La mirada femenina

Ambigua

05.11.2017 | 05:00

He recuperado unas citas sobre el nacionalismo que me han parecido interesantes.

José Ortega y Gasset dijo que «el nacionalismo es el hambre de poder templada por el autoengaño». Karl Marx dijo que «el nacionalismo es una enfermedad infantil. El sarampión de la humanidad». Por si no fuera poco Albert Camus escribió: «amo demasiado a mi país para ser nacionalista». Pues bien, parece que por alguna razón no aprendemos de nuestros pensadores y seguimos cometiendo los mismos errores que una y otra vez nos llevan a los mismos problemas .

Después de que la jueza Lamela decidiera pedir prisión preventiva sin fianza para todos los consejeros del Govern de la Generalitat a excepción de Santi Vila, aquí en Catalunya, los no independentistas sentimos un auténtico nudo en la garganta y nos preguntamos cómo podremos justificar tal desmesurada medida frente a nuestros vecinos. Sí, frente a nuestros vecinos. No es lo mismo ver el problema con cierta distancia. Hoy mismo alguien me ha increpado, cómo es posible que permitas que se encarcele a gente inocente. He tenido que pedir a esa persona que no personalizara en mí toda su frustración, que si por mí fuera no metería en la cárcel ni a las moscas. ­Ya pero tú estás a favor del Gobierno, me ha espetado.

No es fácil estar aquí en medio. Cuesta tragar saliva y aceptar una medida tan desproporcionada, y lo más complicado, cómo posicionarse frente a algo tan rotundo sin pecar de ser ambigua. Sí señores, últimamente la ambigüedad nos posee a muchos de los que vivimos en esta tierra. Y lo siento por quienes lo critican, que muchos probablemente residan fuera de Catalunya, pero a mi parecer la ambigüedad es «Pecata Minuta». Nosotros tenemos que seguir conviviendo. No podemos caer en la simplificación de los dos bandos. Los buenos y los malos. Todos somos seres humanos con nuestros errores y nuestros aciertos.

Es una pena porque la aplicación moderada del 155 estaba surtiendo efecto. Y por unos días parecía que nuestros vecinos nacionalistas estaban más tranquilos. Ya no había manifestaciones, ni caceroladas. Todos respirábamos aliviados. La tensión política se estaba reservando para las elecciones. Pero tras la entrada en prisión de los consejeros, ¿cómo convencer a los nacionalistas de que no viven en ese monstruoso Estado fascista que se han inventado, si han metido a todos sus dirigentes en la cárcel?

Bajo mi humilde punto de vista, con inhabilitaciones habría sido más que suficiente. O a lo sumo, encarcelar al «expresident» como responsable máximo de los actos sucedidos en el «Parlament». Por cierto, a ver cuando se digna a volver de Bruselas.

No era necesario echar más leña al fuego en un momento como este en el que estamos encarando una elecciones de gran trascendencia.

Muchos veíamos el final del túnel, y una clara victoria de las fuerzas constitucionalistas pero ahora, ya no sé qué pensar. Ojalá me equivoque.

Nadie parece haber calculado el efecto rebote que puede causar una decisión tan crucial como la de la jueza Lamela que probablemente sin pretenderlo ha dado alas al independentismo y, una vez más, ha puesto en cuestión la calidad de nuestra democracia.

Lo que no se puede pretender es meter en la cárcel a los dos millones de personas que ya viven en su República catalana, sin perder toda la credibilidad democrática y convertirse en la vergüenza de Europa. Si alguien tiene una mejor idea que lo diga cuanto antes.

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