08 de diciembre de 2019
08.12.2019
Entrevista

José Manuel Cabra de Luna: «Los malagueños no somos muy conscientes del cambio de la ciudad»

El presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo afirma: "Me parece muy importante la inauguración del teatro de Antonio Banderas. Y eso a su vez traerá más cosas"

08.12.2019 | 05:00
El presidente de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, José Manuel Cabra de Luna.

«Voy comprando corbatas por todos los museos del mundo»

  • Es abogado, pintor, poeta, gestor cultural... ¿Se considera un renacentista que anda suelto por las calles de Málaga?  
    De la abogacía estoy ya retirado, aunque del todo nunca se retira uno cuando es abogado. Y lo de renacentista me lo han aplicado muchas veces, quizás porque mi mirada es dispersa o es amplia, según se mire. Me llevé una gran sorpresa con la posición del filósofo alemán Peter Sloterdijk, quien defiende que ya no cabe hablar de humanismo porque el humanismo es hijo del renacimiento. Es un  movimiento humano que requiere una relación epistolar y, hoy, el mundo está en la tecnología, no en las cartas. Para relacionarme con alguien no escribo cartas, uso el email o el móvil. El renacimiento se liquidó hace mucho tiempo y era para un mundo muy pequeñito.
     
  • «Mi profesión es la de abogado y mi oficio el de pintor» ¿Qué significa esta frase que ha usado tanto como autorretrato?
    Me he ganado la vida como abogado siguiendo el consejo del pintor de la Bauhaus Max Bill, quien decía que ‘conviene a un artista tener un trabajo independiente del que pueda vivir y no tenga relación con el arte’. Entonces, he sido abogado a mi manera. He sido un abogado de pacto. Y de pocos pleitos, sin que me dieran miedo. Siempre intentaba arreglar las cosas en mi despacho porque he creído, y sigo creyendo, en el pacto.
     
  • Su relación con las corbatas más llamativas recuerda a José María Carrascal, ¿en su caso qué es: una manía o una afición?
    ¡No, no, no! Mis corbatas son mucho más bonitas que las de Carrascal. Y voy a explicar por qué. Él ha contado muchas veces que se las compraba en el metro a los vendedores ambulantes. Y yo voy comprando corbatas por todos los museos del mundo y por las tiendas más raras. En eso he sido más exquisito que Carrascal.
     
  • Lleva viviendo y trabajando muchos años en sendos puntos situados junto al cauce del Guadalmedina, ¿cómo le explica a la gente que no es de aquí esa metáfora tan malaguita del río seco?
    En las ciudades mediterráneas, el río seco es un hecho. Les llamamos ríos pero son ramblas. Cauces por los que no discurre agua salvo que venga la desgracia de una gran eclosión. Y he vivido siempre al otro lado de la ciudad, al otro lado del río, porque así me he sentido un poco más extramuros. Menos encadenado a la propia sociedad en la que vivo. Fuera de la ciudad. Tiene un punto metafórico pero es, al mismo tiempo, muy real. Aquí donde se me ve, una persona moderada, he vivido siempre en off. Toda mi vida. 

Los 170 años de historia de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo tienen al frente de su timón a José Manuel Cabra de Luna, quien atesora una dilatada trayectoria como abogado que siempre ha convivido con sus facetas de pintor, poeta o gestor cultural. Cabra de Luna es, precisamente, una de las personas que mejor conoce las claves del boom artístico de la geografía mediterránea que respira a diario con implicación y pasión. Tanto le duele Málaga que, al oírlo, da la sensación que sería capaz de estar otra vida entera hablando sobre su ciudad.

¿Qué nota le pondría a la Málaga que ven sus ojos ahora mismo y tanto se ha transformado en los últimos tiempos?
Un notable muy alto. Málaga es otra cosa. Creo que los malagueños no somos muy conscientes de lo que aquí ha ocurrido. Málaga se ha transformado completamente. Todos los cambios tienen su parte oscura y difícil, hay que poner énfasis en cosas que no están bien, pero eso no quiere decir que no tengamos que estar muy orgullosos de lo que está pasando en Málaga.

