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Las escuelas rurales, agentes activos contra la despoblación

Investigadores de la Universidad de Málaga crean un sistema para determinar si una escuela rural puede actuar como retenedora de población con unas condiciones externas adecuadas

El 71% de los municipios menores de 5.000 habitantes andaluces está perdiendo población desde el año 2000. | ÁLEX ZEA

Cuando la escuela se cierra, la aldea se muere. Esta frase se escucha hoy en muchos pueblos de la llamada España vaciada. Los profesionales de la educación en el ámbito rural saben que el colegio puede ser mucho más que cuatro paredes entre las que enseñar conocimientos. En lugar de sufrir las consecuencias del innegable fenómeno de la despoblación, la escuela puede empoderarse como un agente activo contra este grave problema social. De hecho, muchas ya lo están haciendo y el objetivo debe ser seguir por esa vía.

Partiendo de esa idea novedosa: la escuela como retenedora de población y no como sufridora, un grupo de investigación de la Universidad de Málaga está desarrollando un proyecto para demostrar cómo las escuelas rurales pueden contribuir a la lucha contra la despoblación.

Antonio Matas-Terrón, profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación y director de este proyecto, explica que el estudio del envejecimiento activo hace unos años les llevó a poner el foco en los municipios andaluces que estaban perdiendo población. El 54% del total desde el año 2000 y el 71% en el caso de los menores de 5.000 habitantes, según datos de la Junta de Andalucía incluidos en este proyecto para el que han registrado el nombre de ‘Escuela Vaciada’.

En las primeras fases se realizó un perfil del alumnado rural frente al de zonas urbanas y se recogieron las opiniones de cinco docentes expertas en el ámbito rural. Y a partir de esa información el grupo de investigación en Innovación y Desarrollo Educativo Inclusivo (IDEI) ha creado un modelo basado en ocho criterios que explica la relación entre la escuela rural y la retención de población.

Una herramienta a modo de cuestionario que ya está disponible en la página web del proyecto para que cualquier colegio o profesional lo rellene y compruebe si su centro cumple los criterios para conseguir que la población se mantenga estable.

¿Y cuáles son esas condiciones? En esta respuesta han sido claves las cinco profesoras que han colaborado con el proyecto: Charo Mazo, directora del CPR Ana Charpentier y coordinadora de la Red de Colegios Rurales de Córdoba; Yolanda Martín, del CEP Vélez-Málaga; Isabel Rodríguez, directora del CEP Cuevas-Olula (Almería); María Ángeles Gómez Gerdel, del CEIP Aldeaquemada (Jaén) y Ana Beatriz Cintas, maestra en Canillas de Aceituno y Rincón de la Victoria.

Estas cinco profesionales han destacado aspectos como la formación de los profesores de las escuelas rurales, que no puede ser igual que la del resto al tener estos alumnos un perfil bastante diferenciado de los de áreas urbanas.

Según los datos incluidos en el estudio y extraídos de una encuesta social de la Junta de Andalucía, el 20% de este alumnado no concluye la enseñanza obligatoria a los 18 años frente al 8% de estudiantes de las ciudades.

Y también hay diferencias en el acceso al mercado laboral. El 16,39% de los alumnos rurales combina estudios y trabajo a los 18 años en contraste con el 8,18% de las áreas urbanas.

Otra de las condiciones para que una escuela rural pueda retener población, según este estudio de la UMA, es que haya «líderes» entre el profesorado y una «identidad de centro». «Las docentes nos decían que cuando hay identidad de centro, el colegio es una máquina que se pone en marcha y puede conseguir objetivos, además de hacer que la plantilla no sea tan rotativa», explica el profesor Matas-Terrón.

El estudio ‘Escuela inclusiva como factor de arraigo en la España vaciada: una propuesta tras la Covid-19’, que se inició en 2020, destaca también el papel de las administraciones públicas como ayuntamientos, Junta de Andalucía y Gobierno central, y el de los agentes privados, es decir, las empresas. Ellos son los responsables de que en los pueblos exista un acceso real a la vivienda y servicios básicos como comercios.

«A priori, parece razonable pensar que si en una escuela rural determinada se cumplen estos criterios podría ser una escuela que trabajase para retener población», argumenta el director del estudio.

Contraste con la realidad

El siguiente paso será contrastar este modelo con datos reales, para lo que han solicitado una subvención a la Junta de Andalucía y van a pedir otra al Gobierno que les permita dedicar los próximos dos años a visitar escuelas rurales y entrevistarse con sus profesionales para demostrar si su herramienta funciona.

«Esto ya se está haciendo, lo que no está es demostrado que es lo que intentamos nosotros. Demostrar que haciendo estas cosas, la probabilidad de retener población aumenta sustancialmente por encima de lo que sería algo azaroso», subraya Antonio Matas-Terrón.

Cuando consigan la financiación necesaria, tienen por delante un largo camino aún. En Andalucía hay 1.123 centros formativos en zonas rurales, de los que 1.029 son centros públicos de Infantil, Primaria, Secundaria o Enseñanza Permanente y 173 están en la provincia de Málaga. No se pondrán en contacto con cada uno, pero sí con una importante muestra. Todos son susceptibles de contribuir a la lucha contra la despoblación aunque queda trabajo por hacer.

Mientras, este grupo de investigación quiere presentar el modelo que ha creado a ayuntamientos e instituciones, que son los responsables de que las infraestructuras que deben rodear a esas escuelas rurales no falten. Además, el estudio se expondrá próximamente en un congreso sobre Educación e Inclusión Educativa en Lisboa.

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