El paisaje después de la batalla es el que es. Miles de muertos por la pandemia, decenas de miles de personas infectadas por el dichoso coronavirus, una economía que no cae en picado porque está mantenida por inyecciones masivas de liquidez y ahora, cuando comienza a menguar la quinta ola y las vacunas avanzan hacia el triunfo inexorable, vuelve la vida que se ocultó hace ya más de un año. Málaga vuelve a tener pulso, aunque siempre hay que andar poniéndole el termómetro, no vaya a ser que se nos resfríe. Y con la bonanza, el turismo vuelve a aflorar y ya pueden verse decenas no, cientos de turistas paseando por las calles del Centro Histórico inmortalizando algunas estampas que, seguirán estando con nosotros, si la piqueta no se encarga de echarlas abajo por mor de la especulación. Ya han vuelto los cruceros al Puerto. De aquí a final de año vendrán 50. Ahora llegan con el aforo muy limitado, dijo el otro día en rueda de prensa el presidente de la Autoridad Portuaria, Carlos Rubio, en la presentación del II Congreso Internacional de Turismo de Cruceros, que Suncruise Andalucía ha organizado aquí en Málaga los días 21 y 22 de octubre. El caso es que el año que viene vendrán en torno a 250 buques y en 2023 podrían alcanzarse los números anteriores al crack del Covid-19. El impacto anual de este tipo de turismo está en torno a los 40 millones de euros en la capital de la Costa del Sol. El tema es el siguiente: ¿podría dejar más dinero? ¿Qué hay que hacer para que el crucerista que venga tenga mayor poder adquisitivo? ¿Cómo gestionar que no haya saturación en el destino, evitando días de hasta siete cruceros con 10.000 u 11.000 cruceristas en la capital, como ya ocurrió en la etapa prepandémica? (ello genera un gran impacto en la ciudad). La sostenibilidad tiene que entrar, de una vez, en la agenda institucional. Hay fórmulas. A ver si se aplican ya.

Esta semana también hemos sabido que el Obispado de Málaga permite la vuelta progresiva de las procesiones. Quiere el señor obispo de la diócesis, Jesús Catalá, pocos hombres de trono, los mínimos imprescindibles, vacunados y desfiles con recorridos cortos. El culto público es una de las más arraigadas expresiones de la fe popular en la ciudad y su vuelta, se sea creyente o no, es una gran noticia. Siguen cayendo los números de contagio y, más allá de propuestas esperpénticas como que los tronos lleven ruedas o nuestros Cristos y Vírgenes vayan un Lunes Santo en andas, hoy mismo ha habido (si no ha llovido, claro) traslados de imágenes a la Catedral, se prevé una magna el 30 de octubre por el centenario de la Agrupación y la Semana Santa está más cerca de lo que parece: primero van las luces de la calle Larios (y parece, si nadie lo remedia, que también en La Concepción), y luego vendrán el Carnaval (que sigue insistiendo en que su fecha es, sí o sí, febrero) y la Semana Mayor. Sé que mi postura es polémica: pero si no se sale como siempre, mejor que no se salga, aunque es posible que para la primavera las cosas pinten algo mejor (dar una opinión no es agredir a nadie, no se me revolucionen, es sólo una opinión más). Entiendo que las cofradías están ávidas de dinero para mantener el patrimonio y su enorme esfuerzo de caridad. Pero la tradición manda que la vuelta a la calle se haga conforme a los cánones estéticos y fervorosos de siempre. Vuelven los nazarenos.

Me dice José del Río, concejal de Movilidad, que están acabando el plan director de la bicicleta de la ciudad, donde se han dibujado dieciséis itinerarios que habrán de sustituir a los prescindibles carriles ciclables. Ojalá. Pero para eso debe llegar el maná europeo. ¿Y llegará? Esperemos que sí. Dice que van a empezar ya mismo las obras de dos carriles bici (Cervantes y laguna de la Barrera) y otros dos, casi casi. Y asegura que en seis puntos de carriles bici de la ciudad se han medido en torno a 5.000 desplazamientos algunos días. Asegura que esa cifra es muy positiva y va en aumento el uso de la bicicleta. Todo lo que sea ir olvidándonos de esos carriles ciclables será una buena idea. Fue una solución a corto plazo a un problema que siempre ha tenido la ciudad. Pero no es la solución definitiva, para nada. El camino futuro es el carril bici segregado. Así ganamos todos, aunque comprendo que, a corto plazo, el asunto es complejo. Hay buena predisposición en Del Río y su equipo.

Por otro lado, ya se han adjudicado dos pastillas de suelo a sendas universidades privadas: la Alfonso X El Sabio y la Europea de Madrid. Algunas de las que se han quedado fuera podría optar por comprar un terreno privado para desembarcar en la ciudad. Ya hemos hablado en este periódico del auge que está experimentando el nicho de la educación privada en la ciudad: han abierto varias residencias de estudiantes, centros de FP públicos y privados y negocios de este estilo. ¿Eso es positivo? No lo sé. Yo lo que quiero es una UMA cada vez más competitiva.

Un apunte: estos días una médica me ha preguntado si no íbamos a hablar del desastre de la atención primaria en Andalucía desde el inicio de la pandemia. Le respondí que los sindicatos sanitarios, un día sí y otro también, lo denuncian en los medios, pero nadie les escucha. Dejémoslo escrito una vez más, a ver si a alguien se le cae la cara de vergüenza al respecto.