¿En qué debe -y puede- seguir mejorando la ciudad?
Málaga se va a salvar por los barrios. Las ciudades hoy son policéntricas. El centro ya no es solo la plaza de la Constitución. Hay varios centros que se relacionan con los demás al mismo tiempo. Esa es la nueva ciudad. Ahora bien, esto no quiere decir que yo sea partidario, por ejemplo, de llevarme el Pompidou a la barriada de La Luz. No. Tiene que estar dónde está, pero hay que conseguir que la gente de Mangas Verdes o de la Carretera de Cádiz asuman como suyas todas estas ofertas y propuestas, que no se sientan lejos y vean que forman parte de sus vidas.

Durante décadas se ha vivido con el anhelo de que Málaga fuera una segunda Barcelona, pero no terminaba de subirse al tren y lo perdía en marcha, ¿cree que ya lo ha conseguido?
Desde una perspectiva cultural, que es lo que más ha incidido para que Málaga cambie, ha sabido crear un nuevo concepto de acercamiento a la cultura. Ha sabido cambiar el afán de la propiedad por el uso. No podemos aspirar a tener en propiedad muchos de los cuadros que vemos, pero sí podemos verlos ¿Cómo? Ofreciendo unos contenedores espléndidos. Y no anclado solo a un museo de pintura o escultura. Por ejemplo, me parece muy importante la inauguración del teatro de Antonio Banderas. Y eso a su vez traerá más cosas. Lo estamos haciendo bien, aunque nos queda mucho por aprender. Cuando vamos a ciudades, no solo de tipo medio como la nuestra, nos preguntan cómo lo estamos haciendo. Y la respuesta que siempre doy es 'mira, nos lo hemos creído y lo hacemos'.

¿Corre esta ciudad el peligro de morir de éxito o crecer por encima de sus posibilidades?
La pregunta tiene en sí misma un poco de trampa. El concepto de ciudad que conocemos -la ciudad cercana al Puerto y a pesar de ello no abierta al mar, la ciudad pequeñita del XIX- XX en la que una clase media poderosa se enamora de Málaga y hace una ciudad muy bella- se ha terminado. La recuperación del centro ya es una cosa puntual. Málaga ya va desde Manilva hasta Nerja y digo poco. Y hasta Antequera. Málaga se ha transformado ya en una conurbación absolutamente expandida. Cuando crezca tanto, su salvación vendrá por lo que decía antes de la proliferación de barrios y otros centros en los que la vida a escala mediterránea, a escala del paso del hombre, se pueda efectuar. Si hacemos una Málaga en la que haya que coger el coche para comprar sal porque se me olvidó, esto ha fracasado. No será así. Soy optimista teniendo la ciudad que tenemos. Seremos mejores si somos capaces de dar una oferta lo más amplia posible.

Su añorado expresidente de San Telmo Alfonso Canales siempre dijo que la ciudad despertaría en cuanto dejase de vivir de espaldas al mar y se derribase la verja del Puerto, ¿le ha dado el tiempo la razón?
Absolutamente. Nada más que tenemos que ir a dar un paseo por lo que hoy es el puerto abierto al público. Hemos asumido que esta es una ciudad abocada al mar. Paradójicamente, la verja no ha sido totalmente eliminada, pero la pérgola es de una belleza espléndida y ha cambiado la fisonomía. Y, por tanto, ha cambiado la mirada. Además, ha ocurrido otra cosa. Que mucha gente me perdone por lo que voy a decir. El Puerto ha pasado de tener un elemento icónico, como La Farola, a tener dos gracias al Cubo de Daniel Buren.

La Academia de San Telmo figura entre los alegantes a un proyecto hotelero tan controvertido como el rascacielos del Puerto, ¿le parece excesivo?
Me parece innecesario. Las consecuencias son muy grandes, lo que se haga es ya prácticamente irreversible por siglos y siglos. Si se mira a Málaga desde el mar, el horizonte de la ciudad se quiebra con ese edificio. El paisaje queda trucado y roto. El Plan General de Ordenación Urbana contempla una parte donde pueden construirse edificios así, como es Sacaba Beach. ¿Por qué no se mira hacia allá? ¿Por qué tenemos que mirar a un lugar privilegiado con un carácter público cuando es algo que beneficiará a la iniciativa privada?

