11 de febrero de 2018
11.02.2018
La mirada femenina

Yo como tú

11.02.2018 | 12:58

Ojalá pudiera decirte todo lo que pienso sin que me notaras un ápice de miedo. Y acertara a encontrar las palabras justas. Aquellas que llegan como un dardo y hacen diana en el centro del alma.

Pero como no seré capaz de verbalizarlo sin una mueca de excesiva preocupación, prefiero escribirte.

El miedo es humano y no queda otra que convivir con él pero se contagia y contamina, y hace que los jóvenes os alejéis aún más. Pero no puedo engañarte hijo mío, estoy asustada.

Asustada porque te veo perdido, y más distante que nunca. Recuerdo que cuando eras pequeño me veías como a tu heroína y en cambio ahora, no sé, recibo constantes críticas por tu parte. A veces, incluso, me desprecias.

Ojalá, por un momento, pudieras observarme por un agujerito en el tiempo y vieras cómo era yo hace veinte años.

Fui una muchacha atractiva aunque ahora te cueste creerlo. Creo que te sorprenderías. De hecho me parecía bastante a ti aunque no lo creas. Tenía esa misma expresión de comerme el mundo con una sonrisa.

Ojalá pudieras escuchar mi voz de entonces. Han pasado tantos años pero decía cosas parecidas a las que ahora tú sueltas. Es increíble cómo todo se repite. Aunque seamos de generaciones distintas. Sé que si hubiéramos coincidido en el tiempo sin ser madre e hijo, tú y yo habríamos sido buenos amigos.

Tenía tu misma capacidad de ver el punto débil de todo y de todos, menos el mío propio. También pensaba que mi vida era una especie de película y que yo era la protagonista. Parece mentira pero a veces aún lo siento. Algunas cosas no cambian nunca. El guión del film se escribía con el tiempo. Y cuanto más arriesgada la acción más interesante se tornaba el argumento. Cuantos más cambios de giro, más flashbacks, ganchos, y finales apoteósicos? mejor que mejor. Cometí muchos errores de los que tampoco quiero lamentarme en exceso pero hice una cosa bien, siempre traté de recuperar mi centro.

Nunca imaginé que un día mi percepción cambiaría. Y cambió. Sucedió al tenerte a ti. Justo entonces la vida me puso los pies de golpe en el suelo. Fue una especie de aterrizaje forzoso. Dejé de vivir una película de acción para convertirme en el mejor secundario de una comedia romántica.

Cuando te tuve, y te aseguro que te deseaba con todo mi ser, no me quedó otra que aceptar como válidas muchas de las cosas que antes despreciaba. Me refiero a esas cosas que tú hoy también detestas como la rutina, el orden o lo razonable. Todas esas cosas se volvieron necesarias para poder criarte. Yo diría que más que necesarias, fundamentales. Ya lo verás cuando te pase, aún te quedan unos cuantos años. Los niños pequeños necesitan rutinas para sentirse más seguros. Me compensaba reducir riesgos por hacerte más feliz a ti. Y me pasé muchas noches en vela arrullándote porque tenías cólicos y llorabas como un poseído. Eso ya lo sabes porque te lo he contado mil veces. Creo que gracias a esas noches entendí lo que era el verdadero amor. El amor incondicional, el más puro de todos. Doy gracias por haberlo conocido.

Yo como tú creía que con sensibilidad y talento nada ni nadie se me resistiría. Cuando te tuve aprendí lo que era el trabajo y el sacrificio, y empecé a valorar de verdad a todas esas personas que simplemente formaban parte de nuestra vida porque nos querían. Dejé de juzgar y me di cuenta de que el amor era lo único que realmente importaba.
Sí, aunque te cueste creerlo, yo como tú pensé que nadie me comprendía y que era especial, diferente. Y probablemente algo de verdad hubiera en ello. No te culpo por sentirte distinto, todos tenemos nuestras peculiaridades y tú estás en ese momento y lo debes vivir con intensidad.

Sólo quería decirte que te comprendo más de lo que crees, y pedirte, si es que sirve de algo, que no malogres tu vida. Hay caminos sin retorno. Mide tus fuerzas. Asómate al precipicio si quieres pero, por favor, no te lances.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine