Cartas al director

06.09.2016 | 05:00

Pacto de estado, por Federico Barbero Martín
Es sospechoso que los independentistas estén tan ufanos con D. Pedro Sánchez y dispuestos a prestarle su apoyo para una posible investidura como presidente de España; la gente se pregunta si detrás hay o habrá pacto secreto y si no es así, a que viene tanto compadreo. La ciudadanía espera del PSOE fidelidad a la Constitución y que no haga tonterías porque si las hace, tendría consecuencias no solo para el partido sino para toda España; dicen que le consultarán a las bases (los fieles); más sensato sería preguntarle a los que dejaron de votarle y por qué lo hicieron. Los ciudadanos estamos perplejos por no decir cabreados ante la inútil situación política, llena de reproches, insultos e ironías en vez de aportar las mejores ideas de cada uno para salir de la situación actual. Esto sería lo sensato si hubiera sentido común, pero se prefiere sumergir al país en un estado de parálisis chapuceramente poco democrático, que los ciudadanos sin duda castigarán. Urgen reformas y entre ellas la más importante es la electoral, introduciendo el voto de una segunda vuelta (como en Francia) para evitar que España se convierta en un país débil e ingobernable, situación que algunos aprovecharían para conseguir sus objetivos y solo por evitarlo merece la pena un gran Pacto de Estado.

Otros votantes u otros dirigentes, por Diego Mas Mas 
A estas alturas parece que vamos a unas terceras elecciones, que darían resultados parecidos, como unas cuartas, etc. Sólo quedan dos soluciones. Una, acabar con los votantes, o física, o moralmente, con otra dictadura, todo lo cual parece afortunadamente poco probable. No queda, pues, sino cambiar de dirigentes. Ya lo intentó Rivera –para desdecirse después– con el PP; y ahora se lo acaba de pedir Felipe González, quizá con la secreta ilusión de que el PP le elija a él. Es también muy improbable que ninguno de los otros cuatro principales lo haga por su cuenta (aunque Iglesias ofreció al PSOE una vez no estar en su gobierno). La única solución democrática que veo sería que la presión de la calle (sí, esa que estamos viendo hoy en muchos países en crisis pero que, hoy desde su escaño, Iglesias dice que es estúpido creer), presión global y continua que obligue a los partidos a celebrar unas primarias para elegir nuevos candidatos.

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