El organismo que preside apoyó el espacio de Artes en Vivo en el Convento de La Trinidad que, como tantos proyectos allí, no se llevará a cabo, ¿qué puede contar sobre aquello tan efímero?
Cuando nos llamaron había voluntad de hacer cosas, pero no había -eso nos dijeron- fondos para hacerlas. Mucha desilusión no tengo porque sabía que era muy difícil que ese proyecto surgiera. Aunque esto conlleva un hecho positivo. La gente se mueve y empieza a hablar. Se empezará a hacer cosas.

¿Cómo ve el Museo Arqueológico que ahora plantea allí la Junta con una idea del alcalde?
Me parece bien siempre que se trate de lo que luego el alcalde Francisco de la Torre aclaró. Que no se trate de llevarse la sección de Arqueología del Museo de Málaga allí, sino de hacer una especie de museo arqueológico de la provincia. De centralizar en un espacio las piezas arqueológicas que tienen las distintas localidades malagueñas sin desguazar La Aduana. Eso no me parece mal. De todas formas, creo que en el convento habría que dedicar una parte importante a la enseñanza de los oficios del arte, aunque es verdad que también se habla de la antigua cárcel de mujeres para hacer eso. Es algo muy necesario. Por ejemplo, en el musical de Banderas A chorus line hay más de 100 trajes, sombreros, zapatos, iluminadores, especialistas en sonido... Y detrás de cada disciplina de estas, hay un montón de oficios. Lo que yo digo es que no tengan que venir de fuera a iluminar las exposiciones, que las iluminemos nosotros.

¿Puede convertirse el centro histórico en un parque temático insoportable si no se le pone cierto control a la proliferación de bares y viviendas turísticas?
Sin duda. Hay que ser muy mesurados, ver qué ha pasado en otros sitios y poner límites sin que esto se convierta en un estado policiaco. Dicen que Barcelona está mal pero, al parecer, Amsterdam está mucho peor. No se puede ni andar por la calle, aparte de las muchas bicicletas que hay. Aquí las hay ya también. Un emperador romano dijo 'de nada, demasiado'. Eso lo tiene que aprender Málaga, pero no quita que vayamos completando una gran oferta de ciudad porque la gente viene a buscar verdad. Y en los parques temáticos, esto no es un trabalenguas, su verdad es su falsedad.

En la manzana de los cines Astoria y Victoria se ha pasado de asignarle proyectos culturales a la posibilidad de no hacer nada allí, ¿de qué solución es más partidaria San Telmo?
La Academia ha aprobado un acuerdo para que se contemple la posibilidad de no construir y un informe de la sección de Arquitectura lo fundamenta. También aludíamos a la posibilidad de que una gran escultura conviviera con las ruinas arqueológicas que se están descubriendo. En principio, la Academia es partidaria de no construir.

Imagine que hace 20 años se le aparece un genio con una bola de cristal y le muestra a la ciudad en su boom cultural actual, ¿se lo hubiera creído?
Yo sí. Y que me perdonen por hablar de mí. Siempre pensé que lo mejor de Málaga es su capacidad de futuro. Su capacidad de modernidad. Esta no es una ciudad que está ahogada por su pasado, como le puede ocurrir -con todos mis respetos- a ciudades como Ronda, Córdoba, Granada o Sevilla. Aquí lo que quedan son restos. Nuestra ciudad es palimpsesto puro. A partir de ahí, restitos, restitos y restitos que forman una unidad muy dispersa pero, al mismo tiempo, con una gran capacidad de cambio. Esa es nuestra esencia. Y eso nos permite abrazar el mañana con menos miedo que los otros tipos de ciudad. Somos una ciudad que no está encadenada al ayer, y eso no significa que debamos olvidarlo.

¿En qué se ha convertido, entonces, Málaga si actualizamos el antiguo y maldiciente dicho de ciudad bravía, la de las mil tabernas y una sola librería?
Ese dicho se lo aplican a muchas ciudades. A Málaga no solo la acechó la filoxera, también su industria fue decayendo por diversas causas. Pero, por fortuna, la rueda de los días es rueda y está de vuelta. Ahora, es una ciudad con una oferta aún deslavazada pero potentísima, a la que le falta la pata de la formación y soporte teórico. Y eso se puede mejorar. Si tuviera que actualizar ese dicho, la podría definir como 'Málaga, una ciudad de cultura a la medida del hombre'.

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