«Si te dan un balonazo y llega a lo alto de la casa, a las 12.30 de la noche cuando ha terminado el partido, vienen y por narices tienes que echarles el balón», explica Manuel López, vecino de la calle Dolores Casini.

En esta pequeña vía vive una docena de familias con el campo municipal de fútbol Ciudad Jardín-Julián Torralba a unos dos metros de sus viviendas. Con el paso de los años y el auge de los partidos de fútbol, la convivencia se ha convertido en un incordio para los vecinos, en su mayoría mayores de 65 años, que denuncian ruido constante y balonazos, entre otras molestias.

«Mi hija está impedida, con más del 70 por ciento de discapacidad y donde ella duerme está todo el día escuchando los balonazos, las voces, las palabrotas... Yo no quiero perjudicar a nadie pero parece que mi niña tiene a todos los jugadores en su habitación», lamenta Dolores Roura.

A su lado está Miguel Rodríguez, que recuerda que otra fuente de molestia es la contaminación lumínica: «Son unos focos muy fuertes», dice, y resalta que por la noche, en muchos casos, apuntan al dormitorio y no les permiten dormir con tranquilidad.

«El horario del campo, los fines de semana, es de 4 de la tarde a 10 de la noche y de lunes a viernes, de 9 de la mañana a 12 de la noche sin parar», comenta Manuel López.

Los vecinos consideran excesivo este horario y piden al Ayuntamiento que durante toda la semana los partidos acaben a las 10 de la noche.

«Y no estamos en contra del deporte, que no nos confundan», precisa Miguel, otro vecino, que muestra una foto de 1968 en la que algunos de los que hoy hablan con La Opinión formaban parte del equipo de fútbol del Real Ciudad Jardín.

Algunos de los vecinos afectados por el campo de fútbol, en la calle Dolores Casini, ayer. | A.V.

Riego del campo y de las casas

Miguel Rodríguez aprovecha para destacar otro problema de la vecindad de la instalación deportiva: el riego del campo. «El problema es que en cuanto el ‘periquito’ empieza a soltar agua, si hay una ligera brisa entra dentro de las casas».

A este respecto, Manuel López muestra su vivienda a este diario y explica cómo los vecinos tienen que tener cerradas las ventanas todo el día.

«Con un poco de aire esto es una ola de agua cuatro y cinco veces todos los días que te baña la ropa», critica su hijo Juan Manuel, otro de los perjudicados. A este respecto, su padre recuerda que «intentaron taparnos la claridad poniéndonos chapas para que no nos entrara el agua, pero si las pones nos dejas enterrados aquí».

Los dos familiares muestran, en la terraza de su casa, un par de balones que han caído en la vivienda hace poco. «Hay redes pero si el balón se las salta es que va fuerte», destaca el hijo.

Manuel López comenta que está dispuesto a instalarse en una tienda de campaña como protesta y a colgar sábanas denunciando un ruido que, pone de ejemplo su hijo Juan Manuel, ahora que por protocolo Covid se han cerrado los vestuarios puede suponer concentrar a medio centenar de niños a un palmo de sus viviendas. Por este motivo, piden al Ayuntamiento alguna medida para que mejore su calidad de vida.

Fuentes del área de Deporte informaron ayer de que no tienen el registro de ninguna queja de los vecinos sobre este asunto, pero se comprometieron a atenderlos para buscar una solución.