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Baloncesto. La crónica

Así se va a la Copa del Rey

El Unicaja, que necesitaba una gran victoria para despejar dudas, firma un partido notable y completo, y machaca al UCAM Murcia: 85-58 - Sergi Vidal jugó minutos de calidad y rompió el partido con 15 puntos, descaro y energía - Emotiva vuelta a casa de Berni Rodríguez

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Fran Vázquez y David Barlow luchan por conseguir la posición en la pintura.
Fran Vázquez y David Barlow luchan por conseguir la posición en la pintura.  Arciniega
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Rafael M. Guerra Bienvenido, Sergi. Justo cuando habían surgido los primeros reveses en el camino, cuando las derrotas ante Estudiantes, Baskonia y Siena habían sembrado con algunas dudas al equipo malagueño, Sergi Vidal salió ayer al rescate. Como lo hacen los grandes, como si fuera un fichaje en pleno mercado invernal, como un refuerzo deseado y ansiado, el alero catalán puso su rúbrica en su primer partido de «verdad».
Debutó ante el Prokom y jugó tres minutitos en Siena. Pero ayer, ante un UCAM Murcia que comenzó metiéndolo absolutamente todo desde el perímetro (14-18), el veterano apareció para mandar, templar, atacar y defender. Un triple, luego otro, una buena defensa, una asistencia, la tercera «bombita»... Y 11 puntos en 6:53 minutos, con 1/1 en tiros de dos, 3/3 en triples y una asistencia para 12 de valoración. Entró con el encuentro repleto de nubes y se marchó al banco con el despegue ya iniciado: 32-19 a 4:50 del descanso.

Llega Vidal de maravilla, como la paga extra de Navidad. Porque las trabas habían amenazado con dinamitar las estupendas sensaciones del comienzo. Viajes, partidos, urgencias, malas defensas... Y tres derrotas en los cuatro últimos partidos, ése era el panorama previo. Las voces de Jasmin Repesa se diluían en el poco corazón mostrado en Siena y en la dejadez de Vitoria.

Pero Vidal surgió, repleto de energía, y eso cambia el escenario. Hace de aspirina en pleno dolor de cabeza, de Almax cuando atacan los ardores. Alivia el juego exterior, aporta una rotación y hace mucho bien al equipo, porque es de los que derrocha actitud atrás y talento ante el aro contrario. Y, además, aparece con un Urtasun menos brillante que el del primer mes y medio, y permite para colmo que Simon tenga menos presencia en cancha y, por lo tanto, más frescura en momentos más complejos (18:57 minutos ayer).

Con Vidal se catapultó el Unicaja, que había señalado en rojo el partido ante el UCAM Murcia. No por la vuelta de Berni, sino por la importancia del triunfo de cara a su presencia copera.

Así que puso la directa y de los 15 arriba del descanso (45-30) pasó luego a los 21 (60-39) y de ahí a los 25 (61-46). Con Luka Zoric imponiendo su ley ante la lesión de Marcus Lewis, Williams dominando el partido como a él le gusta (10 puntos, 4 rebotes y 5 asistencias) y los gigantes verdes poniendo una tienda de gorros en su zona: Fran con tres, Zoric con dos y Gist con uno.

La ventaja final de 27 puntos (85-58) –llegó a ganar por 29 (82-53)– supone el triunfo más holgado de la temporada. Representa la victoria más amplia en lo que va de campaña, justo tras la mala racha de tres derrotas en cuatro duelos.

Volvió a brillar la defensa, el Unicaja estuvo fuerte en el rebote, se corrió y se pasó bien el balón.. y la suma de tantas cosas bien hechas permitió a los costasoleños alcanzar los 113 puntos de valoración (32 el Murcia).

Ni el propio Berni Rodríguez quiso estropear el festival cajista. A Berni se le erizó la piel en su presentación, se le encogió el corazón y también, por suerte para el Unicaja, la muñeca. «Me temblaron las piernas», admitió después. Berni se siente tan cajista, tan malagueño, tan integrante de este club, que no fue capaz de meterle un solo punto a su equipo de toda la vida, a la entidad que le enseñó a ser persona y hombre antes casi que jugador de baloncesto. Sin puntos, Berni se llevó una ovación sensacional al principio y al final. Y se marchó a Murcia triste por la derrota de su equipo, pero feliz por saber que, como bien le dijo en su día Braulio Medel, presidente de la Caja, ésta es su casa y puede volver cuando quiera.

Repesa tiene hoy motivos para estar contento, porque suma un triunfo importante para estar en la Copa y une a la rotación a Vidal. Comprobó, además, que Jiménez puede echarle una mano como falso «cuatro», aunque en Siena no lo viera claro. El equipo recuperó el arma con el que debe crecer: defensa. Gracias a eso dejó al rival en 58 puntos y logró el mayor margen en todo el curso. Balón de confianza que se aprecia a simple vista en los porcentajes de tiro del rival (59% en tiros de dos, 53% en triples y 82% desde la personal). Y que hay que trasladar ahora a Berlín.

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