17 de mayo de 2017
17.05.2017
Memoria histórica

Palizas y calabozos en la antigua Aduana

El histórico dirigente del PCE Manuel Ruiz Benítez reclama que la Aduana sea declarada Lugar de Memoria Histórica, porque albergó la Brigada Político-Social, la policía secreta franquista

17.05.2017 | 05:00
Con su libro de memorias, en la entrada de la Aduana.

En una de las cuatro ocasiones en la que Manuel Ruiz Benítez (Málaga, 1940) fue detenido, interrogado y encarcelado por la policía secreta franquista, la Brigada Político-Social, que tenía su sede en unas dependencias de la Aduana, le introdujeron en un cuartucho acolchado, con numerosas porras colgadas en una pizarra.

«Estaba acolchado para que no se oyeran los gritos ni los golpes, querían meterme miedo. A algunos les habían puesto hasta electricidad en los testículos»,explica.

Aunque a Manuel no le quedan huellas de las palizas que recibió en este edificio, que hoy alberga el flamante Museo de Málaga, subraya: «Yo no perdono ni olvido».

En su casa conserva un documento de la Junta de Andalucía que le reconoce como luchador por la libertad y la democracia, en su condición de antiguo preso franquista. Este histórico dirigente comunista estuvo preso cuatro años y medio en las cárceles de Málaga, Jaén y Carabanchel por sus ideas políticas.

Por eso, y en nombre de otros muchos compañeros que pasaron por la antigua comisaría que daba a la Travesía del Pintor Nogales, reclama a la Junta de Andalucía que la Aduana sea declarada Lugar de Memoria Histórica, como ya lo han sido la antigua prisión provincial, el Peñón del Cuervo y desde hace unos días, la antigua cárcel de mujeres y el Cementerio de San Rafael.

El que fuera considerado a finales de los 60 por la propia policía franquista el líder del PCE en Málaga, ligado al partido desde 1957, reorganizador de las Juventudes Comunistas y uno de los fundadores de CCOO en Málaga, en 2008 publicó el libro A la sombra de los recuerdos. 'Memorias de un perchelero', en el que, entre otras muchas experiencias, recordaba su paso por los calabozos de la policía secreta en la comisaría de la Aduana.

«Tras un mostradorcillo había un pasillo con ocho o nueve calabozos para ocho o diez personas y en cada uno un agujero para asomar la cabeza y que te dieran la comida; la porquería de esos calabozos no te la puedes imaginar», destaca. Además, había que pedir permiso para ir al servicio, acompañado, pues no había en las celdas. «Pero si en un día ibas dos veces, te decían que te lo hicieras encima».

«En todas las ocasiones en las que me detuvieron en la Aduana me pegaron, usaban las manos y las porras», cuenta. La intervención de su abogado, el exalcalde Francisco García Grana, que era llamado con urgencia por la familia de Manuel, logró frenar en varias ocasiones estas prácticas, cuenta.

Manuel Ruiz Benítez recuerda que, ya desde que participó en la plataforma ciudadana La Aduana para Málaga, «insistía en que había que limpiar esto con agua de azahar» y recordar la represión franquista. Además, con motivo de la inauguración del Museo de Málaga escribió a la actual consejera de Cultura, Rosa Aguilar, para transmitirle esta propuesta.

«Yo no quiero protagonismo, los jóvenes deben saber que aquí hubo una represión. Sería de justicia», recalca, al tiempo que recuerda que en Portugal, una placa recuerda la sede de la policía secreta durante la dictadura de Oliveira Salazar. Lo mismo pide para la Aduana.

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