29 de marzo de 2019
29.03.2019
El ruido y la furia

Censores del pasado

Eso que dicen de que el perdón en lo único capaz de arreglar el pasado es una hermosa metáfora con tal que fuera cierta

29.03.2019 | 05:00

A lo mejor va a resultar que esta primavera que alza azules levantes, que mete prisa a las mañanas y fomenta la prolongación de las tardes, es una criminal terrible y pasados unos siglos va a tener que pedir perdón al invierno por haberlo arrinconado, por haber conquistado sus predios y haber hecho aflorar bungavillas como la de mi patio, que ya llena de púrpura y de bermellón el paisaje rectangular de la ventana.

A lo mejor no solo la primavera, sino todo lo que existe en el universo mundo tiene que pedir disculpas, solicitar el perdón, hacer contrición por lo ocurrido, por lo dicho y por lo hecho, y confiar en ser exonerado, porque solo así quedará el mundo revisado y correcto, listo para la exigente revista de este absurdo tiempo nuestro en el que creemos que todo es revisable porque disponemos de la divina facultad de corregir a los abuelos, esos bárbaros.

Eso que dicen de que el perdón en lo único capaz de arreglar el pasado es una hermosa metáfora con tal que fuera cierta. La historia es la que es y no siempre la que nos cuentan, por más que se empeñen los nuevos censores del pasado, esos que están construyendo una suerte de 'historia ficción' en la que basar sus pretensiones de hacernos sentir culpables de estar vivos. Aristóteles, que lo supo todo, nos lo dejó claro ya en su Poética al afirmar que «el historiador y el poeta no difieren por contar las cosas en verso o en prosa. La diferencia estriba en que uno narra lo que ha sucedido, y otro lo que podría suceder. De ahí que la poesía sea más filosófica y elevada que la historia». Expresado «al itálico modo», como hubiera dicho Garcilaso, la cosa se nos queda en ese hermoso proverbio de «se non è vero, è ben trovato», que traducido resulta que si no es verdad, está bien contado.

Y ese es el fondo de la cuestión, que está bien contada la leyenda negra española en América, la del exterminio, la de la dominación, el cuento del buen salvaje (que casi todo el mundo se ha creído) vencido y asesinado por el «torvo conquistador», por usar palabras de Neruda. Y como está bien contada aunque «non è vera», pues todo el mundo la da por buena y a su amparo se puede reclamar un qué sé yo de disculpas y perdones pasados más de cinco siglos de todo aquello, de cuando el mundo era tan terrible y tan violento como lo ha sido siempre y como sin duda lo es hoy mismo.

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