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Alimentación saludable

Aprender a leer etiquetas de alimentos, clave para eliminar el azúcar invisible

Ante el aumento de trastornos alimentarios, expertos inciden en la importancia de fomentar el conocimiento del consumidor sobre los productos que ingiere

El consumo diario de azúcar no debería superar los 25 gramos, según la recomendación de la OMS. L. O.

El consumo diario de azúcar en un adulto no debería superar los 25 gramos, según la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto equivale a una seis cucharadas de café, límite fácilmente superable hoy en día. Los ultraprocesados, los azúcares añadidos y aquellos productos alimentarios que contienen edulcorantes naturales hacen de esta una misión casi imposible. A todo ello, se suma el empeño de los fabricantes por intentar camuflar el azúcar bajo otros nombres, lo que contribuye a que muchas personas desconozcan los niveles de glucosa que están consumiendo. Aprender a leer correctamente las etiquetas de los alimentos es fundamental para detectar este azúcar invisible.

Glucosa o sacarosa son quizás los sinónimos más reconocibles. Otros, sin embargo, se esconden bajo términos como dextrosa o maltodextrina, y enmascaran fácilmente los productos azucarados en las etiquetas de ingredientes. Dado que todos los fabricantes están obligados a exponer el listado de todos los componentes de sus artículos, muchos emplean esta práctica para invisibilizar altos niveles de azúcar.

Esta peligrosa práctica contribuye a fomentar el desconocimiento de los consumidores, cada vez más interesados por conocer la cantidad de azúcares que ingieren. Y es que más allá de los dulces, existen muchos otros productos que se ofertan como saludables pero que comprenden elevadas cantidades de edulcorantes. «Es importante entender que, aunque la cantidad de azúcar puede parecer en pequeñas dosis en algunos alimentos, la suma de todos ellos a lo largo de un día convencional hace que se superen fácilmente los 25 gramos recomendados por la OMS», advierten los expertos de la plataforma Glucovibes.

Desde esta aplicación, que permite controlar los niveles de glucosa y cómo esta afecta a la salud metabólica, informan de que tan solo con el desayuno «ya es muy fácil superar la cantidad recomendada para todo el día si no se tiene especial atención». Por ejemplo, los cereales que algunas marcas promocionan como alternativas para mantener la línea, por ser bajos en grasa, contienen hasta 15 gramos de azúcar por cada 100 gramos de alimento (15g/100g).

Azúcar desconocido

Pero no es este el caso más alarmante. Existen otros productos que contienen un gran porcentaje de azúcar y que escapan con mayor facilidad al conocimiento del consumidor. Muchos de ellos, además, destinados a los más pequeños. La leche de crecimiento, los potitos de verduras o el yogurt natural infantil son algunos de ellos.

La leche de crecimiento es un preparado lácteo infantil, intermedio entre la leche de continuación y la leche de 12 meses. En algunas marcas, la cantidad de azúcar puede alcanzar hasta los 48,4g/100g, enmascarado bajo el nombre de maltodextrina. Como alternativa, Glucovibes señala que «para los bebés que no tomen leche materna recomendamos, antes de los 12 meses, las leches de fórmula de inicio y, después, la leche entera».

Lo mismo ocurre con los potitos de verduras indicados para bebés de más de cuatro meses. Una opción que puede parecer del todo saludable para comenzar con la alimentación complementaria, pero nada más lejos de la realidad. Estos pueden contener hasta 2,6g/100g de glucosa, también bajo el término de maltodextrina. Al igual que los yogures pensados para bebés de seis meses, algunos de ellos con casi 7g/100g de azúcar.

También las cremas de verduras o la crema de cacahuete son dos opciones aparentemente saludable que esconden elevados niveles de glucosa. Estas pueden contener desde 1,9g/100g hasta 9,9g/100g. Asimismo, desde esta plataforma informan de que «el tomate frito es uno de los alimentos que más azúcares contienen y menos en cuenta se tiene a la hora de hacer la compra». Algunas marcas llegan a contener hasta 7,4g/100g.

Las bebidas isotónicas, las galletitas saladas, el pan de molde blanco, los zumos de frutas con leche, los embutidos o la mayonesa son otros de los productos que esta plataforma añade a su lista de los alimentos que suelen confundirse fácilmente con una ingesta saludable.

Leer las etiquetas

Ante la proliferación de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) cada vez a edades más tempranas, plataformas como Glucovibes inciden en la importancia de aumentar el conocimiento de los consumidores sobre los alimentos que ingieren. Para ello es fundamental saber leer las etiquetas de ingredientes y reconocer cuándo están intentando enmascarar los azúcares bajo otros términos. Lo primero que debemos tener en cuenta, indican los expertos, es que los ingredientes se disponen de forma de decreciente. Los que se sitúan en primer lugar son los de mayor cantidad, por lo que cuánto más atrás esté el azúcar, mejor.

En esta línea, «mejor que la lista sea corta». Cuanto menos ingredientes contenga un alimento, menos procesado será el producto. Los aditivos, las grasas, calorías o la sal son otros de los factores a tener en cuenta a la hora de leer estas etiquetas.

A la lista de sinónimos del azúcar, además de glucosa, sacarosa, dextrosa o maltodextrina, se suman otros como jarabe de maíz, fructosa, maltosa, miel de caña o zumos de frutas. Cualquiera de estos términos significa que el producto lleva azúcar añadido y deberemos prestar atención a las cantidades. «Si consta que aporta 15g/100g o más es un producto alto en azúcar».

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