Cuando compramos un rollo de papel de aluminio y lo desenrollamos, nos damos cuenta de que la parte de fuera del mismo es brillante, mientras que la interior es mate, algo que no tiene que ver con la estética, sino que posee una función.

De manera automática, cuando envolvemos un bocadillo siempre dejamos la parte brillante por fuera, quizá por costumbre o porque está en el exterior cuando lo estiramos, aunque aquí da lo mismo dónde se sitúa cada una de las capas.

Si queremos, podemos envolver el bocadillo con la parte mate hacia afuera sin problemas, pero eso no sucede cuando empleamos este material en el horno, en donde lo colocamos con el fin de mejorar la cocción, evitar que algunas partes más delgadas se quemen, etc.

Otra razón que nos lleva a utilizarlo es que podemos cocinar sin grasas, consiguiendo que los alimentos se hagan en su propio jugo y sin que se mezclen los sabores en ningún momento.

Su cara brillante refleja la luz y el calor, así que siempre hay que poner esta hacia adentro cuando empleamos el papel de aluminio para hornear, ya que así vamos a obtener mejores resultados.

Lo solemos hacer al contrario por inercia o costumbre, pero hay que tener cuidado y colocarlo como hemos dicho, aunque es cierto que si nos confundimos no pasa nada.

¿Qué otros usos tiene el papel de aluminio?

Aunque siempre lo tenemos a mano para envolver los alimentos o con el fin de que no se enfríen demasiado, lo cierto es que tiene muchas más funciones útiles en nuestro día a día.

Por ejemplo, cuando las tijeras ya no cortan, si doblamos unas cuantas veces el papel de aluminio y hacemos varios cortes con las tijeras, notaremos cómo se afilan enseguida.

También ayuda a que los cubiertos queden brillantes, situando el papel de aluminio en el fondo de un recipiente que llenamos de agua y al que le ponemos sal. Si dejamos un par de horas los cubiertos ahí saldrán relucientes sin necesidad de frotar.