27 de marzo de 2019
27.03.2019
El Palique

Robo en alta mar

Recuperan un cuadro de Picasso sustraído hace veinte años en el yate de un jeque. Qué historión, señores.

27.03.2019 | 05:00
El cuadro ´Busto de mujer´, recuperado en Ámsterdam.

Han localizado en Ámsterdam un cuadro de Picasso robado hace 20 años en Francia. Busto de mujer, sustraído en 1999 del yate de un jeque saudí, tenía un valor de 4 millones de euros cuando desapareció y ahora podría rondar los 25. Los argumentos para una novela lo asaltan a uno por todas partes. De buena mañana, abres la computadora tras el segundo sorbo de café y ahí está. Novelón en ciernes. Ese yate, ese jeque quizás un tanto orondo. Con la panza desnuda en cubierta con un zumo en la mano y unos gafones de sol que tras mirar (otear, vamos a poner otear que es más marinero y literario) el horizonte baja a una de los camarotes y se pone a mirar ese Busto de mujer, un retrato pintado por Picasso en 1938 que representa a Dora Maar, artista francesa amante del pintor malagueño. Maar en alta mar, diría un atolondrado redactor con ínfulas de ingenioso.

La de peripecias que habrá vivido el cuadro. Lo que habrá visto. Por las manos que habrá pasado. Y por los ojos. El protagonista es el cuadro. Habría que contar el robo, claro, peliculero, un asalto al yate en plan pirata, hombretones fortachones vestidos con pantalón negro y jersey negro de cuello alto y botas negras con pasamontañas, el jeque demudado, la tripulación atribulada, pis, pas, pistolas que apuntan, todo de repente, todo en un momento, abordaje. Sí, eso hay que contarlo, pero también la génesis de la obra, el estudio de Picasso en 1938, París, España en Guerra, el genio con el encargo ya del Guernica, tal vez una mañana resacoso por la absenta en el café de Montmartre.

Ochenta años tiene el cuadro, «más viejo que un núo», diría un personaje deleznable e inculto, un macarra, que siempre queda bien en según qué novelas. Pero ese personaje sería reconvenido por una culta marchante de arte, elegante y distinguida, que opinaría que el cuadro es antiguo, no viejo, valiosísimo y obra cumbre del pintor. No sé por qué se dice obra cumbre cuando la obra es buena y no se emplea obra valle cuando es mediocre.

El cuadro vivió la Segunda Guerra Mundial, la guerra fría, el nacimiento de la UE, las eurocopas, Mitterrand, Betty Missiego en Eurovisión, el Nápoles que ficha a un Maradona no tan en decadencia, el brexit, en fin, toda una vida, no les voy a contar ahora la historia de Europa. Tal vez una vida no exenta de momentos espeluznantes, como, a lo mejor, un día en un mercadillo que un niño con las manos manchadas de helado de chocolate se acerca y está a punto de manchar el cuadro. Lo salva in extremis un estudiante de arte cojo y con quevedos que cree que es una lámina sin mucho valor y se lo regala a la hija de un diplomático belga con gota por el exceso de marisco (el diplomático, no la hija) que lo cuelga en su casa por dar gusto al estudiante, si bien el estudiante cojo y miope preferiría que la belga le diera gusto por otros procedimientos. La casa de los belgas que se vende, el tipo que compra, el cuadro que allí se queda, el comprador que se da cuenta del temita, lo vende, se revende, hay otra subasta. Peripecias, o sea, novelescas, cuadrísticas, habría que decir, Busto de mujer de aquí para allá, Dora Maar mareada, marejadilla, alta Maar.

Y ahora qué va a ser del cuadro, claro. Y el caso es que el cuadro, y esto es real, ha circulado como moneda de pago en los bajos fondos desde 2002 a decir de Arthur Brand, un detective especializado en hallar obras de arte. Todo un arte, menudo personaje el Brand, ahí está el tío, la Maar de contento con el hallazgo. Continuará.

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