No deja de ser un pequeño milagro que, después de tantas décadas de impetuosa construcción en la Costa de Sol y tras el paso del voraz Jesús Gil, en el término municipal de Marbella, no muy lejos de su casco urbano, todavía sobrevivan, en primera línea de playa, los restos de uno de los camping más antiguos de España, el Marbella 191 en la antigua carretera N-340.

Sus coquetos bungalós de los años 50, adaptados al terreno, fueron diseñados por una mujer emprendedora, Toñi Quiroga, y el camping Marbella 191, con su desaparecida portada llena de color, pasó por derecho propio a estar incluido en la famosa guía del ‘estilo arquitectónico del relax’ de la Costa del Sol, así como en la web n-340.org, que recoge los elementos patrimoniales andaluces de la famosa carretera.

El camping en sus primeros tiempos, con los bungalós al fondo, un trozo del Patrimonio de Marbella. Archivo familiar

Como contraste, el actual PGOU de Marbella no reconoce esta singularidad, pues la zona aparece calificada como urbana y los bungalós no cuentan con protección arquitectónica alguna.

«El camping nació de forma muy fortuita», cuenta esta semana por teléfono Silvia Quiroga, sobrina de la madrileña Toñi Quiroga, que tiene 94 años.

Su tía, explica Silvia, fue siempre una mujer muy decidida que tras la Guerra Civil decidió marcharse unos años a México a hacer las américas. En la aventura le acompañó su hermano Luis Quiroga, el padre de Silvia.

Toñi contrajo matrimonio con el orensano Antonio Abeijón, que tenía un negocio de exportación e importación de maquinaria ferroviaria. En los años 50, el marqués de Salamanca les invitó a pasar una temporada en Marbella. Al matrimonio le encantó el pueblo y decidieron comprar una parcela junto al mar, que se la proporcionó un guardia municipal que era corredor de terrenos, a 15 pesetas el metro cuadrado.

El propósito inicial de ambos fue construir una casa de invitados y un chalé y mientras se levantaba el primero y para supervisar las obras, decidieron instalarse en una caravana comprada en Alemania. «El único hotel que había entonces era el Marbella Club y estaba lejos, por eso pusieron la roulotte en la parcela», detalla la afable sobrina.

La casa de invitados, a la izquierda, lo único que salió adelante del proyecto original del matrimonio Quiroga-Abeijón. Archivo familiar

Ese mismo verano, con las obras en marcha, unos turistas alemanes pidieron permiso a los propietarios para instalar su caravana o su tienda de campaña y, como efecto llamada, se fueron sumando más. «Entonces dijo mi tío que podían poner un camping y hacer en la parcela unos apartamentos. Pensaron además en mi padre para que viniera de Madrid a dirigirlo». A Luis Quiroga le acompañarían su mujer, Pilar Rico y sus dos hijos. Silvia nacería en el Marbella 191.

Aunque algunas informaciones señalan que abrió en 1956, Silvia Quiroga precisa que fue en el 57. En cualquier caso, fue uno de los primeros camping abiertos en España, un equipamiento de ocio ya popular en Europa pero tan desconocido en nuestro país, que cuando Toñi Quiroga fue a comunicarlo al Ayuntamiento de Marbella nadie sabía de qué hablaba y también hubo que dar muchas explicaciones a la hora de pedir la licencia en el Ministerio de Turismo en Madrid.

Toñi Quiroga, que con su marido había ido en coche desde México hasta Nueva York y estaba llena de ideas, se hizo cargo del diseño arquitectónico.

Pilar Rico, esposa del director del camping, Luis Quiroga, con su cuñada Toñi Quiroga en las instalaciones. Archivo familiar

Como detalla el creador malagueño Ricardo León Cordero, Toñi Quiroga «no sólo importó a nuestro país una nueva concepción del turismo basado en el raso, sino también un estilo arquitectónico en auge -el ‘googie’- que en California estaban encarnando los principales monumentos de la vanguardia capitalista: gasolineras, ‘dinners’ y boleras».

El Marbella 191, abierto todo el año, acogía a un buen número de turistas extranjeros y, en su mayoría, de Gibraltar.

Precisamente, el aumento de la tensión política con el Peñón, algo que terminaría provocando el cierre de la verja en 1969, hizo que en 1967, ante la disminución del turismo llanito, los Quiroga-Abeijón vendieran este pionero y coqueto camping a la familia marbellí Lavigne, con lo que el Marbella 191 prolongaría su existencia hasta 1996. Silvia calcula que fue tras la venta cuando se instaló la fastuosa portada de colores.

El primer director del camping, Luis Quiroga.

El primer director del camping, Luis Quiroga. Archivo familiar

Después de vender el Marbella 191, Toñi Quiroga y Antonio Abeijón compraron una gran casa y tras unos años la vendieron a unos extranjeros que montaron el Centro Forestal Sueco. Con ese dinero compraron una loma (La Montua) y allí se hicieron una casa de estilo tirolés. El resto del terreno lo fueron parcelando.

Un estilo ‘nuestro’

A Silvia Quiroga le parecería «fenomenal» que los bungalós supervivientes de los años 50 pudieran preservarse .

De la misma opinión es el profesor de Historia del Arte de la UMA, Francisco Rodríguez Marín, que destaca de estas construcciones «sus viseras prolongadas, las terrazas orientadas hacia el mar y el escalonamiento que les permitía tener vistas».

El experto subraya «la singularidad del estilo del relax porque es nuestro, no existe en otros puntos de España, fue fruto de la llegada de la modernidad a la Costa del Sol, en plena efervescencia del estilo internacional, pero adaptándose a la imagen de ocio desenfadado que se quería proyectar de cara al turismo». «Ahora que se están dando los primeros pasos para que la Costa del Sol tenga un Museo del Turismo, este tipo de elementos se revalorizan»,añade.

A juicio del profesor, «las administraciones deben entender que el patrimonio va más allá de la monumentalidad y la antigüedad».

El Ayuntamiento de Marbella no ha contestado a las consultas de esta sección.

Los bungalós de los años 50 y sin protección arquitectónica, en una foto reciente. Ricardo León