La crisis del coronavirus ha supuesto un duro golpe para una sociedad que no sabía a lo que se enfrentaba, pero también ha tenido efectos colaterales sobre aquellas otras víctimas sin voz, los animales. Las protectoras denuncian un incremento del número de mascotas que han sido abandonadas tras el confinamiento. Esta crisis sanitaria ha empeorado, además, la situación de estas organizaciones, que denuncian la falta de recursos y de ayudas para hacer frente a una situación que está al límite del colapso.

Este es el caso de la protectora de animales de Antequera ‘Patitas Andaluzas’. Esta organización fue fundada en 2014 y, desde entonces, ha empleado todos su recursos en la lucha contra el maltrato y el abandono animal.

Una de las particularidades de esta organización es que no cuentan con un refugio propio, lo que aumenta la valía de su labor, ya que gran parte de los animales que difunden a través de redes sociales son salvados gracias a las casas de acogidas y de los voluntarios, de ahí que sean considerados «el eslabón más importante».

«Nosotros no solo brindamos asistencia veterinaria, alimentación y cuidados, trabajamos para que se rehabiliten y puedan nuevamente ser adoptados. Nuestra asociación no tiene refugio, ni tampoco queremos tenerlo. No hacen falta más refugios, sino mejorar los que ya existen y trabajan de forma responsable», afirma Daniela Araya, secretaria de la organización.

Sin embargo , actualmente la protectora se encuentra en una «situación límite» por falta de ayuda y recursos.

«Desde 2020 estamos en una situación muy complicada, no solo porque las adopciones están paralizadas, sino porque tampoco se pueden hacer visitas pre-adopción y los recursos han disminuido».

Otro de los problemas a los que se han enfrentado las protectoras de animales es la falta de voluntarios por la situación sanitaria, debido a la dificultad para desplazarse durante los confinamientos perimetrales o el miedo al contagio.

«No tenemos casi voluntarios para los rescates. La pandemia ha hecho estragos sobre la asociación ya que muchos de nosotros teníamos familia de riesgo y no queríamos exponernos, además, también había voluntarios que se encontraban en otras ciudades o provincias por trabajo y no se podían desplazar. Fue muy complicado y aún se notan las consecuencias».

A todo ello se han sumado los problemas económicos a los que tienen que hacer frente, ya que, tal y como explican, muchos socios han dado de baja sus cuotas.

«Muchos socios, motivados por la crisis, se han dado de baja. Además, se han cancelado muchos de los actos que hacíamos para recaudar fondos, como la gala benéfica y un evento de baile que no se ha podido hacer, ni se hará este año. Actualmente solo obtenemos ingresos de la cuota de los socios, del grupo de teaming de 1 euro al mes, del calendario solidario que hacemos todos los años, y de las ventas y sorteos por las redes sociales».

La asociación denuncia, además, la falta de ayuda por parte de las administraciones, que hacen «oídos sordos» a un problema que parece no tener fin.

«Pese a que ahora hay más concienciación sobre el maltrato, aún queda mucho por hacer. En nuestro caso, venimos dialogando desde hace varios años con nuestro ayuntamiento, sin éxito, para que se nos destine un presupuesto para el control de gatos callejeros. Si tuviéramos una partida presupuestaria, podríamos poner puntos de comida y un espacio como unidad de recuperación. Es cosa de todos luchar con fuerza contra el abandono».