07 de julio de 2018
07.07.2018
Porque hoy es sábado

Escuchar el mar

07.07.2018 | 05:00
Una imagen del Weekend Beach.

Sí, hombre. Vas a coger a tu familia, vas a enganchar la caravana y vas a alquilar una parcela en el estupendo camping de Almayate, bajo los árboles, junto al Mediterráneo de la que el Nobel llamó ciudad del Paraíso, vas a relajarte y, por fin, vas a escuchar el mar€ ¡Por los cojones!

Tun Tun Tun Tun Tun...


No duden de que, antes de escribir el plural de cojón, he comprobado tanto su acepción como voz del español en la RAE, como la aceptación del significado que tiene la expresión popular «¡por los cojones!», utilizada para expresar con marcada ironía la imposible consecución de algo a lo que aspiramos. Pues eso, que por los cojones ibas tú a escuchar el mar la tarde, la noche, la madrugada del jueves, pese a disfrutar de una temperatura maravillosa para descansar -a diferencia del bochorno que hizo en la capital-, con sólo dejar las ventanas de la caravana abiertas o descorrer las cremalleras de las tiendas de campaña para que entrara el aire; rodeado de familias que vienen del interior buscando lo mismo que tú y de parejas ya jubiladas que vienen del frío para tararear, bajito, en sus respectivos idiomas, mirando al mar soñé. No dejó de tronar, con su pulso matemático y minimalista, esa música electrónica que conduce al paroxismo a quienes se envuelven en sus decibelios, ahogando al mismísimo oleaje -y más cuando cambió el viento de madrugada-. Sólo entonces comprendiste en su verdadera dimensión, aunque ya era tarde, el titular de La Opinión de ayer con la crónica sobre el éxito de la quinta edición del Weekend Beach Festival: «Torre del Mar esta semana no duerme».

Dame más


Y luego vendrán las Ferias y su eco más o menos cercano. Aunque se entiende que las celebraciones populares están consolidadas en el tiempo, son idiosincrásicas, participativas y aceptadas en la previsión del calendario local año tras año. Bien es verdad que hay gente pa tó y, legítimamente, también pa ná. Pero el eco de los decibelios del chunda chunda que acompaña a los cacharritos, en casi todos los casos, no martillea con la misma impiedad que estos macro conciertos ni se extiende hasta tan altas horas de la madrugada. Excepto que vivas en un coche choque. No se entiende bien, de todas formas, por qué, sobre todo en la zona de las atracciones para niños más pequeños, las megafonías están tan desaforadas y la selección musical es, en ocasiones, tan inadecuada. He llegado a subir a mi niño en el tiovivo escuchando dame más dame más por ahí por ahí a ritmo de reguetón.

Calle del infierno


Tenemos extrañas maneras de divertirnos por estos lares, de aprovechar el tiempo que se nos ha otorgado entre los vivos. Petamos los restaurantes, por ejemplo, donde nos resulta más fácil oír las conversaciones de las mesas que nos circundan que la nuestra. No es que sea necesariamente mejor hablar como los personajes de Dreyer o Bergman cuando se les ve reunidos en el salón de las casas o en la iglesia, casi siempre tan nórdicos y a media voz. Pero resulta extraño que nos guste ir de copas -cuando no buscamos sólo ligar y nada más que ligar, lo juro- a lugares donde hablar por encima de la música jamás es prueba superada y de donde solemos salir con las cuerdas vocales en huelga. Habría que pensarse bien, a la hora de decidir con qué cebo económico atraemos al personal a nuestras localidades, si los celebrados macro conciertos que ponen a 40.000 jóvenes a bailar sin parar toda la noche bajo el cielo del lugar son, a medio y largo plazo, una bendición celestial o sólo prolongar la calle del infierno hasta la obligada -en pleno verano- ventana abierta de tu habitación.

Feria de cuento


Los que van flipan. Pero los que viven al lado, no. Los que vienen a quedarse unos días visitando tantos museos, gastando en los bares o los que insisten en el empeño de escuchar el mar, tampoco. Y, a propósito de Feria, será una alegría ver este agosto abanderar la feria de mi ciudad, Málaga, a Andrés Olivares (y a su hijo Luis, que siempre vive en su corazón). Me gusta mucho la elección del abanderado. Y a mi niño y a mí también nos gusta el cartel elegido este año, ilustrado con técnica 3D por el arquitecto malagueño Carlos León Sánchez, con sus colores pasteles y su aire de juguetería de cuento. Ojalá la vida fuera eso, un cuento con final feliz. Pero la vida es lo que es. Y eso es lo que hay.

Orgullo de primarias


Por eso las primeras primarias del PP han salido como han salido. Pero quizá no se les ha dado la importancia real que tienen para un país que, mejor o peor, está dando lecciones de democracia y generosidad moral al resto del mundo. Ya no quedará un partido sin primarias en España, tan perfectas e imperfectas como la propia democracia. Anteanoche estuve viendo programas de televisión generalista protagonizados por personas orgullosas de ser del colectivo LGBTI y ni pude ni quise evitar asombrarme, para bien, de semejante normalización. Celebrémoslo, aunque defender los derechos siempre se conjugue en gerundio... Porque hoy es sábado.

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