Punto final

Definir te define

14.01.2017 | 22:11

La temporada pasada por diferentes circunstancias dirigí por unos meses al equipo júnior de mi club. En el equipo teníamos un chico que jugaba de pívot con no mucho más de 1.80 de altura. El chaval no tenía fundamentos técnicos que le permitieran jugar en otra posición.
Curiosamente no era el más alto del equipo. Un día le pregunté si había alguna razón por la que había jugado de pívot toda su trayectoria como jugador de cantera. Me respondió con total rotundidad «Francis, es que en infantiles yo era el más alto del equipo».

Posiblemente podamos encontrar más casos como el de mi jugador. Entrenadores que cuando se hacen cargo de un equipo en categorías de base miran a sus jugadores y al más alto lo ponen a jugar de pívot y al más pequeño lo hacen jugar de base. Con esta decisión muestran un total desconocimiento de lo que tienen entre manos. O lo saben pero no le dan ninguna importancia porque su prioridad es totalmente resultadista. No hay ningún análisis de la situación ni miramos por el futuro de los jugadores.

La primera cuestión que debemos plantearnos es que en categorías de base (con menos edad con mucha más razón) todos los jugadores deben saber hacer de todo. Y cuando hablo en hacer de todo pienso en tirar, pasar, botar y correr la cancha. Si encima somos capaces de hacerlos defender, entonces nuestro trabajo es de sobresaliente. No hay que definir posiciones. Todos deben jugar de base y subir el balón; todos deben conocer el poste bajo como posición ofensiva. ¿Cuántas horas entrenamos en una temporada? ¿Cuántos partidos jugamos? ¿No hay horas de entreno y de juego para que todos nuestros jugadores algún día puedan subir el balón?

Antes de decirle a un jugador que va a jugar de pívot por ser el más alto debemos evaluar su cuerpo. Que sea ahora el más alto no quiere decir que lo vaya a ser dentro de unos años. Lo mismo no crece más y entonces nos encontramos con que ese chico llega a júnior, debe jugar como un exterior y no tiene fundamentos técnicos para hacerlo. Lo matamos deportivamente.

Debemos definir qué es ser alto en baloncesto. Imaginaos por un momento que tenemos la certeza de que ese jugador será alto en un futuro y medirá dos metros. Es que con dos metros, si quiere jugar en EBA (cuarta categoría del baloncesto español), tendrá que hacerlo como exterior.
Luka Doncic está maravillando a Europa. El chico tiene un talento descomunal impropio de su edad y la enorme suerte de que sus entrenadores en categorías inferiores lo han hecho trabajar y jugar para ser un exterior. Por eso ahora es capaz con 17 años y dos metros de jugar como base minutos importantes en partidos de Euroleague.

Todos alucinamos viendo los fundamentos técnicos de Pau Gasol. Yo vi cómo Joaquín Costa, en el júnior del Barcelona, lo hacía jugar como exterior con dos catorce de altura toda la temporada, sufriendo para defender a jugadores que medían 1.80. Finalmente, en el campeonato de España jugó de cuatro pero, ¿cuántos minutos durante aquella temporada trabajó como exterior mejorando sus fundamentos técnicos? Ahora en la NBA lo ves botar , tirar o pasar el balón como un base. Sin duda Pau tiene un enorme talento, pero también muchas horas de trabajo y de no comprender por qué su entrenador lo hacía sufrir defendiendo a jugadores que le llegaban al ombligo. Él debe estar agradecido a aquellos entrenadores.

Puede darse el caso de que tengamos en nuestro equipo algún jugador con posibilidades en un futuro. Si no lo tenemos, tampoco pasa nada. Pensemos en qué posición podría jugar ese chico en un futuro cuando sea senior. Planifiquemos todo el trabajo en función de ese chico. Sin miedo. Sus compañeros también van a salir beneficiados en conocimientos y técnica individual. Seamos valientes haciéndole subir el balón aunque sea más alto que otros. O que defienda a chicos más rápidos. Seguro que en un principio esto nos puede limitar la posibilidad de ganar pero seguro que eso es sólo en un principio. Trabajemos para él, hagámoslo crecer como jugador y a sus compañeros con él. Definirlo pronto como jugador nos define a nosotros como malos entrenadores de formación.

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