15 de enero de 2020
15.01.2020
memorias en blanco y negro

«Illa, illa, illa, Juanito Maravilla» (1)

"Como jugador Juanito era listo, hábil, intuitivo y rápido. Junto a Santillana y Camacho se convirtió en el líder del vestuario"

15.01.2020 | 05:00
«Illa, illa, illa, Juanito Maravilla» (1)

Todos los seres humanos somos iguales ante Dios, o al menos eso es lo que predica el Santo Evangelio según los apóstoles que siguieron a Jesucristo en sus 33 años de vida. Pero yo me atrevería a decir que eso no es del todo cierto ya que sí que existen personas que pueden llegar a estar, aunque sea un poquito, por encima del resto hasta llegar a convertirse en auténticas leyendas en cualquier ámbito de la vida.

Mi devoción por el balompié de otra época casi que no me permite ser objetivo en vistas a lo que se ha convertido en la actualidad el antaño respetado noble arte del fútbol, prostituido hasta límites insospechados. Por mucho que me intentan inculcar que Messi y Cristiano son los mejores de la historia, a mí no hay quien me saque de don Alfredo Di Stéfano, Pelé y Maradona. Pero si estos son considerados por mí como los verdaderos malabaristas del balón, cuando hablamos de procesar amor «verdadero» a unos colores y un sentimiento inusual hacia una institución deportiva, el primero de mi lista sin lugar a duda es don Juan Gómez González.

Nació a orillas del Mediterráneo un 10 de noviembre de 1954, como dice aquella canción de Serrat convertida en himno con el paso de los años... Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa y escondido tras las cañas duerme mi primer amor. Llevo tu luz y tu olor por dondequiera que vaya y amontonado en tu arena guardo amor, juegos y penas..., donde al son de sus templadas aguas, el joven e intrépido Juanito comenzaría a dar sus primeras patadas al balón. Primero en el Aspes CF y posteriormente en el CD Los Boliches, antes de que a los 14 años hubiese de despegarse de su familia en busca del sueño de ser futbolista en la ribera del Manzanares, donde y sin haber alcanzado aún la mayoría de edad, debutaría en las filas del Atlético de Madrid en la temporada 1972-73 en un partido amistoso ante el Benfica. No fue el debut soñado ya que en el primer balón que tocaría, sufriría una fractura de tibia que terminaría prematuramente con su periplo por el club rojiblanco.

Cuando todos pensaban que su carrera estaría prácticamente acabada apenas comenzada –el único que creía en él era él mismo–, en agosto de 1973 ficharía por el Burgos donde verdaderamente se rodaría como futbolista de alto nivel. Tras ganar el campeonato de Segunda División en la temporada 1975-76, se produciría su ansiado debut en la máxima competición nacional. Entre ceja y ceja únicamente tendría señalada la fecha del día 5 de diciembre de 1976, donde una inconmensurable actuación suya valdría para que el equipo burgalés derrotase a domicilio al todopoderoso At. Madrid por 0-3. Aquella magistral lección de futbol le catapultaría hacia el estrellato, tanto que aquel mismo año sería galardonado con el premio de mejor jugador del año que otorgaba la prestigiosa revista Don Balón.

Los cantos de sirena le llegarían desde Barcelona y también curiosamente del propio conjunto colchonero donde juró y perjuró que no volvería jamás. Fue finalmente el Real Madrid, cuan flechazo a primera vista se tratase, quien conquistase su corazón en diciembre de 1976, dando comienzo así la historia de amor más pasional que jamás haya existido entre un futbolista y el club de Concha Espina.

Aquella muestra de afecto pronto calaría muy hondo en toda la afición blanca, la cual le convirtió con el paso del tiempo en su gran emblema, llegando a verlo como si de una extensión de ellos mismos sobre el terreno de juego se tratase. Era capaz de defender a su equipo a capa y espada, incluso por encima del bien y del mal lo que cautivó a todo el madridismo durante las 10 temporadas, de 1977 a 1987 que permaneció en el club.

Como jugador Juanito era listo, hábil, intuitivo y rápido. Junto a Santillana y Camacho se convirtió en el líder del vestuario. Con el Madrid levantó cinco Ligas y tres Copas del Rey. Disputó cuatro finales europeas. La primera fue la final de la Copa de Europa de 1981, que ganó el Liverpool. La segunda la final de la Recopa de 1983 siendo el verdugo en esta ocasión el Aberdeen escocés. Las dos últimas fueron la Copa de la UEFA de 1985 y 1986 ganadas al Videoton húngaro y al Colonia alemán, respectivamente.

En la temporada 1983-84 se proclamó Pichichi de primera división, junto a Jorge da Silva del Valladolid con 17 goles, para un total de 86 durante los 285 partidos de Liga que disputaría como madridista.

Juanito había alcanzado la cima del fútbol y el corazón de su afición. Su pasión por el club y sus gentes, más allá de los grandes logros, lo encumbraron a ser considerado el «dios» del madridismo, motivo por el cual su hinchada le dedicaría uno de los cánticos más populares de su historia y que a día de hoy, aun habiendo transcurrido más de 3 décadas desde su marcha de la institución blanca, siguen entonando a los 7 minutos de cada partido–número que lució el fuengiroleño durante su paso por el Real Madrid­ - aquello de ¡ILLA, ILLA, ILLA, JUANITO MARAVILLA!

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