Es el primer otoño prácticamente sin restricciones desde que se desató la Covid-19, una nueva etapa de la vida pandémica que ya empieza a tener consecuencias. La más evidente es el regreso de los resfriados que, junto a la gripe, tuvieron una incidencia mínima la temporada pasada.

Las mascarillas, el lavado de mano, la distancia social, los límites a la movilidad... todo ello contribuyó a que no se registrara ni un solo caso de gripe en Málaga y los catarros comunes fueran una cosa testimonial. Ahora todas esas normas higiénico-sanitarias se han relajado, dando paso, de nuevo, a los cuadros gripales.

El efecto más inmediato se está notando ya en las farmacias, que han registrado un notable incremento de los medicamentos antigripales orientados a paliar los síntomas más típicos, como la congestión nasal, el lagrimeo, la tos, los estornudos, el malestar muscular o el dolor de cabeza.

«Parece que los procesos de tipo respiratorio han aumentado en estos últimos días que ha habido bajada de temperatura y llevamos un mes viendo que está habiendo cierto consumo de antigripales, no a los niveles de antes de la pandemia pero parece que algo empieza a haber», confirma el secretario del Colegio de Farmacéuticos de Málaga, Diego Rodríguez.

Según la estimación de la cooperativa farmacéutica Cofares, este tipo de medicamentos han aumentado un 63% en Andalucía, por encima de la media nacional, que se sitúa en el 51%, un dato que extrae comparando las ventas en farmacia del período del 1 al 20 de octubre de este año con el del año pasado.

Rodríguez aclara que la pandemia cambió los patrones de consumo de este tipo de medicamentos, un hecho que se sigue manteniendo actualmente aunque en menor medida. La similitud de los síntomas de un catarro con el contagio de Covid-19 movió a la población a acudir directamente al médico antes que buscar un remedio en la farmacia, como es habitual.

«La manera de actuar de la persona no era ir a la farmacia porque tenía un catarro sino que directamente se le daba de baja por el médico y, en muchas ocasiones, se le hacía una prueba de Covid. Hasta que no se le confirmara, al paciente lo único que se le mandaba era Paracetamol», rememora el secretario del Colegio de Farmacéuticos.

Además, el año pasado había un «miedo» al virus que ya no se detecta tanto en la clientela, dice Diego Rodríguez, y eso se percibe en la venta de test de antígenos, que han reducido sus ventas desde que se aprobó su distribución en farmacias.

«Hace un mes sí era más común [la compra de test de antígenos] pero ya no. En mi farmacia estamos viendo que las personas ya han dejado de tener miedo al Covid porque la mayoría ya están vacunadas», apunta el farmacéutico.» Algunos sí se hacen tests pero la mayoría no, piensan que es un catarro o cualquier otro proceso respiratorio que no tenga que ver con el Covid y adquiere directamente el antigripal».

Vacuna de la gripe

La población que no esté incluida en la campaña de vacunación contra la gripe -debido a que no pertenezca a ninguno de los grupos prioritarios- de la Junta de Andalucía y el Ministerio de Sanidad tendrá la posibilidad de comprar la vacuna en las farmacias.

El año pasado, las farmacias encontraron dificultades para vender dosis contra la gripe debido a que las comunidades autónomas y Sanidad aumentaron la adquisición de estas vacunas y centralizaron su inoculación. Esto se debió a la importancia de proteger a la población frente a la gripe para evitar su coexistencia con el Sars-Cov-2.

Así, desde hace aproximadamente un mes, las farmacias ya están recibiendo las primeras unidades. «[Los clientes] preguntan si han llegado para que les reserve pero como la mayoría están siendo citados por el centro de salud, tampoco vemos una alarma o una demanda por encima de lo normal», destaca Diego Rodríguez.