Kiosco

La Opinión de Málaga

Mel Otero

La Libreta del Duque de Chantada

Mel Otero

Buscando el suelo

Alberto Díaz penetra a canasta en el partido del miércoles ante el Baxi Manresa. Álex Zea

Cuando parece que no se puede caer más, Unicaja consigue hacerlo otro poco. Y la verdad, después de escuchar a Ibon Navarro al finalizar el último partido en el Carpena, en Lugo podemos vivir un autentico esperpento baloncestístico. Pocas veces he visto a un entrenador hacer un análisis tan duro y tan pausado de su plantilla, y lo peor de todo es que creo que tiene razón. Lo que se está viviendo en Málaga semana tras semana no es digno de un equipo profesional y no lo digo yo: «Necesitamos jugadores que sepan que pueden ayudar sin anotar puntos», «Cuando no meten se olvidan de que nuestro problema no estaba delante, estaba detrás», «Hay demasiada gente pensando en sí misma», «Tenemos que ser profesionales y saber quién nos paga… el respeto por la profesión y la camiseta que llevamos. Si valoramos lo privilegiados que somos, tendremos que salir a competir. Sabemos que algunos, el máximo que pueden dar es muy bajo» o «El estado de la plantilla con tantos jugadores que acaban contrato no ayuda a empujar en favor del compromiso». Esto a sumar a todo lo que dijo esta temporada de esta misma plantilla Fotis Katsikaris. Vamos lo que vulgarmente se dice… Todo un cuadro. Lo mejor que le puede pasar al club este verano, y creo que los tiros van por ahí, es contratar una excavadora y arrasar con todo el solar para comenzar a construir desde cero. Es el momento de llegar al suelo para poder crecer.

La apuesta del club por los jugadores nacionales y el talento ha resultado fallida. No valen excusas. Esas voces que se empiezan a oír en algunos foros de que el equipo ha perdido 12 partidos en los últimos segundos y que ganando la mitad estaría en el play off no vale, porque la realidad es que si caes tantas veces no es cuestión de suerte, es un problema de falta de jugadores ganadores que no les tiemble el pulso en los minutos finales y que sepan ganar partidos. Un equipo con mucho talento ofensivo pero con muy poco talento diferencial. Un equipo con muchos jugadores que piensan en botar y botar para buscar su tiro, o en fintar buscando su penetración, o en dar un pase lateral para que les vuelva la pelota pero nunca tienen como primera opción dar un pase rápido para que el compañero gane una ventaja. El mejor ejemplo de la diferencia entre una cosa y la otra es ver los partidos de este año entre el Unicaja y el Baxi Manresa. Individualismo frente a colectivo. Y el colectivo, probablemente con menos talento, arrasó al individualismo.

El «efecto gaseosa» de la llegada de Ibon, Kravic, Mooney o Cameron tapó por momentos las carencias del equipo y nos hizo creer que era posible hacer un gran final de temporada pero pasada la novedad, todos los defectos han vuelto a salir a la luz multiplicados por dos. Y la única realidad es que el equipo puede acabar la temporada sólo con una victoria más que uno de los equipos que descienda a la LEB Oro y sin competición europea para la próxima temporada. Esta es la realidad.

No es tiempo de lamentarse, el pasado es pasado, es tiempo de tomar nota y no olvidar lo que ha pasado para formar el equipo de la próxima temporada. Primero el entrenador y después un equipo que se adapte a las exigencias que tiene el entrenador y el club. En esto ya se está trabajando. Y también espero que se este trabajando mucho en el mayor talento que ha tenido este equipo desde Domas Sabonis, Yannick Nzosa. El propio jugador lo comentaba hace unas semanas y el jueves lo hizo su entrenador: «Tiene una autoexigencia demasiado alta, una tolerancia al error muy baja, y es un jugador que si falla, se queda estancado ahí». No es un trabajo fácil pero entre todos tenemos que ayudar a Yannick, primero a la persona y luego al jugador.

Compartir el artículo

stats