A media voz

Un error, una pena

05.07.2015 | 05:00

Al parecer, una de las exigencias de Ciudadanos al PP para otorgarle su apoyo de investidura después de las elecciones municipales, ha sido la de cerrar el Instituto Municipal del Libro de Málaga. Con argumentos pueriles y un completo desconocimiento de lo que éste representaba dentro y fuera de nuestra ciudad, va a ser clausurado cuando se complete la programación de este año natural.

En Málaga el IML ha realizado una labor de dinamización cultural relacionada con los libros espectacular y muy por encima del escaso y menguante presupuesto que tenía asignado. Pura magia, es decir, gestión llevada a cabo con el mayor de los aciertos, la mayor de las cualificaciones y la mayor de las inteligencias. Recordemos algunas cifras que ya se repasaron cuando hace unos meses se cumplieron los diez años de su creación: casi 700 invitados, más de 100 autores que han participado en el programa de Fomento a la Lectura en institutos y centros de enseñanza media, 25 libros de la colección «El violín de Ingres», 35 pliegos de poesía conmemorativos del ciclo «La esquina interior», ediciones y coediciones (Edgar Neville, Gerald Brenan, Jean Cocteau, Alejandro Sawa, Jane Bowles, poesía emergente, etc.), varios años de celebración de seminarios de gran éxito como el de «Poesía del rock», clases magistrales (Mario Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Alfredo Bryce Echenique, Luis Alberto de Cuenca, Rafael Argullol, Rosa Regás, Antonio Soler, Clara Janés, Luis Antonio de Villena, María Victoria Atencia, Pablo García Baena, Alfonso Canales, etc.), el éxito internacional de los actos consagrados en Málaga y en Tánger a las figuras de Jane y Paul Bowles, congresos sobre José Ortega y Gasset, Jean Cocteau, Ernest Hemingway, el futurismo o Rafael Pérez Estrada, los muy consolidados y prestigiosos premios Málaga de novela y de ensayo, su participación en la Feria del Libro, etc.

Fuera de Málaga, además, el IML es (o era) admirado e incluso envidiado por ser el único con estas características en toda España, algo que hemos podido comprobar infinidad de veces los que tenemos la suerte de movernos con frecuencia a lo ancho y a lo largo de nuestra geografía patria. De hecho, el IML era, para nuestra ciudad, ahora que todo se mide por el baremo y la repercusión de las marcas, una impagable publicidad en positivo de los valores que la marca Málaga pretende reflejar y resaltar. Su defenestración será, por lo tanto, una mancha en el logo inmaterial de esa marca, un baldón para Málaga que será muy difícil de explicar y de justificar.

El IML ha sido y es Alfredo Taján, poeta, narrador con muchos premios importantes en su haber, comisario de exposiciones, articulista, gestor impecable. Alguien, como sabemos bien quienes nos consideramos amigos suyos, cultísimo, sabio, contagioso para lo mejor (el humor inteligente, las ganas de aprender, la tolerancia, la defensa del universalismo humanista, la ironía desmontadora de prejuicios), con un enorme sentido ético de la vida pública (qué pocos, por cierto, pueden decir esto hoy en día a uno y otro lado del espectro político), con una insólita capacidad de trabajo y además buena persona. Prescindir a la vez del IML y de Alfredo Taján es un doble error y una pena enorme. Málaga ha sido mejor de la mano de ambos. Málaga será mucho peor cuando desaparezcan, se quedará un poco huérfana. Y todo porque al señor de Ciudadanos, que apenas lleva 4 años en Málaga, se le ha ocurrido sin más, sin razones objetivas de peso, hacerle el chantaje al PP para que los elimine. Empezamos mal, muy mal esta legislatura. Qué rabia.

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