Hijo del escritor Juan Campos Reina, Gonzalo Campos Suárez (Palma de Mallorca, 1976) compagina su trabajo de médico en Málaga con la escritura. Dramaturgo consolidado y director de un sello editorial especializado en  textos teatrales, publica ahora su segunda compilación con doce relatos. 

‘Karaoke’ es su segundo libro de cuentos y en algunos de ellos se nota bastante su huella de dramaturgo, la pasión por el teatro.

Diría que este libro tiene ocho cuentos más narrativos, más prosísticos y más o menos líricos y luego esos cuentos que están más cerca del teatro sin ser teatro.

Tres de los más próximos al teatro los agrupa en ‘Tríptico del Medio Oeste’ (americano), protagonizado por dos cuñados como el agua y el aceite.

Se me ocurrió un primer cuento y luego pensé en una trilogía con los mismos personajes y me lo pasé muy bien. Los escribí durante la pandemia y tienen que recordar a Samuel Beckett porque se trata de réplica, contrarréplica, repeticiones... es teatro del absurdo llevado a la narrativa.

Lo que evidencia que le va el trasvase de géneros a la hora contar historias.

Creo que los dos géneros, el cuento y el teatro, en mi caso se permean y me gusta que sea así. El que haya leído mis obras de teatro y cuentos sabe que yo a veces desgajo párrafos y los utilizo como acotación en teatro o cojo un trozo de un diálogo y lo inserto en uno de mis cuentos. Me gusta jugar con eso, es una especie de mundo subterráneo en el cual se comunican mis personajes. En los cuentos dejo que fluya la cabeza sin encorsetar el discurso. Uno aprende a que cuando tienes una idea coja la forma en la que quiere ser expresada sin forzarla. Creo que todo tiene cabida en un libro de cuentos y a mí me gusta que sean muy eclécticos y que cada uno tenga su personalidad

El cuento que da título al libro, ‘Karaoke’, transcurre en Japón y en otros relatos también viaja con mucho detalle por países y siglos. 

"Me gusta crear personajes que no tienen nada que ver conmigo ni con la gente que me rodea y salirme de mi zona de confort"

En el libro hay influencia de mis viajes, soy muy viajero pero con respecto a ‘Karaoke’ he intentado ir a Japón dos veces, la primera ocurrió lo de Fukushima y la segunda, la pandemia. Lo que pasa es que me encanta la literatura japonesa, su filosofía y todo lo que tiene que ver con el Japón tradicional. La idea era viajar a Japón, tomar mis notas y escribir un cuento ambientado allí; tenía muchas ganas pero al final dije: por qué no soy capaz de escribirlo sin ir a Japón. Y es lo que es hecho. Para mí el desafío no es sólo que se me ocurra una historia sobre el vecino de al lado que puede contar cualquiera, a mí me gusta salirme de mi entorno y crear personajes que no tienen nada que ver conmigo ni con la gente que me rodea y salirme de mi zona de confort. A lo mejor ambientarlos en sitios en los que he estado pero en otra época, como un relato ambientado en Venecia en el siglo XVI. Eso me obliga a investigar y es una forma de viajar de otra manera.

Portada de la obra.

En casi todos estos cuentos hay, además de humor negro, muchísima fantasía. ¿Se siente a gusto entre los sueños?

Sí, Juan Gaitán me comenta que me gusta escribir un relato realista y de repente, insertar un elemento de fantasía -y no hablamos de orcos ni de dragones-. Me gusta mucho eso porque entonces el lector ya no sabe lo que puede esperar. Se genera una expectativa distinta y la lectura deja de ser ‘horizontal’. Una forma también de meter fantasía de manera velada es a través de lo onírico, de los sueños, algo que hago en un par de cuentos.

Algo imprescindible en los cuentos es un final lo más redondo posible. ¿Es de los que los planifica desde el inicio?

En la mayor parte de los casos la idea se va desarrollando conforme me siento a escribir, no sé qué final van a tener y se me ocurren sobre la marcha. A veces tengo el principio y el final y hay que rellenar (risas) y diría que es más complicado porque el tener cerrado un final te encorseta mucho. 

¿Cómo comenzó su formación como cuentista?

Me crié leyendo a Chéjov, a Maupassant y a Kafka, quizás el escritor que más influencia tiene en mí.