07 de mayo de 2017
07.05.2017
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Podemos contra el PSOE

07.05.2017 | 05:00

El orden de los factores altera el producto. Podemos contra el PSOE o El PSOE contra Podemos escenifica la duda sobre cuál de los contendientes ostenta el título de campeón, y cuál lanza el desafío desde la condición de aspirante. Los socialistas han perdido el liderato de la izquierda en numerosas comunidades. Cuando los propios cuadros de Pablo Iglesias reconocen que la disparatada autocrítica caníbal ha estancado su proyección, cabrá preguntarse por los pecados de un socialismo que se entregó a Mariano Rajoy y sigue perdiendo votos en el intento.

El bofetón de respuesta de la comisión gestora del PSOE, descolocada por la moción de censura de Iglesias, ha sido interpretada como la recuperación de la iniciativa por parte de los socialistas. Se ha felicitado la contundencia, es decir, la imitación del lenguaje de Podemos para enfrentarse a Podemos. Ahí está la réplica de teleserie enjaretada al mesiánico proponente. «Pretendes regresar como salvador a la escena del crimen».

El PSOE se encuentra incómodo porque nunca imaginó verse en la tesitura de responder en régimen de igualdad a un rival levantisco que le planta cara desde la izquierda, disputándole la supremacía. De ahí que se encuentre más a gusto abrazado al viejo enemigo del PP. El socialismo se hunde en la nostalgia, alarmado por la creciente irrelevancia de sus tesis hermanas en Francia, Estados Unidos o Gran Bretaña.

El declive no es irreversible, pero en política no existe el futuro, ni siquiera el pasado. Ayuno de triunfos, el PSOE se refugia en las excusas. Contra Podemos se han ensayado todos los venenos y variedades artilleras. Han funcionado en la contención de la indignación emergente, pero no en la aniquilación garantizada por los promotores de la dinamita. Los votantes de izquierda no han protagonizado una escapada turística a fronteras exóticas, un contingente reseñable de los integrantes del éxodo se han afincado como residentes.

El PSOE es un partido que nunca ha necesitado mirar a su izquierda. Ni para satisfacer sus inquietudes, ni mucho menos para protegerse de sus embates. Jamás contó con un vecino de la importancia suficiente para cargarlo de reproches. Y de repente, germina un monstruo retador en el solar adyacente. Podemos triplica ampliamente el mejor marcador parlamentario de Izquierda Unida, que además se remonta a las cavernas de Julio Anguita. La hegemonía socialista se basaba en una frustración disgregada.

La nota de rechazo de la comisión gestora parece redactada por Alfonso Guerra, pero por el Guerra actual. En los setenta/ochenta, el prestidigitador de la injuria habría despachado las pretensiones sucesorias de Iglesias de un papirotazo. «Si todavía no lo has entendido creo que va a ser inútil» dista de ser una frase digna de Quevedo. Encaja mejor en un melodrama de Hollywood con aspiraciones al Oscar en la categoría de weepies, o producciones lacrimógenas.

Ante el rediseño de la geometría parlamentaria, el PSOE ha elegido el sendero que habría vaticinado Freud, que también es el camino más fácil. Se ha dedicado a culpar a Podemos de los pecados socialistas. Por ejemplo, al recordar a Iglesias por boca de la gestora que la continuidad de Rajoy «no hubiera tenido lugar si el partido que diriges hubiera permitido un Gobierno alternativo». Olvida que los titiriteros del socialismo ordenaron a Pedro Sánchez que pactara con Ciudadanos antes de seducir a su izquierda. Con el pequeño detalle de que Podemos doblaba ampliamente en escaños a Albert Rivera, por lo que la lógica aconsejaba dirigirse al socio mayor antes que al menor.
La gestora del cariacontecido Javier Fernández debe resolver una pregunta elemental. Si dispusiera de la oportunidad de atrasar el calendario al pasado septiembre, ¿volvería el PSOE a escenificar la orgiástica decapitación de Sánchez, que ha acabado por crear un mito de ida y vuelta, o recurriría a procedimientos más elegantes? Con el retrovisor, la ceremonia de octubre de 2016 en Ferraz equivale a que Abraham hubiera desoído las instrucciones de la divinidad sobre la ejecución de su hijo Isaac, por enarbolar otra estampa freudiana.

El duelo del PSOE contra Podemos o viceversa es el sueño del PP. Líderes socialistas de nula extravagancia como Josep Borrell recuerdan que un futuro Gobierno de la izquierda pasa por una alianza entre ambos partidos. Susana Díaz exhibe a esposo y retoño, signo de desesperación. La gestora versifica contra Iglesias, el impaciente también divino.

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