobre la manipulación de resultados en su sección de tendencias lleva al pensador a concluir que «los comisarios de contenidos digitales como Facebook nunca tuvieron una misión cívica original, nacieron directamente para ganar dinero y, por supuesto, este hecho es una fuente constante de problemas y escándalos para ellos, ya que es muy difícil equilibrar unos objetivos puramente comerciales con cualquier grado de objetividad o con un servicio a la comunidad».

Viajemos a junio de 2009: al producirse la «revolución del polvo» en Irán, Occidente se da prisa en etiquetarla como la primera «revolución Twitter» y políticos y analistas se llenan la boca hablando del inmenso poder agitador de las redes sociales. El tiempo ha tumbado esas expectativas. De hecho, como sostiene Morozov en su primer libro, los regímenes de China o Irán están utilizando internet para perfeccionar sus técnicas de espionaje sobre la población. Para él, internet, más que alimentar cambio que lleve las protestas a la calle, podría convertirse en el nuevo opio de las masas. Porque, recuerda, «las búsquedas más populares en los buscadores de internet rusos no son ´¿qué es la democracia?´ o ´cómo proteger los derechos humanos´, sino ´¿qué es el amor?´ y ´cómo perder peso´».

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