Pese a que nunca pudo alcanzar a Vladimir Tachenko, el escritor William Faulkner, con su 1,65 de estatura, fue un gigante de la Literatura que nos dejó obras magistrales.

Una de ellas, ‘Las palmeras salvajes’, entronca -nunca mejor dicho- con una preocupante escena de inseguridad vial que no se la salta un galgo y de la que, comentan los vecinos a esta sección, ya está avisada la policía desde hace un par de semanas.

Hay situaciones, sin embargo, que no pueden esperar, y bien puede aplicarse otro título de Faulkner al protagonista de hoy, una palmera venida a menos: ‘Mientras agonizo’.

Porque en la Carretera del Campo de Golf una palmera dijo basta y se desplomó con tal mal tino que lo hizo en mitad de la carretera, de tal forma que obstaculiza una de las dos vías de esta calle de doble sentido.

De día el arbolito se vislumbra y el conductor puede driblarlo con relativa seguridad, aunque sea invadiendo el sentido contrario. De noche es otro cantar y el riesgo aumenta.

Acompañado por un par de vecinos, esta sección visitó el martes la zona y comprobó cómo esquivaban el ejemplar conductores de coches, furgonetas y ciclistas, sin olvidar el autobús de la línea 5 de la EMT.

Los vecinos denunciaron la situación hace unas dos semanas. A.V.

El caso es que la palmera en cuestión no es ningún árbol solitario. Se encuentra en una parcela rectangular frente al Parador de Málaga Golf Club que tiene detrás la MA-20 y que está atiborrada de palmeras.

Paco, vecino de San Julián, explica que estos terrenos palmeriles formaban parte de la finca de un granadino, ya fallecido, que sembró el terreno de palmeras, quizás con la idea de crear un vivero.

Con la llegada de la autovía le expropiaron buena parte de las tierras y quedó esta parcela, entre dos carreteras, que Paco desconoce si es propiedad de los descendientes del granadino o bien pertenece a la Demarcación de Carreteras.

En cualquier caso se encuentra atiborrada de palmeras canarias, que se han ido multiplicando con el paso del tiempo hasta formar una intrincada selva. Como esta especie es una de las favoritas del picudo rojo, no es descartable que el ejemplar desplomado lo haya sido por la acción del insecto.

Pero como explica Paco, incluso si se retirara de la vía, el resto de árboles forman una bóveda tan recia, asomada a la carretera, que los camiones y autobuses que la atraviesan tienen que meterse a la fuerza en el otro carril para evitarla.

Urge no sólo quitar el árbol sino también aligerar esta parcela de palmeras salvajes.