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Pequeñas cosas cotidianas
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Blog Pequeñas cosas cotidianas - Carmen Donate González

Carmen Donate González

Soy ama de casa de mediana edad, una especie en peligro de extinción.

Sobre este blog de Málaga

Reflexiones sobre las pequeñas cosas que me llaman la atención a lo largo del día.


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  • 21
    Febrero
    2014

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    Se busca.

     S e busca. Se ha perdido el respeto, perdido o quizás se haya marchado de vacaciones, es mejor imaginarlo así que no muerto, desaparecido para siempre. Se echa en falta en la mayor parte de las situaciones cotidianas de nuestra vida.

      Y al perderlo es cuando nos damos cuenta de lo  preciso que nos es. Es difícil, complicado vivir sin él. Nos inundan las campañas para prevenir tal o cual mal de nuestra sociedad, debemos tener  tantos por su falta precisamente, con él muchas de esas situaciones no se darían.

       En la sociedad de la tecnología que nos estamos construyendo, se está perdiendo el respeto por la dignidad de las personas, lo vemos constantemente en programas televisivos que la atacan con la excusa de ayudarlas si se hallan en situaciones desafortunadas. Vemos cantidad de concursos basados en la falta de respeto a los participantes. En tertulias, del tipo que sean,  su falta es evidente, tanto entre los propios que participan como hacia los espectadores, con gritos, a veces insultos, descalificaciones, no dejar hablar al oponente.

      En el deporte, más bien en el espectáculo deportivo es algo evidente. Tenemos demasiadas muestras de conflictos, peleas; desalojo de parte de los estadios últimamente; una falta de respeto absoluta tanto al deportista como al espectador, al que no dejan disfrutar del juego.

       En lo relativo a la telefonía es evidente, que se ha perdido el respeto por completo, piensa cualquiera que tiene el derecho a entrometerse en tu intimidad cuando le parezca bien, sin importar la hora, y ser atendido si quieren venderte algo. A veces son los propios trabajadores los que no respetan su trabajo, enganchados al teléfono, por motivos particulares, no atienden a sus clientes hasta que estos aburridos hacen por irse.

       Los móviles no paran de sonar en teatros, conferencias, en lugares en que debería primar el silencio, salas de hospitales, urgencias o cosas parecidas. No se respeta el deseo de los artistas de no ser grabados en sus actuaciones. Parece que el trabajo de los demás no valiera y tuviéramos derecho a apropiárnoslo. Después nos extrañamos si alguno para su actuación o la interrumpe directamente, si no se respetan las normas. Con lo que debe costar preparar un número en condiciones, de creatividad, tiempo y ensayo y venga el listo de turno a subirlo a la red sin permiso y ya no tenga interés el público en acudir al espectáculo, por ya conocido.

       Vamos, que hoy cualquiera, conocido o no, se siente con el derecho de atacar tu intimidad y tu privacidad, por simplemente tener ganas de jugar con sus juguetitos tecnológicos.

       Ya de políticos casi es mejor ni hablar, de la falta absoluta de respeto que muestran, habitualmente, hacia los ciudadanos que representan. En estos días tenemos un buen ejemplo, en las noticias referidas a nuestros barrios de La Trinidad y el Perchel.

        En el aniversario de la muerte de D. Antonio Machado, que ciertas siguen siendo sus palabras. Se las podemos aplicar perfectamente a esos políticos que loan la magnifica recuperación económica que tenemos.

     

    El que espera desespera,

    dice la voz popular.

    ¡Qué verdad tan verdadera!

    La verdad es lo que es,

    y sigue siendo verdad

    aunque se piense al revés.

     

     

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