Impresiones

'To be or not to be'

20.06.2016 | 05:00

Los nervios ante una posible salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) nos tocan las narices y los bolsillos. Las narices, porque no hay razón para este disparatado referéndum que se inventó Cameron para tranquilizar a los euroescépticos del UKIP y del partido conservador sin conseguirlo, y ahí están los casos de su ministro de Justicia o del exalcalde de Londres (rabiosamente antiinmigración a pesar de tener ancestros turcos), que le han salido ranas. Hoy solo el 39% del partido es favorable a seguir en la UE a pesar de la estrategia del miedo de los últimos días. Cameron ha salido mal panadero, de esos que hacen un pan con unas tortas. Lo del bolsillo afecta a nuestros magros ahorros, cada día más escuchimizados por culpa de las incertidumbres que un eventual Brexit tiene sobre el futuro de Europa y ya se sabe lo miedoso que es el dinero. Con el agravante para España de la fuerte presencia de nuestras empresas y bancos en el mercado británico y el impacto que tendría en los flujos turísticos, migratorios y comerciales.

Yo deseo que se imponga el supuesto pragmatismo tradicional del pueblo británico y que el día 23 vote con la cabeza fría y no con las tripas emocionales del miedo a los refugiados y a los burócratas de Bruselas, porque es mucho lo que está en juego para nosotros y para ellos, aunque mucho más para ellos. Nosotros nos jugamos que se mantenga el sueño de «una unión cada vez más estrecha de los pueblos de Europa», como proclama el artículo 1 del tratado de la UE, porque si el Reino Unido decide dejarla abre camino a que otros países le sigan por la vía prevista en el artículo 50 „y ya se sabe que a perro flaco todo sin pulgas„ y que es muy fácil que los populismos echen a Bruselas la culpa de todos los males que sufrimos y que no son pocos. La esencia del populismo es dar respuestas simplonas a problemas muy complejos y tenemos ejemplos muy próximos en nuestra propia campaña electoral. Y además, si un país sale de la UE por motivos políticos, ¿por qué no echar a otros por motivos económicos? En todo caso, el terremoto financiero no nos lo quitaría nadie y como el Reino Unido no es Estonia, perderíamos también el único ejército europeo con capacidad real de proyección exterior y a un aliado con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y con capacidad nuclear. Ahí es nada. Lo peor sería que al desaparecer el contrapeso de un periférico tan potente, el centro de gravedad de la Unión Europea se desequilibraría aún más en favor de Alemania. No es una perspectiva apetecible.

Pero si nosotros nos jugamos el futuro, ellos se juegan nada menos que su existencia pues Escocia ya ha dicho que con ella no cuenten para salir de Europa y que antes prefiere salir del Reino Unido. Y lo mismo le puede pasar a Irlanda del Norte, que ha estado muy tranquila desde los "Acuerdos del Viernes Santo que acabaron con el terrorismo del IRA. Y encima se quedarían a la deriva en el Atlántico pues una cosa es querer desgajarse para seguir en Europa (como pretende Cataluña) y otra es la soledad absoluta y ya ha dicho el ministro alemán de Finanzas, Schauble, que los deseos democráticos del pueblo británico habría que respetarlos y que fuera quiere decir fuera también del mercado único, aunque Londres pudiera buscar un arreglo como los de Noruega o Suiza, que tampoco son como para tirar cohetes pues pagan por participar en él pero no votan sus reglas de funcionamiento. También serían excluidos de la actual negociación del TTIP (Tratado trasatlántico de comercio e inversiones). Y no les abrumo con las cifras de PIB, de comercio o de inversiones porque las hay para todos los gustos, aunque siempre negativas para los británicos. También sufriría la relación con los EE UU pues a Washington le viene muy bien tener a los británicos como una quinta columna dentro de Europa, siempre dispuestos a secundar sus iniciativas, y así lo ha dicho Obama en Londres. En todo caso mi impresión personal es que el aliado preferente de los EE UU en estos momentos es ya Alemania y lo será más a medida que se rearme y sea capaz de proyectarse militarmente en el exterior.

Pero pase lo que pase el día 23, el referéndum de Cameron nos habrá abierto un buen costurón que nos dejará las vergüenzas al aire. Algo habrá que hacer, tanto si los británicos se quedan como si se van y ese algo exigirá revisar los tratados europeos. Si se quedan porque lo que Cameron pide es «una nueva relación en una Europa reformada», es decir, un nuevo contrato con algo que también debe cambiar, nuestra propia Unión, y habrá que decidir cómo y para qué. Y si se van, entonces habrá que rellenar el vacío que nos dejan, sin ignorar que el ambiente actual está lleno de euroescépticos y que las ambiciones europeístas deberán refrenarse consecuentemente, lo que nos dejará a todos con un futuro más pobre... y quizás más realista. De lo que estoy convencido es que sobreviviremos y que si al final deciden dejarnos... pues lo sentiremos mucho pero ellos se lo pierden. ¡Lo que de verdad me molestaría es que con tanto euroescéptico y con tanto hooligan impresentable, encima ganaran la Eurocopa!

*Jorge Dezcállar es embajador de España en EEUU

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