19 de enero de 2012
19.01.2012
Delegada de Integración para la Vida en Málaga

«Las familias no saben ni cómo pedir ayuda»

«Cada semana llegan 25 familias nuevas que no habían estado en esta situación», afirma Eva Pascual

19.01.2012 | 01:56
La delegada de Inpavi en Málaga, Eva Pascual.

La ONG Integración para la Vida (Inpavi), que trabaja en la provincia desde el año 2003, se ocupa en Málaga de atender a familias en riesgo de exclusión social con las que interviene de forma integral. Este sábado, 223 voluntarios de la asociación repartirán 24.614 kilos de alimentos y más de 2.000 prendas de vestir en un solo día a 3.105 personas de escasos recursos de la provincia (605 familias). La distribución tendrá lugar en la sede de la asociación, en la barriada de La Corta.

¿A qué personas va dirigido este reparto de alimentos?
Nosotros recibimos alimentos del Banco de Alimentos de la Costa del Sol (Bancosol) y también de particulares. Vamos a repartir a personas de toda la provincia con escasos recursos. Este año han crecido mucho las familias completamente nuevas que vienen por primera vez a pedir ayuda. En 2011 nos llegaron cada semana 25 familias nuevas que venían pegando a nuestra puerta y que nunca antes habían estado en esta situación.

¿Cuál es el perfil de ese nuevo demandante?
Son familias que se han quedado en la calle o que están sin trabajo los dos cónyuges o uno de ellos y tan sólo tienen para pagar la hipoteca. Vienen y nos dicen: «Es la primera vez que he venido a pedir ayuda y no sé ni cómo se pide».

¿Qué trabajo desarrollan con estas personas?
Inpavi persigue el cambio y la transformación social mediante acciones integrales que mejoren la inclusión de los sectores sociales más desfavorecidos y que permitan la participación de la sociedad en esas acciones. Trabajamos con los desfavorecidos y también con personas favorecidas que pueden ayudar a otros y no saben cómo. Realizamos talleres socioeducativos para que aprendan cómo servir a otros. Actualmente tenemos 263 voluntarios totalmente activos en la provincia.

Y respecto a esas familias desfavorecidas, ¿en qué consiste la intervención?
Realizamos una intervención integral a todos los miembros de la familia. Le cubrimos las necesidades básicas como alimentos, ropa, calzado, enseres de bebé, pero después intentamos propiciar un cambio, que es de lo que se trata, de que haya un cambio en sus vidas y que no se hagan adictos a las ayudas sociales. El objetivo es que la persona cambie. Les proporcionamos las herramientas para que encuentren un trabajo, sepan mantener un empleo, salgan de la prostitución, según cada caso. El abanico que abarcamos es muy amplio. Nos enfrentamos a situaciones de maltrato, prostitución, drogas, mayores, jóvenes, inmigrantes. Tenemos talleres de inserción sociolaboral, en los que les enseñamos cómo buscar empleo o a elaborar un currículum.

¿Con la crisis están obteniendo resultados en la búsqueda de empleo?
En el pasado 2011 hemos conseguido que 30 personas encuentren un empleo. Por el programa de inserción laboral han pasado en este año cerca de cien personas. En general, logramos que un número notable solventen su situación y se inserten en la sociedad, o derivamos el caso a los servicios sociales comunitarios, con los que trabajamos de manera estrecha y coordinada.

¿Qué otras herramientas utilizan?
En menores, por ejemplo, ofrecemos refuerzo educativo semanalmente, orientando al niño a hacer los deberes pero también proporcionándole una educación en valores. Vamos más allá de enseñarles a estudiar o de hacer una cuenta matemática.

Trabajan en toda la provincia, pero al tener la sede en La Corta, se han volcado especialmente en esta barriada, ¿no?
Se puede decir que es donde más influencia tenemos. En La Corta somos uno más, llevamos 17 años trabajando en la barriada y la relación es bastante buena, lo que hace que el trabajo sea mejor. Nuestra principal labor la llevamos a cabo en La Corta y en Los Asperones. En esta última barriada tenemos una escuela de padres donde trabajamos con las familias para que aprendan y sepan cómo deben educar a sus hijos. En 2011 unas 40 familias en exclusión social pasaron por la escuela de padres. Les enseñamos a prevenir enfermedades como el sida, a evitar ambientes no deseados o las drogas y cómo decir «no» a sus hijos y ponerles límites.

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