02 de junio de 2009
02.06.2009
Cultura

Padilla: "Aún queremos creer que los objetos tienen vida"

02.06.2009 | 00:25
De la Torre hace entrega a Ignacio Padilla del segundo Premio Málaga de Ensayo.

El escritor mexicano recibió ayer, de manos del alcalde, Francisco de la Torre, el segundo Premio Málaga de Ensayo

El escritor mexicano Ignacio Padilla reflexiona sobre la pervivencia del animismo en la actualidad, centrado ahora en los objetos cotidianos, en su obra ´La vida íntima de los encendedores. Animismo en la sociedad ultramoderna´, galardonada con el segundo Premio Málaga de Ensayo.
"Todos experimentamos de una forma u otra la vida de los objetos, y no en las sociedades primitivas, sino en la sociedad de hoy, con los ordenadores, los automóviles o los calcetines. Seguimos queriendo y necesitando creer que tienen una vida propia, como un niño cree que una muñeca tiene vida propia", dijo ayer Padilla, que recibió de manos del alcalde, Francisco de la Torre, el galardón literario. En este trabajo, publicado por la editorial Páginas de Espuma, reflexiona "sobre la vida de los objetos, que generalmente se atribuye a los niños y a las sociedades pre-literarias o primitivas", pese a que él está "convencido" de que "en pleno siglo XXI seguimos pensando que los objetos están vivos".

Robots y androides. Padilla, perteneciente a la llamada Generación del Crack, ha acudido "a reflexiones vinculadas con el cine de animación, los robots y los androides y la persistencia de las casas embrujadas para demostrar que el animismo no es privativo de las sociedades primitivas".
"Vivimos en una época en la que se rechazan muchas cosas atribuyéndoles equivocadamente el nombre de supersticiones, y tendemos a rechazar el pensamiento mágico", destacó el escritor, que considera que la relación "del hombre con el objeto, y sobre todo recientemente con la máquina, siempre ha tenido visos religiosos".
"El origen de la religión es sobre todo el miedo y la incomprensión del hombre hacia su entorno, la naturaleza, los meteoros o los objetos que le agreden, y esa incomprensión sigue existiendo en el hombre ante su ordenador, por ejemplo. Como no lo entendemos, necesitamos pensar que hay un duende o un espíritu dentro del objeto", añadió.
En esta relación "con visos religiosos", la máquina "es el monstruo y el dios, y basta pensar en la computadora gigantesca de la novela ´2001. Una odisea espacial´ que se rebela, es la criatura del doctor Frankenstein que pensamos que hemos creado para que nos sirva y sucede que terminamos sirviendo a la máquina. Es uno de los riesgos que tenemos que asumir, y lo asumimos siempre con el temor de que la máquina se rebele y se convierta en dios de un mundo en el que los seres humanos ya seamos perfectamente prescindibles, como un bolígrafo que ya no tiene tinta", matizó.

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