25 de abril de 2015
25.04.2015
La mirilla

¡Disidentes!

25.04.2015 | 01:05

Si no han visto La vida de Brian, ya están tardando. Sobre todo para entender las siguientes líneas y comprender por qué me parece que las políticas europeas en materia de inmigración me parecen un sketch de los Monty Phyton. Parecerá frívolo equiparar una tragedia tan tremenda, como la vivida en el Mediterráneo desde el fin de semana pasado, con el humor absurdo y desternillante de los ingleses, pero no tanto si se compara la forma de actuar del Consejo Europeo y de las jefaturas de los estados implicados con la de, agárranse, el Frente Popular de Judea. Cambien corbatas y trajes caros por túnicas raídas, pero la forma de actuar es exactamente la misma. En la película, su protagonista, Brian, entra a formar parte de una organización que lucha para conseguir la liberación del pueblo judío de la opresión de los romanos. Ni el Frente Judaico Popular, ni el Frente Popular del Pueblo Judaico. El Frente Popular de Judea. Una vez en la organización, Brian es capturado por los romanos en una incursión y la cúpula del partido, ante tal emergencia, suspende su reunión para lograr la supremacía mundial en cinco años (tal cual) y elaborar un plan de rescate del compañero en apuros. «¡Hechos, acción!» «¡Lo que cuenta es la acción, no las palabras!» Y, dicho y hecho. Se ponen manos a la obra... a redactar una moción de estudio inmediato. «Presento propuesta de acción inmediata...», comienza John Cleese en lo que es un ¡zasca! a la actividad política de entonces –la película es de ¡¡1979!!– y a la de ahora, porque ya me dirán ustedes a mí cómo es posible que se tarden hasta cinco días en decidir mantener una reunión en Bruselas para, el pasado jueves, decidir triplicar los medios para vigilar las costas del Mediterráneo. Parece que en Europa cuesta menos pasar a la acción en asuntos de índole económica que para descolgar el teléfono y dar una voz de alarma ante tal episodio de desesperación y desesperanza y que no es –y eso bien lo sabemos en Andalucía– ni mucho menos nuevo. Y eso lo sabe desde Donald Tusk hasta Pijus Magníficus.

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