Desde la distancia

Uber y las reglas de Europa

29.12.2017 | 22:35

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) ha sentenciado que Uber, intermediario digital que se ha convertido en la pesadilla de los taxistas al revolucionar el negocio del alquiler de coches con conductor, es una empresa de transporte que debe ser sometida a la misma regulación que las demás. Se ha escrito que los efectos de tal resolución serán limitados en la medida en que no afectan sustancialmente al modelo de negocio que la multinacional estadounidense ya utiliza en España (utilización de conductores que disponen de la denominada licencia VTC). La Justicia Europea ha hablado y ha protegido en apariencia a los taxistas, aunque ello no puede ser una excusa para que ese y muchos otros sectores maduros remoloneen al abordar la imprescindible actualización que imponen los tiempos.
Pero el fallo tiene otro calado al suponer el primer pronunciamiento judicial que emana de la Unión Europea sobre la regulación de la llamada economía colaborativa. Concluir que Uber no es un mero tablón de anuncios sometido a las reglas del comercio electrónico, sino que debe estar sujeta a la normativa del servicio (el transporte) en el que opera de intermediario, puede ser interpretado como una expresión de cuál es la posición europea ante algunos de los negocios globales y disruptivos que está alumbrando el cambio tecnológico: una economía competitiva requiere innovación y abrirse a las nuevas formas de hacer dinero y de trabajar, pero al mismo tiempo el ordenamiento comunitario debe «proteger a los consumidores y garantizar una fiscalidad justa y unas condiciones de trabajo equitativas».

Esas palabras entrecomilladas son de Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión Europea, y las pronunció en junio de 2016 , cuando el ejecutivo comunitario formuló sus recomendaciones a los estados miembros a propósito de las incertidumbres regulatorias que genera la economía colaborativa, una manifestación del choque que ya se está produciendo entre lo viejo y lo nuevo en el contexto de lo que también se ha denominado el advenimiento de la digitalización y de la «industria 4.0». No es menor, a efectos fiscales, laborales, de responsabilidad ante los consumidores y también de rendimientos empresariales, que estas actividades queden sujetas en cada país a las normas del sector en el que operan en lugar de ser tratadas como entes que se limitan a prestar un soporte tecnológico (la aplicación que pone en contacto a conductores y usuarios en el caso de Uber).

El pronunciamiento de la UE, visto con una perspectiva global, nos distingue en esto, como en tantas otras cosas, de EE UU, donde la regulación (la ausencia de ella) estimula la expansión libérrima de las nuevas forma de negocio. Con las oportunidades y riesgo que ello entraña. De allí, y también de Asia, vienen los Facebook, los Amazon o los Google. Los nuevos monopolios que ha alumbrado la tecnología.

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