17 de abril de 2019
17.04.2019
Recuerdos

La Taberna de Manolo

"Alcántara como articulista y como poeta ha sido capaz de llegar a unas amplias capas de población que, lectora o no, se sentía identificada con su prosa y su verso"

17.04.2019 | 12:55
Manuel Alcántara.

Me destinaron al Rincón de la Victoria en 1995. IES Bezmiliana. Apenas llegué, conocí a mi hoy íntimo Miguel Ángel Gómez Martín de quien los años no me han separado. Hizo de anfitrión en el pueblo y me condujo el primer día a la Taberna de Manolo, uno de los camareros con mejor gusto que he conocido y que sabía trasladarlo a los productos que ofertaba a su público. Era un local muy pequeño que regalaba tapas con cada consumición de bebida. Además, tenía un jamón tan estupendo como su queso y unos correctos vinos tintos que él mismo escogía en Rioja. Uno de los pocos sitios en Málaga donde podías pedir una botella de Moët & Chandon a un precio justo y, además, podías disfrutarla junto a Manuel Alcántara que había encontrado allí un rincón de amistad donde sabía que los abrazos, las risas y el respeto de sus contertulios, junto con la solicitud de su camarero y admirador, Manolo, eran sinceros y lejanos al exceso de pompa con el que, en ocasiones, han pretendido rendirle homenaje, incluso espontáneo. Nos presentó Paco Alonso, maestro, pintor y parroquiano frecuente de aquel local. Don Manuel, nunca evité el tratamiento ante Alcántara, se alegró cuando oyó mis apellidos. Un amigo suyo de juventud en Madrid se llamaba igual que yo. Bebimos, charlamos y bebimos. Tuve la suerte de encontrarlo en un ámbito donde se sentía tranquilo y a gusto, ambas condiciones que invocan la buena conversación y el mejor disfrutar de aquella cocina básica pero exquisita que se adornaba con bebida y empatía, si no, amistad. Aquella taberna cerraba en pocas ocasiones. Lunes, si recuerdo bien, por descanso; un mes al año en que Manolo hacía un viaje casi alrededor del mundo, y cuando Don Manuel daba un pregón, charla, conferencia o mesa redonda. Manolo cerraba sin aviso previo y marchaba como peregrino en pos de las palabras de su querido Don Manuel de quien era capaz de repetir artículos enteros, como D. Manuel se sabía de memoria y sin pausas, 'El rayo que no cesa', de M. Hernández.

Alcántara como articulista y como poeta ha sido capaz de llegar a unas amplias capas de población que, lectora o no, se sentía identificada con su prosa y su verso. Don Manuel ha tenido la extraña suerte de crear una obra reconocida durante su vida a la vez que siempre supo cultivar un sabio arte de vivir, que no es tan fácil como pueda parecer a simple vista y que, también, logró reflejar en sus textos. Manolo le subía a casa cada quincena un jamón de los suyos, una caja de vino y otra de ginebra Larios, la de los bebedores de ginebra de verdad, como Joaquín Marín, otro grande del periodismo, quien contribuyó desde Sur a difundir los artículos de Alcántara mediante agencia de noticias para que alcanzase la repercusión que él consideraba que debían tener. Cierta vez, durante una charla en una de las universidades de Valencia, alguien desde el público le reprochó que comiera cigalas casi a diario. Don Manuel respondió con una rapidez mayor a la de esa velocidad de la luz que dicen que no puede ser superada: "Ah ¿pero usted no lo hace? Pues debería porque son estupendas para la salud mental, se las recomiendo." Gran parte del ingenio de Don Manuel germinaba desde una vena de retórica callejera, horneada en las tertulias madrileñas donde, dicen, tanta mala leche se destilaba en insultos de salón elegante. Su tono sencillo, de pueblo, y sus aficiones gustaban a todo el mundo. Boxeo, fútbol, toros, flamenco, literatura, cine, refranero, gin-tonic, dry martini, comer, charlar y poder pagar las deudas a base de tamizar todo este acopio de saberes, a través del repique de una máquina de escribir, sobre una de las cinco columnas que componen ese libro diario y efímero que es cualquier periódico. Paco Alonso murió hace años. No sé nada de Manolo, dicen que abrió otro establecimiento al que nunca acudí porque prefería quedarme con los recuerdos del primero, soy así de raro. Si hoy hubiera estado abierto iría sin duda a darle mi pésame, quizás sin decir una sola palabra. España pierde un gran escritor. Al menos pudo confesar que había vivido, algo que los dioses no conceden a cualquiera.

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