Tierra de nadie

Nacer sin estómago

18.07.2017 | 00:16

Los buzones de Correos son el subconsciente de las calles. Lo eran al menos cuando la gente escribía cartas. Solían estar en las esquinas porque la esquina es un punto de referencia emocional. De manera que pasabas por delante del bar, del estanco y al llegar a la panadería tropezabas con el buzón. Una hermosa escultura amarilla en medio de la acera. En su interior se mezclaban las caligrafías más ásperas con las más delicadas. Queridos padres, espero que al recibo de esta os encontréis bien, yo quedo bien gracias a Dios. Tal era la fórmula con la que comenzaban miles y millones de cartas, porque entonces todo el mundo estaba separado de los padres. A partir de ese saludo, se accedía un rosario de calamidades o descalamidades que por lo general se enumeraban con buen pulso narrativo. En la mili hice de escribiente de compañeros analfabetos que tenían instinto para el relato. Quiere decirse que eran iletrados, pero no incultos.

Pues bien, uno pasaba junto al buzón como el que pasaba junto a un árbol, sin pensar en las raíces del árbol ni en el contenido oscuro del buzón. A veces, era uno mismo el que echaba la carta y leía luego las horas de recogida para calcular cuánto tardaría en llegar a destino. Porque estaba escrito que llegaría. Hay toda una mitología en torno a este asunto: cartas que llegaron cuarenta años después de ser echadas, cuando el destinatario y el remitente estaban muertos. El destinatario y el remitente, muertos o no, permanecían unidos por lazos invisibles que atravesaban el océano o comunicaban un extremo del mundo con el otro. Recuerdo haber fantaseado con la idea de que todos los buzones de correos del universo se comunicaban por túneles subterráneos a través de los cuales las cartas iban de un sitio a otro de la Tierra.

Viene esto a cuento de que en Avilés, según publica La Nueva España, acaban de abrir una oficina postal en la que no hay buzón. Pero eso es como nacer sin estómago, o sin intestinos, con todo lo que metaforizan estas vísceras. Una oficina de Correos sin entrañas, podríamos decir. Me pregunto de dónde viene (incluso a dónde va) el arquitecto capaz de un olvido de ese calibre. La gente se queja, claro, yo creo que más que por lo que el buzón soluciona, por lo que significa.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Opinión

CIPRIANO TORRES

La pregunta del millón

La inquietud, la zozobra y hasta la lástima se apoderan de este observador de la tele y...

 
 

La pesadilla de las naciones

El otro día Pablo Iglesias hizo una disquisición sobre las naciones...

 
 

GUILLERMO BUSUTIL*

La rubia del descapotable

Con alias de detective de cine y perfil hitchcock armado de pipa, rastreó los...

 
 

MATÍAS VALLÉS

El Madrid por goleada

En el fútbol y en la política, vales tanto como tu último resultado. La brusca transformación...

 
 

JUAN JOSÉ MILLÁS

El ascensor

Hay gente que vive en los pisos altos de los rascacielos porque allí no llegan los mosquitos....

 
 

MANUEL CAMPO VIDAL

Campaña de sustos y sorpresas garantizada

Imposible una campaña electoral normal en Cataluña...

 
 
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine