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Fundalogy: invertir en startups para que la innovación tenga impacto social

La sociedad de la Fundación Unicaja apoya proyectos disruptivos de toda Andalucía y de la provincia de Ciudad Real en sus primeras etapas y combina financiación con asesoramiento profesional para ayudarlas a crecer

El equipo de Fundalogy posa en la sede de Fundación Unicaja.

El equipo de Fundalogy posa en la sede de Fundación Unicaja. / ALEX ZEA

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Julián Nieto

Julián Nieto

Una idea, a veces magnífica y genial, de un emprendedor o grupo de emprendedores, no siempre se plasma o llega a ser realidad. El camino es arduo, la financiación y los recursos escasos, y muchas veces para hacerla tangible se hace indispensable el apoyo de entidades privadas o grupos de inversores. En ese momento es cuando aparece en escena Fundalogy, la sociedad de Fundación Unicaja que invierte en startups de Andalucía y Ciudad Real con proyectos innovadores capaces de generar impacto social.

Constituida el 14 de diciembre de 2018 y con sede en Málaga, Fundalogy traslada al emprendimiento los fines sociales de su entidad fundadora. Su trabajo consiste en seleccionar empresas, entrar en su capital y acompañarlas durante su desarrollo. Según explica Manuel Aragón Rodríguez, director del departamento de Planificación Financiera y Participados de Fundación Unicaja. Hasta el momento, el balance ha alcanzado ya los 31 proyectos apoyados y los 7,6 millones de euros de inversión realizada.

La condición que distingue su actividad es el destino de la innovación. Los proyectos que se respaldan deben cumplir con una condición: deben contribuir a mejorar ámbitos como la acción social, la salud y el bienestar, la sostenibilidad y el medioambiente, la educación, la difusión cultural o el deporte. «Fundalogy no puede invertir en proyectos que no tengan bases tecnológicas, porque entendemos que la tecnología a día de hoy te da muchísimo crecimiento y mucha escalabilidad. Cuando hablamos de impacto social no nos estamos refiriendo a generación de empleo, hablamos de muchas más cosas», precisa Aragón.

Además, debe poder medirse. Fundalogy solicita indicadores como, por ejemplo, pacientes atendidos, personas beneficiarias, horas de formación impartidas o emisiones de dióxido de carbono reducidas. La evaluación incorpora así una pregunta que acompaña al análisis económico: qué mejora aporta el proyecto a la sociedad. La viabilidad empresarial resulta necesaria para sostener esa contribución y ampliarla conforme crezca la compañía.

Fundalogy pone el foco en las fases tempranas, en los primeros pasos de la startup conocidas como presemilla o semilla, aunque existen requisitos previos: la sociedad mercantil debe estar constituida y disponer de un producto mínimo viable. Es decir, haber superado la fase de idea y contar con un desarrollo que permita empezar a comprobar su utilidad. También se valoran la innovación, la capacidad de crecimiento y la dedicación completa del equipo promotor o de una parte relevante de él. «No lo fiamos todo al carácter tecnológico. Un proyecto puede tener una tecnología muy buena, pero si el emprendedor no tiene esa resiliencia y esa capacidad, al final el proyecto se puede caer», destaca el representante de Fundalogy.

Cómo presentar un proyecto a Fundalogy

La puerta de entrada a la mentorización a un posible apoyo de Fundalogy permanece siempre abierta en su web, mediante el apartado «Presenta tu proyecto». Allí se solicita información sobre la empresa. Además, también se puede entrar en contacto a través de encuentros de emprendimiento, de otros inversores o por recomendaciones entre los mismos emprendedores. Además, Fundalogy siempre está presente en eventos para conocer iniciativas y mantener relaciones con quienes intervienen en su ámbito de actuación.

Después comienza el estudio técnico y financiero. El equipo de Fundalogy revisa la documentación, analiza la tecnología, contrasta las perspectivas económicas y se reúne con los promotores. El comité técnico de inversiones examina los proyectos y eleva una propuesta al consejo de administración, que decide. Si se aprueba la operación, se formaliza un pacto de socios. La documentación de la entidad fija un objetivo orientativo de unos dos meses para completar el proceso, condicionado por la información disponible y otras circunstancias.

Las cifras y el producto son parte del análisis, pero también lo son las personas. «La base de proyectos tan jóvenes es entender a la persona, conocerla», explica Aragón. Por eso, las reuniones pueden repetirse tantas veces como resulte necesario. Se estudian la experiencia, los perfiles y la implicación del equipo, junto con su capacidad para afrontar los cambios y las dificultades que acompañan al lanzamiento de una startup.

Tener un proyecto de calidad importa, pero también la capacidad de quien debe convertir esa calidad en negocio. La resistencia ante los contratiempos y la disposición para adaptar el proyecto adquieren especial relevancia cuando todavía queda mucho por validar en el mercado.

Fundalogy entra directamente en el capital de las startups. Su participación depende de las necesidades de cada operación, aunque generalmente no supera el 20%. Tampoco existe una aportación única: los importes medios se sitúan entre 100.000 y 150.000 euros, según la naturaleza y las métricas del proyecto. En todos los casos se estudia la posibilidad de coinvertir con otros socios. La rentabilidad forma parte del análisis, aunque no sea el factor determinante.

El acompañamiento continúa después del desembolso. Su intensidad depende de la estructura de gobierno de cada compañía: puede consistir en reuniones de seguimiento y asesoramiento, incluir un observador en el consejo, con voz pero sin voto, o implicar la presencia como consejero. En este último supuesto, Fundalogy participa en decisiones estratégicas, financieras, de producto o tecnología. «Al final esto termina siendo una familia», resume Aragón sobre la cercanía que puede alcanzar esa relación.

Desde Málaga, Aragón observa un entorno con capacidad tecnológica e iniciativas emprendedoras: «Por falta de ideas no es». Considera necesario reforzar la coordinación entre los diferentes agentes (empresas privadas y públicas, la Universidad, administraciones, etc) y advierte de un cambio en las exigencias de inversión: «Lo que se está haciendo es pedir ya métricas y resultados antes de invertir». El reto consiste en mantener el apoyo durante las distintas etapas, mediante financiación, mentoría y asesoramiento.

Fundalogy ha ampliado su mirada hacia proyectos más desarrollados, aunque conserva su orientación inicial. «Nuestra filosofía es entrar en proyectos muy tempranos», señala Aragón. También empieza a plantearse salidas de algunas inversiones, las llamadas desinversiones, sin un plazo prefijado y adaptadas a cada empresa. El propósito es que las compañías continúen su recorrido y que los recursos obtenidos permitan respaldar nuevas iniciativas. Así, el crecimiento empresarial puede alimentar otra ronda de proyectos con utilidad social.

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