A las 8.40 horas de la mañana del 11 de septiembre de 2001, la misma en la que un feliz Nathan Glass, protagonista de la genial novela Brooklyn Follies, de Paul Auster, paseaba por Manhattan, dos aviones se estrellaron de forma consecutiva en las Torres Gemelas de Nueva York, que cayeron después sepultando a miles de personas. Un avión se estrelló en el Pentágono y otro, junto al aeropuerto de Pittsburgh después de la rebelión de su tripulación y pasajeros. En torno a 3.000 personas murieron. Aquellos ataques, de los que este sábado se han cumplido 20 años, significaron un cambio de paradigma y alumbraron dos guerras interminables: la de Afganistán y la de Irak, en un choque de civilizaciones que aún no ha concluido (recuerden Siria, Afganistán de nuevo y el Estado Islámico). Y sus ondas expansivas tuvieron un efecto inmediato en todos los rincones del mundo.

En Málaga, el 11 de septiembre de 2001 fue un día de calor: la mañana estuvo preñada de noticias: el delegado de Obras Públicas, Enrique Salvo, afirmaba que la Junta rechazaría nuevos proyectos de puertos deportivos y el concejal Manuel Ramos consideraba que esa medida boicoteaba el «plan Bahía» de la capital. Hace 20 años y la Junta socialista y el Ayuntamiento del PP escenificaban así otro de sus eternos desencuentros. Seis grandes empresas, puede leerse en la portada de La Opinión de Málaga dedicada a la provincia (la principal fue, claro, para el 11-S), pujaban por el octavo tramo del AVE para hacer la vía entre Puente Genil y Santaella; en el juicio contra Dolores Vázquez, acusada entonces del asesinato de la joven mijeña de 19 años Rocío Wanninkhof y luego exculpada, un testigo asegura que vio la sombra de una persona en el lugar del crimen; en Benalmádena, un concejal que atropelló a dos jóvenes negociaba con IU su dimisión y en Torremolinos la policía buscaba al portero de un pub que mató a un cliente de una paliza.

Portada de La Opinión de Málaga del miércoles, 12 de septiembre de 2001.

El jueves 12 de septiembre, la mayoría de los rotativos extranjeros, desde NY Times a Le Figaro, se agotaron en todos los quioscos de la ciudad. La sobremesa del 11 de septiembre fue la de una urbe pegada a la televisión. El añorado exconcejal malagueño Antonio Garrido Moraga era entonces director del Instituto Cervantes de Nueva York. Se declaró asombrado por «la serenidad y el civismo de los neoyorquinos». «La visión de Manhattan hecha cenizas y de las desplomadas Torres Gemelas fue increíble. Estuvimos en ellas hace unos días y ahora no existen. Parecía que al Imperio no le podía pasar esto». Aseguraba el recordado Garrido Moraga que «la gente rodeaba los coches que tenían encendidas las radios que transmitían las noticias. Impresionaba ver cómo, al no funcionar los transportes públicos, miles y miles de personas caminaban por la isla neoyorquina o se subían a los camiones de reparto que pasaban por las calles, como si aquello fuese La Habana». Garrido estaba en el metro cuando se produjo la explosión. Iba a su puesto de trabajo, en el corazón de Manhattan. Se produjo un desalojo masivo «de forma ejemplar». Muchas mujeres se quitaban los zapatos de tacón y compraban chanclas, con el fin de poder andar más cómodas y correr, relató.

La doble página del ataque del 12 de septiembre de La Opinión

En Málaga había comentarios similares a los que se podían producir en el resto del mundo: ¿era aquello el inicio de la Tercera Guerra Mundial? Luis Bonel, que era edil en Benalmádena entonces y que había vivido 27 años en Nueva York, avisó por teléfono a un amigo de Manhattan el 11-S. Sus conocidos le habían relatado cómo se agotaban las existencias de comida en las tiendas de comestibles. «Son muy orgullosos y se levantarán rápido». Darren Phillip, jugador del Unicaja, aseguraba que su madre trabajaba en el piso 35 del World Trade Center. «Está bien, pero necesito tiempo para asimilar todo lo que ha pasado». Dos turistas malagueñas, que debían volver a España vía Nueva York, no pudieron coger allí su avión. «Me despertaron y creí que algo malo pasaba en Málaga. Luego vi la tele y parecía todo una película norteamericana», dice una de ella. Fonsi Acevedo, una malagueña que trabajaba en Nueva York, explicaba el jueves 13 de septiembre que no había podido encontrar a su mejor amiga, su compañera de piso: «La gente no hablaba, sólo lloraba».

