Crónicas de la ciudad
Los vándalos toman parte de la estación Victoria Kent
El segundo pabellón, junto a la urbanización Barceló, luce gigantescas pintadas, cristaleras apedreadas y paneles destrozados

Estado en el que se encuentra parte de la estación de Victoria Kent. / Patricia Moreno
En la famosa ‘Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano’, que acaba de publicar en edición abreviada Alba Editorial, Edward Gibbon nos recuerda que el principio del fin del Imperio Romano comenzó cuando, en lugar de plantar cara a los bárbaros al otro lado del Danubio y el Cáucaso, se les permitió la entrada al imperio en cómodos plazos y hasta hacerse con una de sus regiones.
A los bárbaros -lo podemos comprobar en los últimos días, cuando vemos a tanto bípedo robando y arrasando Barcelona- no hay que darles ni agua, ni mucho menos jalearlos con la mezquina excusa de que son de tu cuerda.
En España, desgraciadamente, somos muy raros y muchos de nuestros políticos se vuelven mansos ante impresentables vándalos y dictadores con la pueril excusa de que coinciden con su ideología.
Porque ¿cuántos representantes públicos que han criticado con dureza a un dictador como el general Franco han mirado con ojos comprensivos a otro dictador de libro como Fidel Castro? Al contrario ocurre exactamente lo mismo.
Con estos desconcertantes mimbres, uno ya no sabe cómo se tomarán nuestros maleables cargos públicos la minuciosa destrucción de la estación de cercanías Victoria Kent, junto a Nuevo San Andrés.
Desde luego, si en los animales de bellota que, sibilinamente, la están tomando al asalto existiera algún ignoto propósito antifascista o anticomunista, que nadie se sorprenda si alguno se muestra manso con la reata de mastuerzos.
Como sabrán, la estación cuenta con dos pabellones idénticos. El segundo de ellos, al que no acceden los usuarios y linda con un descampado junto a la urbanización Barceló, es el que se encuentra tomado por las tribus grafiteras, que además de dejar el precioso equipamiento como la parte de atrás de una nevera, se han dedicado a apedrear las cristaleras y a ir destrozando los paneles que cubren el lateral.

El lateral de la estación esta semana. / Patricia Moreno
Entre los bárbaros más bárbaros, los grafiteros ‘Koof’ y ‘Fikus’, que ya dejaron sus huellas de suevos en el muro de piedra de La Torrecilla, la casa de Enrique Van Dulken, entre otros muchos rincones.
Algunas de estas pintadas están datadas en 2020, así que los daños a esta moderna estación, inaugurada como quien dice ayer, en 2009, son recientes.
Los emperadores romanos la pifiaron con su benevolencia frente a los bárbaros. En 2021 nuestros políticos deberían haber aprendido la lección y no pasarles ni una a los bárbaros. Voten a quien voten.
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