Cartas al director

19.04.2017 | 23:44

'La bailarina de los pies negros', por Francisco García Castro

Hace 35 años ( yo tenía 10), Europa empezaba en una calle que había a metros de mi casa. Concretamente, tras una puerta de madera vieja. Allí, vivía la bailarina de los pies negros. Era nueva en el pueblo. En el país. Yo me acerqué varias veces a verla a través de la ventana. Sus líneas acunaban los más excelentes adjetivos. Fueron mis primeras líneas. Su ritmo era mi primer ritmo. Su sensualidad fue mi primer mapa de sensaciones. Hace unos días volví a verla. Yo la veo igual. Ha llovido, sí, pero hablo de esencias. ¿Y la Europa que empezaba en una calle a metros de mi casa? Esa Europa no es la misma. Europa ha dejado de hacer los ejercicios de barra y sus músculos empiezan a languidecer alarmantemente. Europa hoy baila con tutú de plomo. Sus líneas acunaban los más excelentes adjetivos

'Turquía, crisis mundial', por Diego Mas Mas

Un estratega como Napoleón declaró a Estambul como capital ideal de un planeta unido. No sólo por su situación geográfica en el epicentro de las tierras emergidas sino, y en parte por ello, también de las culturas hoy predominantes. Ataturk contribuyó a principios del siglo pasado a cumplir esa gran misión de Turquía, de ser puente cultural mundial en el sentido más amplio de la palabra. Pero hoy Erdogan está arruinando con rapidez ese transcendental proceso, adoptando un islamismo cada vez más cerrado que enfrenta y destruye a la vez a Oriente y Occidente. Para imponer ese irracional retroceso asume poderes cada vez más tiránicos, incluso con el disfraz de elecciones como la actual, que tanto los observadores internacionales como gran parte del pueblo que todavía puede dejar oír sus protestas declaran amañadas. Es lo que ha hecho perder la poca legitimidad democrática que todavía pretendía poseer. La crisis de Turquía oscurece cada día más el panorama mundial.

'La siguiente, Siria', por Fermín Espinosa Romero

Durante la Semana Santa he presenciado en la Puerta del Sol de Madrid una manifestación pidiendo la paz en Siria, «de moda» tras el ataque con gas letal. Muchos turistas e incluso asistentes a las cofradías «pasaban» con aire indiferente. Grave error de cálculo, además de ser inhumano. En efecto: ya no se trata de un remoto genocidio centroafricano sino del mucho más cercano, geográfica y culturalmente, Oriente Próximo. Y de un conflicto que dura ya el doble, con el doble de muertos que el que tuvimos en España, así como muchos millones de los mal llamados refugiados, porque no han encontrado un refugio digno de personas humanas. Más aún: para llegar a la Puerta del Sol, esos transeúntes tan indiferentes tuvieron que pasar por diversas medidas de control, debido a un grado de alerta antiterrorista casi máxima que se va haciendo ya habitual en España y países vecinos, lo que revela el agravamiento de una guerra global, que estos días parece cada vez más en peligro de extenderse a otros países del mundo.

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