Infografía publicada por este diario el 12 de septiembre de 2001

La primera reacción de muchos malagueños fue cancelar sus viajes y vacaciones en EEUU. Las pérdidas por las cancelaciones llegaron a 200 millones en sólo unos días. El subdelegado del Gobierno, Carlos Rubio, alertaba 48 horas después de los ataques que se intensificarían las inspecciones en el Puerto y el Aeropuerto, redoblando el control de equipajes y bodegas. El Vicencosulado de EEUU, en Fuengirola, estaba vigilado. La policía hizo rondas de seguridad por mezquitas y sinagogas. El sector turístico local decía sentir incertidumbre y todos esperaban, desde Miguel Sánchez, presidente de Aehcos, a Ana Gómez, gerente del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, que la crisis no afectase a los visitantes a la Costa del Sol. Pese a todo, los mercados británico y alemán mantuvieron sus reservas en Málaga. Dos cruceros repletos de turistas norteamericanos llegaron el 13 de septiembre al Puerto de la ciudad. Se enteraron de la tragedia por televisión. Se les recomendó no hablar con los lugareños, por seguridad. El colectivo islámico de la provincia condenó los atentados. 

Redacción

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, dice de aquellos días: «Me enteré de los atentados en el Ayuntamiento, en el despacho, mientras estaba trabajando, antes de almorzar. Aceleré todo lo que pude para llegar a casa antes de que acabase el telediario y estuve delante de la televisión un montón de tiempo, cosa poco habitual en mí. Varios canales hicieron especiales en directo y las imágenes eran impactantes, durísimas, desde el segundo impacto hasta el propio derrumbe de dos edificios tan simbólicos como las Torres Gemelas de Manhattan. Desde la perspectiva de los medios, aquello me pareció un punto de inflexión, lo nunca visto hasta entonces en la cobertura de un acontecimiento, la Historia en directo. Lo ocurrido hace ahora 20 años cambió el mundo en lo relativo a la seguridad y a la defensa, y entró directamente en los libros de Historia».

Javier González de Lara, presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía, indica: «Qué duda cabe que los sucesos del 11 de septiembre han influido en nuestra vida más de lo que podíamos prever inmediatamente después de los atentados: la seguridad a escala global se reforzó hasta niveles nunca vistos y la cooperación entre países, fue más estrecha y fluida que nunca, en aras de proteger a la población mundial de una amenaza común y palpable: el terrorismo internacional ». Pablo Atencia, presidente de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, señala: «Recuerdo que me enteré de los atentados escuchando las noticias de la radio mientras iba a almorzar a casa, contaron inicialmente el impacto de una avioneta con una de las Torres Gemelas.

Cuando llegué a casa, vi en directo las imágenes de televisión en la que Matías Prats retransmitía cómo se estrellaba un avión mientras tenía en mis brazos a mi hija Ana, recién nacida, y tuve la percepción de que estaban atacando Occidente, liderado por EEUU y que iba a tener graves consecuencias con reacción inmediata». La vicepresidenta Ejecutiva de la CEM, Natalia Sánchez, indica: «Estaba viendo las noticias. Pensé que un grave conflicto marcaría el futuro de la humanidad, el guardián de nuestro mundo había sido atacado en su corazón. Desde entonces, muchas cosas han cambiado en el orden mundial, muchas vidas se han perdido como consecuencia de ese atentado y nuestra cotidianidad también se ha visto afectada en pro de una mayor seguridad».

Málaga contuvo el aliento durante el mediodía del 11 de septiembre de 2001. Aunque los aviones secuestrados por los terroristas islámicos se estrellaron en las Torres Gemelas de Nueva York a primera hora de la mañana, en la capital de la Costa del Sol eran poco antes de las tres de la tarde cuando las pantallas de cafeterías, restaurantes y de los hogares familiares comenzaron a escupir las imágenes de la tragedia.

Toda la ciudad, como ocurrió en la Tierra al completo, vivió aquellas horas de zozobra y miedo pensando que estábamos ante el inicio de la Tercera Guerra Mundial. Ese era el comentario principal que había en todas las casas a aquella hora. Y, si alguno tenía algún familiar viviendo fuera, la preocupación se multiplicaba, claro, porque pocos sabían bien cuáles podía ser las consecuencias de aquello. En los días posteriores, se supo que 18 terroristas secuestraron los aviones y los dirigieron hacia los objetivos marcados por Bin Laden, que se escondía, entonces, en Afganistán.

La negativa del régimen talibán a entregarlo determinó que Estados Unidos lo invadiera. Otra consecuencia fue la Guerra de Irak.