Esta noticia invita a imaginarse a Sara Montiel recobrando la sonrisa en el collage que allí protagoniza. O a Raphael calentando la voz para abrazar su 'gran noche' a un mítico tocadiscos que ha soportado, sin sucumbir al pesimismo, los estragos del mismísimo coronavirus. El Pimpi Florida vuelve con su copla el 3 de noviembre. Y con esto estaría todo dicho para las numerosas personas -llegadas del propio barrio de El Palo, otros puntos de Málaga e incluso de otros lugares de España o de un país exótico- que hacen de cada una de sus noches entre canciones, vino y manjares ebrios de salitre una pieza única.   

Tras más de un año y medio en el que han sentido especialmente las dificultades de la pandemia, los responsables del negocio han anunciado la reapertura en las redes sociales con la cercanía que les caracteriza: "Volvemos con la misma alegría con la que comenzaron hace 69 años nuestros familiares (...) Muchas gracias por las continuas muestras de cariño recibidas durante este tiempo".

Con un horario de atención al público fijado de miércoles a domingo entre las 20.30 y las 02.00 horas, el acceso al local durante las dos primeras semanas solo será posible mediante un sistema de reserva telefónica previa. Ahora bien, a partir del 17 de noviembre ya no será necesario y el procedimiento cambiará para acercarse al existente antes de la crisis sanitaria: "A partir del 17 de noviembre volveremos a atender a nuestro querido público por orden de llegada hasta completar el aforo disponible", confirmaron a La Opinión de Málaga los artífices del incombustible establecimiento.

Desde ese día, cobrará aún más sentido el entrañable cartel que ha aguardado con estoicismo en el humilde pórtico acristalado de su entrada esta 'resurrección' del Pimpi Florida: "El último que cierre la puerta, gracias".

Ahora que ya se le ha puesto fecha al ansiado retorno, la ilusión se ha apoderado de esa familia López Santos que tanto echa de menos al inmortal alma máter Jesús (fallecido en 2014, justo después del puente de diciembre). 

Al fin, la penumbra luminosa que con la caída de la tarde enciende este templo de la copla y el marisco en un rincón de las Cuatro Esquinas paleñas volverá a ser una feliz realidad. Quedan atrás 20 meses de obligada y prudente parada biológica en los que, como acostumbra a decirle a su sobrino Pablo la 'jefa' Rosa María López Santos, "hemos estado callados porque estábamos más tristes que una chica de queso".