22 de septiembre de 2013
22.09.2013
Tribuna

Rafael Moneo en La Mundial

Como el pie de la hermanastra en el zapato de 'Cenicienta', el hotel no cabe. Es demasiado grande y está en el sitio equivocado

22.09.2013 | 05:00
El edificio del número 11 del Pasillo de Atocha fue demolido en 2010.

La hermana mayor se llevó el zapatito a su habitación para probárselo. No pudo meter su gran dedo gordo en él, ya que el zapato era muy chico para ella. Entonces la madre le dio un cuchillo y le dijo:

– Córtate el dedo gordo. Cuando seas reina ya no tendrás que caminar.

La chica se cortó el dedo gordo, metió su pie y se aguantó el dolor». Hermanos Grimm (Cenicienta, 1812) . 

Acto tras acto, la trama se acerca a su desenlace. La Mundial sigue en pie, y se ha convertido en un símbolo de resistencia  contra una forma de planificar la ciudad a espalda de los intereses de sus ciudadanos. Pero centrar el debate exclusivamente sobre su permanencia puede, sin embargo, eclipsar otras cuestiones más sutiles pero también de gran calado.

Partamos de que las administraciones locales pueden perseguir varios propósitos en una intervención urbanística; a saber, y sin ánimo de ser exhaustivo: recaudar, construir una ciudad más habitable para sus ciudadanos, epatar a propios y extraños con edificios de autor siguiendo fines propagandísticos..., propósitos que no tienen por qué ser incompatibles entre sí. Si bien se convendrá en que el segundo de ellos debería predominar notablemente sobre los demás.

En este caso, recurriendo a la cartografía histórica puede entenderse cómo se generó el Hoyo de Esparteros mediante sucesivas «capas» que, a modo de una cebolla, la ciudad fue creando en la edad moderna para defenderse del Guadalmedina, y cuya geometría quedó condicionada por la presencia del Fuerte de San Lorenzo. La necesidad de protegerlo de la erosión fluvial es la causa de la planta en forma triangular de este espacio, como se ve en los planos adjuntos. Originariamente un simple muro al que se fueron adosando edificaciones.

Posteriormente, la fortificación desapareció y su solar fue ocupado por el tramo occidental de la Alameda; en esta fase el Hoyo quedaba insólitamente abierto a este espacio (fig. 3). Sin embargo, aquí el urbanismo decimonónico acabaría por acomodarse con suavidad y elegancia a las preexistencias en ese punto de geometría inconfundible, que queda bien asimilado por nuevas edificaciones que envuelven la manzana por el Sur y el oeste.

Una ciudad legible es una ciudad más habitable, en la que sus habitantes pueden reconocerse; y el proceso antes descrito resulta maravillosamente legible en el actual Hoyo de Esparteros, en donde la larga y estrecha pieza que queda rematado en su extremo por La Mundial evoca con claridad el muro al que se fueron adosando edificaciones, y que en el primero de los planos aparece grafiado de la misma manera que el resto de la muralla de la ciudad.

Es aquí donde Promociones Braser ha proyectado su hotel de 10 plantas de altura. Sin entrar ahora en la cuestión de la pertinencia o no de la desaparición de las edificaciones que en este lugar existían o todavía existen, es razonable preguntarse además qué necesidad había de modificar la traza histórica de este fragmento urbano, y si no sería conveniente mantener la memoria del lugar, su legibilidad, siquiera en la huella de una manzana tan singular.

Basta echar una ojeada a las imágenes con que se publicita el proyecto para obtener la respuesta: el hotel no cabe. Como el pie de la hermanastra en el zapato de Cenicienta, no cabe. Es demasiado grande. Es desmesuradamente grande. Obviamente, está en el sitio equivocado. Con el programa de usos que se hubiese establecido de partida, habría sido razonable buscarle otro lugar en que pueda acomodarse semejante mamotreto. Pero no. Con las alineaciones existentes, moldeadas por la Historia como se ha visto, resultan unos solares de buen tamaño, regulares y con doble fachada, magníficos para unas edificaciones de alturas moderadas como las que predominan en el entorno inmediato, pero claramente insuficientes para el desmesurado programa de necesidades establecido. Para respetar la traza existente con esas premisas, saldría una tremenda pantalla longitudinal, por lo que el arquitecto -Moneo- optó por el mal menor: agrupar el volumen edificable en una forma compacta, aunque eso implicase pasar olímpicamente de la forma urbana.

Véase la perspectiva axonométrica del proyecto exhibida por la promotora: aquí van las 137 habitaciones, «todas exteriores». Una detrás de otra, con su salón de celebraciones y eventos para 200 personas, sus locales comerciales, su spa, piscina, bar y zona de hamacas, etc, etc.; ahora sí que cabe. 

El artilugio alienígena que las transporta ha aterrizado en el borde externo del lugar, triturando todo vestigio de la ciudad que allí existía. Eso sí: resulta casi conmovedor el gesto en que pliega su fachada hacia el Hoyo, en un vano intento de parecer más pequeño. 

La espléndida pieza longitudinal que cerraba el Hoyo por el Oeste, cabalgando sobre la antigua muralla fluvial, ha sido amputada, y queda, ay, reducida a un grotesco muñón que alberga la réplica de La Mundial.

*Luis Ruiz Padrón es arquitecto

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